Hacia un cambio de paradigma del sector eléctrico

España puede aspirar a ser uno de los países líderes de la UE en materia de transición energética

Hacia un cambio de paradigma del sector eléctrico

El sistema energético español logró un hito histórico en el pasado ejercicio: las renovables superaron el 50% de la potencia instalada en el mix eléctrico, alcanzando casi 55.000 MW, de una capacidad total de 110 GW.

En los últimos 12 meses han entrado en funcionamiento 6.528 MW de generación renovable, con un importante incremento en la fotovoltaica, que crece un 93,2% respecto del año anterior.

Se trata de cifras impensables hace solo unos años y que confirman que, en materia de transición energética, avanzamos en la senda adecuada. Y todo ello, a pesar de que hemos contado con un marco normativo desfavorable durante la mayor parte de este periodo.

Los buenos datos de 2019 no deben, sin embargo, hacernos caer en la complacencia. Queda mucho por hacer para impulsar una política energética totalmente alineada con el objetivo de la neutralidad climática a 2050. Es necesario un cambio de paradigma en el sistema eléctrico para avanzar hacia un modelo de generación más descentralizado y de flujos variables y bidireccionales en el sistema.

No tiene sentido seguir hablando del tradicional planteamiento de generación punta y valle, que queda superado por un sistema de generación variable en el que el reto de la integración de la demanda exige una operación flexible de la red.

Iniciamos este camino en la anterior legislatura, facilitando un marco que ofrece certidumbre y nuevas oportunidades, como las asociadas al autoconsumo que –según el sector– también ha vivido un gran 2019, prácticamente duplicando la potencia instalada.

Seguimos trabajando tanto en la Ley de Cambio Climático como en normativa asociada para asegurar una penetración de las renovables que aseguren un sistema cien por cien eléctrico en 2050. Para ello, las subastas serán una herramienta fundamental que, además, nos ayudará a trasladar la ventaja que suponen las energías limpias, que son la forma más barata de generación de electricidad, al recibo de la luz que pagamos ciudadanos y empresas.

En el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima de España (PNIEC) para el periodo 2021-2030 ya se anticipan los nuevos escenarios de mix energético en el horizonte 2030 y se contemplan, como ejes básicos de actuación, entre otros, la electrificación de los usos finales de la energía y la apuesta decidida por un nuevo modelo de movilidad eléctrica y el apoyo decidido al autoconsumo como base de un nuevo modelo de generación distribuida. En los próximos años será fundamental la gestión de la demanda, el almacenamiento, la digitalización de las redes y los nuevos esquemas de operación de red para dotar de flexibilidad al sistema.

Además, debemos proceder a la actualización, de acuerdo con la normativa europea y desde una perspectiva global, del marco normativo nacional en los distintos subsectores energéticos, integrando a nuevos actores —como los agregadores de demanda y las comunidades de energía—, que ya están actuando en el sector energético y cuya problemática es muy diferente a la de las compañías tradicionales del sector.

Estamos en el camino adecuado para dotar al sistema energético de un futuro más sostenible y capaz de atraer más inversiones.

Así lo muestran las cifras, los resultados obtenidos y las señales del mercado, que son inequívocas en ese sentido: el precio del mercado mayorista está bajando y los futuros marcan una señal todavía más baja para finales de 2020. Los costes de los proyectos de inversión en energías renovables han disminuido sensiblemente y determinadas tecnologías han alcanzado un nivel de madurez que las hace competitivas en el mercado.

Nos encontramos en un proceso que no tiene marcha atrás y que, entre todos, cada uno desde sus responsabilidades públicas o privadas, tenemos que llevar a buen puerto.

En este nuevo contexto, España puede aspirar a ser uno de los países líderes de la UE en materia de transición energética. Somos optimistas, sabiendo que el cambio del modelo energético no es sencillo y que, a medida que profundicemos en el proceso de transición, es probable que aparezcan nuevas necesidades, nuevos retos y nuevas capacidades tecnológicas que ahora apenas empezamos a intuir.

Por ello, y con la mirada puesta en alcanzar un futuro del sector con un sistema eléctrico renovable, el análisis de los datos y su valoración desde una perspectiva histórica es fundamental para alcanzar los objetivos a corto, medio y largo plazo.

El debate sobre todos estos elementos anteriormente expuestos va asociado a un profundo cambio de paradigma que puede hacer del sector eléctrico el auténtico protagonista de la próxima década.

Teresa Ribera es vicepresidenta cuarta y ministra para la transición ecológica y el reto demográfico