En tiempos desesperados, medidas (des/in)esperadas

Las propuestas que incentiven la oferta en esta crisis deben venir de la mano de acciones que no dejen contraer la demanda

En tiempos desesperados, medidas (desin)esperadas

Otro año más de castigo para la banca. Esta vez es para la Economía en su conjunto, pero especialmente castigada está siendo la banca. A los ya conocidos impactos judiciales que ha tenido en este comienzo de año, se le une los problemas en la economía en general que está provocando el COVID-19 (más conocido como Coronavirus).

El jueves 12 de marzo pasará a la historia por varios hitos: la excesiva volatilidad bursátil de los mercados de las últimas semanas se acentúo en esta sesión (el IBEX cedió más de un 14% y en general todos los mercados cedieron a tasas de doble dígito), de desconfianza generalizada en todos los mercados, de unas medidas extraordinarias del Banco Central Europeo (BCE) y de la Reserva Federal (FED) para paliar en parte el traslado de esta confianza a la economía real y, en definitiva, fue una convulsión sin precedentes en los mercados financieros.

Centrándonos en las medidas BCE, además de aumentar las compras de activos en mercados con 120.000 millones más hasta final de año, pasan por incentivar la oferta de crédito una vez más a través de dos programas de liquidez: una batería de paquetes de liquidez semanal hasta el 24 de junio de este año (LTROs), sin condiciones y en mejores condiciones que las subastas semanales para proveer a los bancos de liquidez en caso de que fuera necesario, y una mejora en las condiciones del programa anterior (TLTRO III).

Estos programas de liquidez pueden paliar en cierta medida la incertidumbre de las familias sobre el sector financiero, así como las posibles salidas de liquidez que se produzcan en esta situación excepcional.

Por otro lado, el BCE ha lanzado una batería de medidas en materia de solvencia y provisiones de morosos para que, en el caso de aumento del riesgo de crédito derivado de un deterioro de la situación económica de las familias y empresas, haya cierta flexibilidad con el cumplimiento de las ratios que exige el supervisor y llegado el caso no suponga un impedimento para que el flujo de crédito continúe su curso.

Estas medidas van dirigidas a incentivar la oferta de crédito del sector bancario, que ya viene desde hace tiempo incentivada por los diversos programas de liquidez que ha venido aprobando el BCE y que ha hecho que los precios de los créditos se sitúen en mínimos históricos en los últimos años.

Sin embargo, no quepa la menor duda de que el principal problema que existe en la actualidad es un problema de demanda. Hace dos años que el flujo de crédito empresarial en España hacia las Pymes (que componen más del 99% del total del sector productivo) desciende y, en 2019, se ha ralentizado de manera importante el crédito a las familias. En los próximos meses, previsiblemente es que estos problemas de demanda se puedan intensificar aún más.

El impacto económico de la crisis sanitaria no está determinado, pero es fácilmente previsible que va a suponer un retroceso sustancial de las tasas de crecimiento del mundo, con el subyacente impacto en el sector empresarial, empleo y, en última instancia, en los bancos por el aumento de la morosidad y la caída del margen de intereses.

De hecho, la banca es uno de los sectores más vulnerable en este contexto, como así lo demuestra el comportamiento en bolsa de la banca europea en el último mes. Asimismo, la valoración bursátil ya venía estando penalizada en el último año por las estimaciones del mercado de una menor rentabilidad. Por todo ello, a pesar de las medidas que han tomado algunas instituciones a nivel europeo, la banca se enfrenta a un escenario de deteriorada rentabilidad, que lastra la generación de capital y que impacta directamente en la menor eficiencia que viene exhibiendo el sector bancario.

En este escenario, las medidas de oferta de crédito que se están tomando eliminan el incentivo que tienen los bancos a endurecer las condiciones de financiación por el empeoramiento de la calidad de los actores productivos, y así evitar deteriorar más un canal monetario que a priori parece estar relativamente roto.

Resulta esencial de aquí en adelante incentivar el otro lado de la cadena de transmisión, porque, aunque se incentiven los canales de oferta, resulta obvio que, si el otro punto de la cadena de transmisión (familias y empresas) no solicita crédito, es altamente improbable que se alimente el flujo de crédito al sector privado.

Por lo tanto, las medidas que incentivan la oferta tienen que venir de la mano de medidas que no dejen contraer la demanda, porque si no, los efectos de esta batería de política monetaria son inciertos. Es lo que la presidenta Lagarde insistió, a la hora de hablar de medidas comunes entre todos los estados miembros de la Eurozona, coordinadas y dirigidas a los sectores más vulnerables. Las futuras reuniones del eurogrupo y de los estados miembros resultarán esenciales a la hora de valorar las acciones conjuntas que se determinen en materia de incentivo al sector privado. En tiempos desesperados, medidas desesperadas, aunque a la luz de la reacción de los mercados, las últimas medidas tomadas el jueves parecen ser bastante inesperadas.

 Federica Troiano/Fernando Rojas son consultores del area de banca de Afi