Coronavirus

¿Hay refugio posible para la inversión cuando el mercado se desborda?

El miedo a una recesión dispara el dinero hacia los bonos de más calidad, con el riesgo de que la deuda de EE UU entre en negativo y se desboque el mercado de bonos ‘high yield’

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EFE

Movimientos de mercado erráticos y violentos, desplomes imparables en Bolsa, inversores que cubren a la desesperada sus posiciones y dejan de operar...Los peores temores a una recesión mundial se están materializando estos días con la intervención concertada de anoche de los bancos centrales como ejemplo más evidente. Expertos e inversores reconocen abiertamente las similitudes de la situación actual con el estallido de la gran crisis de 2008. La dimensión mundial que ha cobrado la epidemia del coronavirus está provocando pérdidas en los mercados financieros que ya superan ampliamente lo que se puede considerar el límite de una corrección. El mercado ha declarado el estado de recesión y ha entrado en territorio bajista.

“La crisis actual puede convertirse en estructural”, advierte Philippe Waechter, economista jefe de Ostrum AM (Natixis IM), que adiverte que “la política económica no será capaz de actuar de colchón y de revertir la situación rápidamente”. En su opinión, en juego está no solo una recaída hacia la recesión sino un nuevo entorno a futuro de bajo crecimiento. Como apunta Waechter, la actual crisis del coronavirus “puede ser el final del proceso de globalización que hemos estado viendo durante las últimas dos o tres décadas”. Y si el mundo percibe ahora que sus vínculos con China, origen de la pandemia, han sido excesivos, el riesgo es volver a una economía más proteccionista, de más baja productividad y menor crecimiento.

¿Dónde invertir ante semejante panorama? ¿Hay refugio entonces en los activos refugio? En la renta variable, todos los patrones han saltado por los aires. No hay luz ninguna para tomar decisiones. “Si hay recesión, no hay refugio”, reconoce Natalia Aguirre, directora de análisis de Renta 4, que recuerda que ante un escenario de recesión, la magnitud de las caídas bursátiles alcanza niveles del 50%.

Para Goldman Sachs, la deblace actual apunta por el momento a un mercado bajista dentro de la categoría de los desatados por un evento determinado, sin la categoría de estructural, como fue la crisis de Lehman, que provocó una caída en el S&P estadounidense cercana al 60%. La amenaza actual estaría a la altura de lo vivido en 1998 con la quiebra del hedge fund LTCM pero también reconoce que ninguno de los ejemplos de mercados bajistas sufridos con anterioridad ha estado desatado por un virus. Y advierte de una cuestión clave y que diferencia a esta crisis de la de 2008. “La respuesta de la política monetaria ha sido a menudo más efectiva pero en esta ocasión no está claro que vaya a serlo. Los recortes de tipos pueden no ser muy efectivos en un entorno de miedo en el que los consumidores se ven forzados, o simplemente persuadidos, a quedarse en casa”, señala el banco estadounidense.

El refugio de la deuda

El pánico a una recesión global ha desatado la huida hacia los activos refugio por excelencia: la deuda de máxima calidad y el oro. El rendimiento negativo que presenta la deuda soberana alemana, también al plazo de 30 años, no es ni mucho menos obstáculo para los inversores. Adquirir deuda con interés negativo implica estar dispuesto a perder dinero al vencimiento, pero esa espiral compradora va en aumento. Para Philippe Waechter, el mercado de bonos de calidad es un refugio seguro incluso aunque el futuro se perciba incierto. El motivo es que el inversor continúa confiando en que, en última instancia y como viene sucediendo en la zona euro en los últimos años, los bancos centrales estarán ahí para comprar esos activos. “Los inversores no esperan el regreso a la normalidad, y sí que los bancos centrales incrementen sus compras de deuda y amplíen el tipo de activos que adquieren”, explica Philippe Waechter. La Fed de hecho ha anunciado una compra de activos por 700.000 millones de dólares, volviendo así a las medidas posteriores a la caída de Lehman. “Los tipos de interés serán negativos pero el riesgo de perder el dinero será limitado en este nuevo entorno”, añade el experto, que augura la llegada de las rentabilidades negativas también a los bonos estadounidenses.

