El virus que puede acabar con los zombis

Una buena parte de las 85.000 empresas destruidas en marzo pueden ser compañías altamente endeudadas

El virus que puede acabar con los zombis

En los últimos tiempos han sido muy recurrentes las advertencias, tanto por parte de organismos internacionales como de analistas privados, concernientes al riesgo derivado del elevado número de empresas zombis que pueblan la economía mundial. Con dicho término se hace referencia a empresas vulnerables, con débiles resultados económicos y muy endeudadas, que solo sobreviven gracias a la renovación continua de sus líneas de crédito. Gran parte de la responsabilidad del crecimiento de esa población zombi se achaca a la excesiva duración de las políticas monetarias ultraexpansivas de los bancos centrales, que han abaratado y facilitado la continuidad por tiempo indefinido de las líneas de crédito a las que estas empresas viven enchufadas.

Así, según cifras del Banco de España, pese a la recuperación económica de los últimos seis años, todavía hay un 25% de empresas cuyos resultados son negativos. Cualquier tropiezo podría precipitar dichas empresas a una situación de insolvencia que supondría su desaparición, la destrucción de un volumen importante de empleo y un aumento de los préstamos incobrables en las carteras de las entidades financieras.

El FMI advertía del riesgo que suponen estas compañías para la estabilidad financiera mundial en el Global Financial Stability Report publicado el pasado otoño. Para el caso concreto de España, el organismo había realizado una simulación según la cual, en un escenario de caída del PIB de una magnitud equivalente solo a la mitad de la sufrida en la anterior crisis, la deuda en riesgo de impago podría alcanzar un porcentaje similar a la existente en 2008.

Pero la caída del PIB a la que nos enfrentamos este año en España como consecuencia del Covid-19 no va a ser de la mitad, sino que podría ser de una magnitud muy próxima a la experimentada entre 2008 y 2013. El FMI pronostica un retroceso del 8%, frente al descenso del 8,6% registrado durante dicho periodo, por lo que el impacto sobre estas empresas vulnerables puede ser demoledor, y en el caso de la economía mundial el riesgo para la estabilidad financiera podría ser muy relevante.

Un primer indicio de que esto podría estar sucediendo procede de la alarmante cifra de empresas destruidas en marzo: 85.000. El impacto fue más acusado en empresas de entre 6 y 49 trabajadores, pero afectó a todos los tamaños empresariales, incluso de más de 500. Además, en un mes que suele ser uno de los que mayor creación de empresas registra cada año. Resulta muy llamativa dicha cifra no solo por su magnitud, sino también por la inmediatez con la que se ha producido esa destrucción de empresas, en tan solo dos semanas, desde que se iniciaron las restricciones a la actividad. Si han necesitado tan poco tiempo para darse cuenta de que no pueden sobrevivir, no cabe duda de que nos encontramos ante empresas zombis. Por otra parte, el sector donde más aguda fue la caída en términos relativos fue el de la construcción, a pesar de no ser directamente afectado por las restricciones, justamente el que el Banco de España identificó en un boletín económico reciente como el sector donde más aumentaría el porcentaje de deuda en riesgo en un escenario adverso, como consecuencia de la gran presencia de empresas vulnerables en el mismo.

Si el impacto ha sido tan severo al arranque de la crisis, el efecto destructor a medida que esta avance y haya más tiempo para que la inviabilidad se manifieste puede ser enorme. Pero lo más preocupante es que, al tratarse de empresas zombis, es improbable que estas vuelvan a la actividad cuando acabe esta situación. El derrumbe en el número de empresas de marzo, por tanto, puede interpretarse como un indicador de que la pérdida permanente, no recuperable a corto plazo, de PIB y de empleo que va a derivarse de esta crisis puede ser mayor de lo que esperamos.

Una segunda derivada no menos preocupante –el principal punto al que el FMI dirigía su atención en el mencionado informe– es el potencial impacto sobre la salud del sistema financiero mundial de esta destrucción masiva de empresas vulnerables altamente endeudadas, en el caso probable de que este fenómeno se esté produciendo en el resto de países afectados por la pandemia.

Afortunadamente, el sistema financiero está ahora mucho más saneado que en la anterior crisis, y dispone de más capital y liquidez, pero sin duda esta situación va a poner a prueba los enormes esfuerzos de recapitalización llevados a cabo a lo largo de estos años. Tampoco hay que olvidar las contundentes medidas adoptadas por los bancos centrales.

Por otra parte, en el caso de la economía española, partimos de una situación macroeconómica mucho más equilibrada en lo que se refiere al sector privado. Hogares y empresas, tomados en su conjunto, han reducido su endeudamiento de forma drástica, incluso durante los años de recuperación, y desde 2009 han presentado de forma ininterrumpida excedentes financieros que suponen un colchón importante. Y además el Gobierno ha adoptado medidas también contundentes –aunque en algunos aspectos puedas ser discutidas– para sostener las rentas de los hogares y la liquidez empresarial.

El núcleo de vulnerabilidad que suponen las empresas zombis puede desaparecer, junto con los empleos que aporta, pero la buena salud del sector en su conjunto nos da esperanzas para esperar que esta crisis no se convierta en una recesión prolongada, aunque posiblemente tardemos más tiempo de lo esperado en volver a los niveles de PIB y empleo anteriores a la pandemia.

 María Jesús Fernández es economista senior de Funcas