Los autónomos, perdidos entre el papeleo y la incertidumbre

Alertan de que muchos quebrarán por la falta de liquidez

Autonomos coronavirus
Alejandro Pedraz, fisioterapeuta.

Un peluquero sepultado por el papeleo de unas ayudas de las que todavía no ha visto un euro; un pequeño hotelero a punto de declararse en quiebra al no poder acceder a los créditos ICO (Instituto de Crédito Oficial); una pareja de pintores que, aunque su oficio no está incluido formalmente en las actividades suspendidas por el decreto de alarma, no puede trabajar porque pueden coincidir en los espacios comunes con otras personas, y, finalmente, un fisioterapeuta, también habilitado para ejercer, pero sin poder hacerlo por falta de material de protección.

Son solo algunos ejemplos de la situación que atraviesan los autónomos debido al Covid-19. Dos de las organizaciones que los representan, la Asociación de Trabajadores Autónomos (ATA) y la Confederación Española de la Pequeña y Mediana Empresa (Cepyme), coinciden en solicitar un plan de medidas que den certidumbre para afrontar un futuro aún no definido en el que tendrán que acometer inversiones y evitar así quedarse por el camino.

Enrique Arroyo, de 53 años, tiene su peluquería cerrada desde el 14 de marzo. Ha pedido un ERTE para su única empleada y el cese de actividad. También el aplazamiento del alquiler de su local y de su vivienda, además de los impuestos y el IVA. Aún no ha visto un euro en ayudas. Se queja de “mucha burocracia para no darte nada”, y califica de “excesivos y sin sentido” algunos requisitos que le piden para obtener las ayudas. “Saben perfectamente cuáles son los sectores que hemos cerrado y que tenemos cero ingresos. ¿Por qué nos obligan entonces a presentar tantísimos papeles y documentos?”, cuestiona.

Hay oficios que, aunque no están prohibidos, en
la práctica no se pueden ejercer

La ausencia de material de protección ha llevado al cierre de muchos centros de fisioterapia. Podían seguir abiertos al ser considerados personal sanitario, pero al no contar con ellos y no tener tampoco claras las condiciones de trabajo, decidieron cerrar. Le ha ocurrido a Alejandro Pedraz. Ahora se plantea reabrir poco a poco, aunque tendrá que invertir en la compra de guantes, mascarillas, geles, etc., y cambiar los protocolos de atención a los pacientes. Pedraz asegura que “en nuestro sector no nos han tenido en cuenta ni nos han ayudado en ningún momento. Nos hemos visto poco amparados”, comenta.

El peluquero Enrique Arroyo.
El peluquero Enrique Arroyo.

La falta de criterios claros también afecta a otros autónomos. Es el caso de Ana Zabaleta, que junto a su marido tiene una empresa dedicada a reformar y pintar viviendas. Esta actividad, y otras como albañilería, fontanería y carpintería, han quedado en un limbo. No están incluidas entre las actividades suspendidas, pero tampoco se pueden realizar porque hay riesgo de contagio con otras personas que trabajan en las zonas comunes de esos inmuebles.

Un peluquero califica de “excesivos y sin sentido” algunos requisitos

“Estamos en una situación dramática derivada de unos criterios que no son claros y lógicos”, denuncia Zabaleta. Agrumap, la Asociación de Maestros Pintores de Gipuzkoa, se pregunta “si los obreros contagiamos más”, y señala a otros colectivos que sí pueden seguir desarrollando su actividad y que también tienen contacto en las zonas comunes, como “mensajeros, mudanzas o repartidores de comida”.

La vicepresidenta de ATA, Celia Ferrero, resume la situación así: “No se han tenido en cuenta las capacidades y recursos reales de la Administración; se han puesto unos procedimientos y criterios que te llevan a un peregrinaje burocrático y además se han ido corrigiendo a golpe de Consejo de Ministros, lo que ha generado muchísima incertidumbre”. En su opinión, “las ayudas sí van a llegar, pero tarde, y muchos ni siquiera van a estar ahí cuando lleguen”.

La pintora Ana Zabaleta.
La pintora Ana Zabaleta.

Gerardo Cuerva, presi­dente de Cepyme, solicita “flexibilidad interna que ayude a las empresas a hibernar durante esas semanas” en un primer momento. Después añade “liquidez”, para hacer frente a esta situación. Ve también muy importante que haya “certidumbre, con un plan cerrado de medidas” que otorguen a las pymes tiempo para adaptarse y evitar el cierre.

Este peligro corre Francisco Javier Martín, propietario de tres hoteles en Granada y la Costa del Sol y con 120 empleados. Tres bancos le han concedido ya créditos ICO por un total de casi 900.000 euros para afrontar los próximos meses. Sin embargo, lo que califica como “uno de tantos errores que está cometiendo el Gobierno” no le permite acceder a ellos.

Una de las condiciones para acceder a la línea es no aparecer en la central de riesgos del Banco de España (Cirbe) al cierre de 2019. Su empresa lo estuvo por una deuda con un servicio de renting que ya pagó. Martín denuncia que esa norma es “injusta” y que debería excluirse a quienes están en el Cirbe en el momento de pedir el préstamo, “no antes”.

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