Ante una recesión que podría ser estructural no hay refugio posible en la renta variable

La deuda de EE UU, ajena todavía al rendimiento negativo de la alemana, es la gran alternativa al caos bursátil. Pero para un inversor europeo no es sin embargo una opción atractiva, según explica Javier Ferrer, director de deuda pública de Ahorro Corporación. Así, la apreciación del euro frente al dólar está neutralizando la ganancia que en estos días puede obtener un inversor europeo en bonos estadounidenses, a menos que cubra su inversión del efecto divisa, lo que también tiene un coste.

Ferrer explica que estos días el mercado de deuda presenta fuertes distorsiones. “Los movimientos de precios no son por compras específicas sino por coberturas con derivados, hay alta volatilidad. El diferencial de precios entre oferta y demanda es muy alto”, señala. Y advierte del riesgo potencial de que la deuda en balance de los bancos centrales termine siendo de peor calidad. Con la vista muy atenta al mercado de bonos de alto rendimiento –de peor calidad crediticia y en el que inversores sistémicos como bancos y aseguradoras han acudido en busca de rentabilidad–, el riesgo es que el precio de este tipo de activos se hunda, provocando colapsos de liquidez y un efecto contagio sobre la deuda de más calidad. La oleada de impagos que puede provocar el virus también puede poner en riesgo la deuda que hoy disfruta de calificación de grado de inversión y llena los balances de los bancos centrales. “Los bancos centrales tienen la experiencia de 2008 pero con estos tipos la situación de la banca puede ir a peor”, añade Ferrer.

Los activos físicos, el oro

Las intervenciones de los bancos centrales ya han dejado claro que los bonos se adentran a gran velocidad en el terreno de las rentabilidades negativas. “A largo plazo, el dinero dejará de tener valor con los tipos negativos. El valor habrá que buscarlo en los activos físicos”, asegura tajante Javier Bru, comercializador del fondo de inversión Asset Allocation y que, a cierre de febrero, tenía el 32% de su cartera en ETC de oro físico y otro 19% en ETC de plata física. “El crédito se contagiará, el nivel de apalancamiento actual en el sistema es muchísimo mayor al que había antes de 2008, por lo que entonces sí veremos realmente el miedo en los mercados, con muy pocos activos donde resguardarse. El oro no tiene ningún riesgo de crédito, por lo que puede salir muy beneficiado”, recoge el informe del fondo de febrero. Para Bru, “lo ideal sería comprar un quilate de oro”.

Los activos físicos como el oro o el ladrillo son la opción más clara ante lo incierto

“El oro tiene un papel pero es secundario puesto que se trata de un mercado que no es de gran tamaño”, apuntan desde Ostrum Asset Management. Nada que ver con el mercado de divisas, el mayor todos y sujeto a la mayor volatilidad, el de bonos o el de renta variable.

Para UBS, el oro puede trepar hasta los 1.700 dólares por onza. Siempre en un escenario negativo en el que el coronavirus se extiende de forma generalizada, se prolongan las medidas de aislamiento y se demora la normalización de la actividad. Un escenario por el que ya pasado China, en el que está inmersa Italia y que es el que ahora llega a España.

En situación de máxima incertidumbre, y cuando la inversión en activos financieros falla, el ladrillo vuelve a abrirse paso como alternativa. Es el eterno recurso, el del activo físico, del que disponen los inversores, aunque el estallido de una recesión implique la inmediata caída del consumo y la contracción del crédito bancario.

 

 

 

 

Recesión en forma de U

 La tesis de que el impacto económico del coronavirus sería intenso pero breve ya ha quedado superada por la realidad y los mercados han anticipado una recesión con un desenlace mucho más incierto. Las dudas sobre la efectividad de las medidas de política monetaria, de que la respuesta fiscal sea insuficiente o descoordinada y la posibilidad de que la intensificación del proteccionismo impongan un menor potencial de crecimiento hacen temer una crisis más prolongada. Barclays destaca que parece poco probable que se produzca una recuperación en forma de “V”, aunque el deterioro de las condiciones financieras genera un escenario propicio para la aprobación de políticas agresivas que fuercen la reactivación de los mercados.

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