¿Estamos ante un punto de inflexión en Europa?

El fondo propuesto por Merkel y Macron puede cambiar las reglas de juego y es un paso hacia la debatida solidaridad europea

¿Estamos ante un punto de inflexión en Europa?

La arquitectura de la UE puede haber vivido esta misma semana otro momento de los que cambian el futuro. El presidente francés, Emmanuel Macron, y la canciller alemana, Angela Merkel, presentaron un plan conjunto para impulsar la recuperación de la Unión Europea después de la pandemia. La idea es ofrecer a los países más afectados por el Covid-19 subvenciones para financiar gastos relacionados con la crisis. Se propuso un fondo de rescate que se incluiría en el marco financiero plurianual 2021-2027 y sería financiado por la Comisión Europea en nombre de la UE, lo que podría marcar un punto de inflexión en el modelo económico y fiscal actual.

El fondo ascendería a 500.000 millones de euros y se dirigiría específicamente a los países y sectores afectados más gravemente por la pandemia. Serían subvenciones, es decir, gastos directos incluidos en el presupuesto plurianual. Una especie de presupuesto extraordinario para ayudar a los países en dificultades. Estos gastos deberán mantenerse en línea con las prioridades europeas, como el aumento de las inversiones en transiciones digitales y verdes. Dichas asignaciones presupuestarias adicionales serían financiadas por la Comisión Europea, quedando esta autorizada a emitir bonos para endeudarse en los mercados financieros en nombre de la UE. La forma de reembolso del préstamo no se ha discutido aún. Podría ser en forma de una contribución nacional más alta dependiendo de la asignación en el presupuesto de la UE o mediante recursos directos, como un nuevo impuesto digital o un impuesto al carbono.

Esta propuesta francoalemana ya ha recibido el apoyo de la presidenta de la Comisión Europea y de la presidenta del BCE. Servirá de base a la Comisión Europea, que debe presentar su propia propuesta de fondo de estímulo el 27 de mayo. Le seguirán amplios debates e intensas discusiones en el seno de la UE (en el marco del Eurogrupo) antes del veredicto del Consejo Europeo de los días 18 y 19 de junio y, por supuesto, la adopción por parte de los Parlamentos nacionales.

La Comisión Europea, sin embargo, recordó que Francia y Alemania no estaban solos y que todos los Estados miembros tenían que ser tenidos en cuenta. Austria, Dinamarca, Países Bajos y Suecia tienen la misma posición: sí para ayudar a los países más afectados por la crisis actual, pero a través de préstamos y no por subvenciones. Los países pequeños del Este tampoco son muy favorables a una mutualización de deuda, por lo que quedan jornadas de intensas negociaciones.

El debate sigue centrándose en la condicionalidad, siendo esa la diferencia fundamental entre el préstamo y la subvención. La propuesta francoalemana, como mínimo, ha planteado una solución que podría ser vendida al electorado de la mayoría de los países miembros. De todas formas, el hecho de que el fondo de rescate pudiera ser recibido en forma de subvención sin condicionalidad alguna nos parece algo inocente.

Una vez más, el debate tiene un componente casi de pura semántica, pero en cualquier caso es un paso firme hacia la unidad fiscal, acudiendo diferentes países a buscar financiación en los mercados públicos a través de una emisión de bonos desde una entidad común: la Comisión.

En este debate semántico, si eso no es una mutualización de la de deuda entre los diferentes Estados miembros, es algo tremendamente parecido. Aunque siga sin ser políticamente correcto hablar en estos términos, especialmente por el norte de Europa. No caigamos en la inocencia de pensar que la condicionalidad pueda ser cero. Los fondos de rescate, sin duda alguna requerirán un tipo de políticas económicas determinadas, que podrán ser más o menos restrictivas, pero en ningún caso permitirán que la brecha entre diferentes países continúe aumentando. Por supuesto que aumentarán las diferencias en términos puramente monetarios, desde el momento en que unos puedan financiar a otros, pero en ningún caso los acreedores permitirán mayor relajación fiscal y ausencia de medidas estructurales, siendo estas el único camino posible hacia la sostenibilidad.

En nuestra opinión, en caso de materializarse, la propuesta tiene el potencial de cambiar las normas de juego en la Unión Europea. Podría ser un punto de inflexión y desde luego sería la primera vez que el presupuesto de la UE se utilizara como una herramienta de estabilización y también sería la primera vez que una institución europea (la Comisión) tiene la posibilidad de endeudarse en los mercados financieros para financiar el gasto presupuestario. Un paso decisivo hacia la tan debatida solidaridad europea.

La sentencia del Tribunal Constitucional de Alemania de hace unas pocas semanas argumentábamos que no era un problema para el corto plazo. Decíamos a la vez que ponía una vez más a la UE en una situación en la que era necesario continuar avanzando para no retroceder en el proyecto común. La respuesta de las dos principales potencias de la eurozona no ha tardado en llegar y llega con contundencia en las formas, si bien podrá generar dudas en los detalles. Como tantas otras veces en Europa. El tamaño del fondo (500.000 millones de euros) puede ser algo “decepcionante” para algunos, pero pensamos que lo más importante es que se trata de subvenciones, es decir, gastos presupuestarios directos y no préstamos. De hecho, un sistema basado en subvenciones marca una transferencia de recursos más sustancial y poderosa que la financiación basada en préstamos.

Europa solo funciona bajo presión, pero termina funcionando. Estamos ya acostumbrados a acuerdos alcanzados a última hora, noches de largas negociaciones y posiciones encontradas hasta el último minuto. La UE se ha construido dando dos pasos hacia delante y uno hacia atrás, pero mirando es mucho lo que se ha avanzado desde el Tratado de Maastricht, a la vez que queda mucho por avanzar.

La respuesta política para amortiguar el efecto de la pandemia es crucial para respaldar los mercados en un contexto de incertidumbre sin precedentes y esta propuesta es una prueba más de que los Gobiernos (y los bancos centrales) harán todo lo que esté en sus manos.

En caso de salir adelante, el plan es muy positivo para Europa y especialmente para la economía de los países periféricos y para sus mercados financieros. Este fondo de rescate en ninguna de sus formas alterará de manera significativa la trayectoria de crecimiento a largo plazo de la eurozona, cuyas perspectivas siguen siendo pobres. Sin embargo, la propuesta sí que sugiere una Europa más coordinada y más fuerte en el futuro, lo que reduce los escenarios bajistas cíclicos y estructurales.

Diego Fernández Elices es Director general de inversiones de A&G Banca Privada