El papel de la banca en la recuperación económica

La articulación del posible rol de las entidades financieras debe comenzar por una diversificación del riesgo propiciada por el concurso del Estado

El papel de la banca en la recuperación económica

Sea cual sea la recuperación económica tras el Covid-19, sería muy conveniente que fuera con una participación destacada de la financiación bancaria. Para amortiguar el golpe, volver a niveles de crecimiento significativos y reducir el desempleo generado, no puede apostarse por una reactivación sin crédito (creditless recovery), como sucedió tras la crisis financiera. Hoy no es el sector bancario el centro de los problemas, ni su solvencia está comprometida ni sus niveles de riesgo están en niveles elevados. Está en disposición de ser protagonista positivo. Ser el relé que impida que muchos se desconecten.

El punto de partida lo marca la presentación de resultados del primer trimestre de las entidades financieras y el Informe de Estabilidad Financiera publicado esta semana por el Banco de España. En lo que se refiere a las cuentas, los seis mayores bancos españoles han registrado una pérdida conjunta entre enero y marzo de 1.053 millones de euros. No porque su negocio no haya dado suficientes ingresos –solo se ha visto afectado dos semanas de ese trimestre por el Covid-19– sino porque las instituciones bancarias españolas han preferido asumir el golpe del coronavirus de forma anticipada para situarse en una casilla de salida realista. Por eso, solo esas seis entidades han dotado 6.000 millones de euros en provisiones para posibles pérdidas por el impacto del virus. Golpe recibido y… toca golpear.

En cuanto al informe del Banco de España, también aporta noticias sobre cómo afrontar la pelea entre banca y Covid-19. El ring viene marcado por un tremendo shock de oferta y demanda que no solo afecta las posibilidades de impago (riesgo de crédito), sino la volatilidad bursátil (riesgo de mercado) y la dificultad para realizar la actividad bancaria en condiciones normales (riesgo operativo). Señala el supervisor, además, que tendremos señales anticipadas para controlar algunos de estos riesgos. Por ejemplo, que el 20% de los hogares con crédito lo tienen tanto en la modalidad de hipotecario como de consumo y que cualquier impago en el último puede servir como indicador adelantado –aunque no sea perfecto porque son distintas clases de préstamos– de posible morosidad en el primero.

Pero las botas del boxeador bancario parecen mejor asentadas que hace unos años. En parte porque las autoridades supervisoras han actuado anticipadamente. Tanto el Banco Central Europeo como la Autoridad Bancaria Europea y el Comité de Supervisores Bancarios de Basilea han propiciado que las entidades financieras puedan utilizar los colchones de capital y de liquidez disponibles y relajar los estándares de provisiones de pérdidas esperadas. Esto requiere una explicación adicional: tras la crisis financiera, las autoridades internacionales se preocuparon hondamente de que los bancos construyeran colchones para cuando vinieran mal dadas. Ahora no es el momento de seguir metiendo forro, sino de aplicarlos. De hecho, el propio Banco de España estima que “las entidades de depósito españolas han mejorado significativamente su solvencia desde el final de la crisis financiera, situándose la ratio de CET1 (capital principal de primera categoría) en el 12,6% en diciembre de 2019.” Y, lo que es más importante, “se estima que la liberación de colchones permitida por la respuesta prudencial a la crisis sería suficiente para cubrir un aumento de la tasa de morosidad de 8,2 puntos porcentuales”. Un aumento que podría producirse en un entorno de prolongado confinamiento y caída de la actividad, pero cuya absorción puede ser tanto más rápida cuanto mejor se anticipe y mejores condiciones se den para el nuevo crédito.

En este contexto, es importante que la articulación del posible papel de las entidades financieras comience por una diversificación del riesgo propiciada por el concurso del Estado. De ahí la importancia de los programas de avales de hasta 100.000 millones de euros para financiar a empresas en España ante el Covid-19. En principio, para distribuir a partes iguales entre grandes empresas, por un lado, y pymes y autónomos, por el otro. Se ha avanzado por dos tramos de 20.000 millones. Se está abriendo un tercero. Al parecer –aunque no hay cifras oficiales– las peticiones son significativamente superiores a la oferta. Por eso, hay que mantener el ritmo de concesión de estos tramos. Asimismo, jugará un papel fundamental una gestión activa del riesgo de las entidades financieras, algo cuya red ha trabajado intensamente en el entorno posterior a 2010. Los bancos también asumen parte de las políticas públicas a su propio coste. Por ejemplo, con las moratorias de hipotecas para las familias más desfavorecidas.

Quedan, en todo caso, más vías directas. Una de las más importantes –que aún se echan de menos en España– es la financiación participativa. La liquidez es importante pero la solvencia, tanto o más. No se puede prestar a ciegas a una empresa que va a pique, ni puede asumir liquidez una corporación cuya base inversora se derrumba. Por eso, de forma absolutamente temporal y sin contemplar nada parecido a una nacionalización, muchas empresas (algunas muy señeras y estratégicas) precisan de inyecciones directas de capital. Operaciones con participación pública donde también los bancos pueden colaborar y cuyo conocimiento del tejido empresarial y de los mecanismos de acción será esencial. No podemos olvidar, tampoco, a pequeñas empresas y autónomos con una base de capital reducida y que, sin embargo, tienen que hacer frente a deudas a corto plazo. La financiación bancaria puede ayudar a su transformación a largo plazo, para que puedan afrontar sus pagos. Pero tal vez sería bueno –como han hecho otros países como Alemania, Francia o Italia, en el pasado– que pudieran crearse fondos de deuda (con el respaldo emisor, incluso del BCE) para poder propiciar esa transformación de plazos de forma más ágil. La pelea es ahora. Es demasiado urgente. Hay que mantener la liquidez, la financiación y la cadena de pagos de la economía a toda costa.

Santiago Carbó / Francisco Rodríguez son Catedrático de Economía de Cunef y director de estudios financieros de Funcas / Catedrático de Economía de la Universidad de Granada, economista sénior de Funcas y colaborador de Cunef