Fondos para la nueva normalidad

La pandemia de Covid-19 pone en cuestión la idoneidad de las carteras preferidas habitualmente por el inversor español

Fondos para la nueva normalidad

Todos estamos sufriendo los efectos de la pandemia, aunque todavía no sabemos qué cambios serán temporales y cuáles formarán parte de una futura normalidad. Personalmente prefiero que el uso de mascarillas y guantes sea pasajero, mientras que el de la tecnología para trabajar se quede para ayudarnos a mejorar en productividad y disfrutar de mayor flexibilidad.

Todo ser humano es capaz de adaptarse y progresar, aunque sea mayor o esté muy acomodado en la situación anterior. Todo es cuestión de proponérselo o verse en la necesidad. Mi padre declaraba al principio del confinamiento que se sentía incapaz de hacer videollamadas, mi madre no usaba ni WhatsApp. Como supondrán, a día de hoy, son auténticos expertos.

Por tanto, no estaría mal empezar a reflexionar sobre si la estrategia de inversión actual es idónea de cara al futuro. Algunas consecuencias ya se pueden anticipar y para planificar nuestras inversiones no conviene esperar demasiado, tener tiempo juega a favor del resultado final.

El enorme patrimonio en mixtos conservadores (categoría con más activos en nuestra industria de fondos) y la escasa proporción en puros de renta variable, unido a la preferencia por el estilo valor y el sesgo doméstico, han penalizado en los últimos años al partícipe español, pero me temo que después del Covid-19, si se mantiene igual, será peor.

Los inversores de nuestro país, en general, son muy temerosos a la hora de invertir en productos financieros con volatilidad elevada, incluso teniendo un amplio horizonte temporal. Por eso proliferan los garantizados y en los fondos más defensivos hay un volumen muy superior al de otros países.

Lo que ha ocurrido este año podría inducirles a meditar. Hemos visto que muchos fondos con objetivo de preservar pueden llegar a sufrir pérdidas superiores al 10% en muy poco tiempo. Así que no han servido para evitar el sufrimiento de ver caer significativamente la valoración de una cartera.

Por otro lado, la media de los mixtos conservadores obtiene en los últimos siete y diez años rentabilidades pírricas (apenas superan el 1% y 2% de retorno anualizado). Mientas que la media de renta variable global, a pesar de este año, de 2018 y de 2016, supera el 7% de media anual. Si acumulan la rentabilidad, creo que la diferencia les impactará.

No propongo que pasen a renta variable sin más. El nivel de riesgo por volatilidad de mercado se debería establecer mediante un plan, y preferiblemente con la ayuda de un asesor profesional. En una buena estrategia de inversión, el factor clave para determinar el riesgo asumible debe ser el tiempo disponible. Cambiar continuamente la exposición por una visión a corto plazo sobre si el mercado subirá o bajará no suele funcionar. Se puede acertar alguna vez, pero no hay consistencia en el tiempo.

A largo plazo, los mercados de activos de riesgo como acciones o bonos de alto rendimiento tienen una rentabilidad muy superior a los bonos de Gobiernos desarrollados. Además, en la nueva normalidad, con la cantidad de deuda emitida para paliar los efectos de la pandemia, parece claro que se mantendrán muchos años con rentabilidad negativa real.

Es natural que un inversor con sesgo doméstico o que haya apostado buena parte de su dinero en fondos concentrados y sufrido un mal resultado no se sienta incentivado a invertir en acciones. Pero el riesgo específico de un país, sector o valor, si se invierte a través de una cartera de fondos bien diversificada, se puede mitigar hasta llegarse a eliminar.

Tampoco digo que no se suscriban fondos defensivos, pueden ser útiles para el dinero que se necesite a más corto plazo. Pero el volumen de los españoles me parece excesivo. A juzgar por el porcentaje en renta variable, parece que poca gente en España invierte su patrimonio financiero pensando en 15 años o más.

Es verdad que hace pocos años se popularizaron algunos fondos de acciones estilo value lanzados por gestores de fama ganada en una época anterior. Con una retórica atractiva, la atención de los medios y el aval de éxitos pasados, acumulan el mayor volumen en España en fondos puros de renta variable, con el permiso de algunos fondos de entidades bancarias.

En mi opinión, el valor aportado en esta nueva etapa se limita al consejo de invertir en acciones para el largo plazo. La concentración de estos fondos en valores y sectores, en algunos casos de escasa visibilidad, hace que sean poco recomendables para mitigar riesgos específicos. Ya sé que su filosofía es comprar compañías por debajo del valor que les otorga su análisis fundamental. Pero si pudieran valorarlas bien, ¿cómo podría llegar a quebrar alguna acción de su cartera?

En cambio, inversores de todo el mundo compran compañías relacionadas con las tendencias del futuro. Hay cambios que ya apreciamos en nuestra forma de comunicarnos, de cuidarnos, de comprar, de trabajar y de vivir. Y el Covid-19 ha contribuido a acelerar este proceso.

Pero no se pasen al lado oscuro apostando solo por fondos de alto crecimiento con mucho riesgo por acción y sector. Las mejores compañías vienen y van, la mayoría no se mantienen décadas. Y no es necesario tener solo un puñado para obtener una buena rentabilidad.

Si no van a necesitar parte del dinero en muchos años, inviertan en fondos con diversidad de temáticas y de compañías que les asegure que pueden mantenerse diez años o más. Y no olviden planificar.

Marta Díaz-Bajo es Directora de análisis de fondos de Atl Capital