Brexit: ¿juego de mercados?

Aunque los medios se han cansado de decir que la salida no es cuestión de dinero, Londres siempre lo ha considerado su gran baza para negociar

Brexit: ¿juego de mercados?

Tres años y medio después del referéndum continúa el culebrón interminable del Brexit. A pesar de que el primer ministro, Boris Johnson, llegó a decir que preferiría “morir en una zanja” que pedir una nueva prórroga a la Unión Europea (UE) más allá de Halloween y que salir de la UE era una cuestión de “vida o muerte”, el Parlamento británico le ha obligado a solicitar la tercera prórroga hasta el 31 de enero de 2020.

Por su parte, ha obtenido del Parlamento de Westminster la celebración de elecciones legislativas anticipadas. Las elecciones tendrán lugar el 12 de diciembre próximo en las cuales se podrían producir sorpresas imprevisiblesEn este contexto, tiene razón el director cinematográfico Ken Loach cuando afirma: “el Brexit es un conflicto entre los dos bandos de la derecha, unos que creen necesitar del mercado europeo y los más extremos que quieren salir de la Unión Europea para pagar menos impuestos y abrir el mercado a Estados Unidos”. En un caso y en otro estamos hablando de mercados, que es así como se percibe desde el Reino Unido a la UE. Mientras que para los padres fundadores Europa significaba paz, para Portugal, España, Grecia, democracia y para los países bálticos, protección frente a Rusia, en el caso de Reino Unido, Europa es sólo mercado, es decir, comercio global (global trade).

Aunque los medios de comunicación británicos no se cansan de decir que el Brexit no es un tema de dinero, el Gobierno británico siempre lo ha considerado su principal baza en la negociación del mismo. No debemos olvidar que el apartado económico ha sido un factor determinante en el voto Leave (salir de la UE), donde el autobús rojo prometía la paralización inmediata de las transferencias a la UE y, que por cierto, anunciaba unas transferencias de 350 millones de libras a la semana cuando en realidad eran menos de la mitad. Dicho importe sería transferido al Servicio Nacional de Salud.Con la salida de la UE, el Reino Unido pretende, en palabras de su primer ministro, entre otras cuestiones: poner fin a la libre circulación de inmigrantes, evitar de que el dinero continúe yendo a la UE año tras año, alcanzar una política comercial independiente, como así mismo, recuperar el control (take back control) eslogan base en la campaña de Leave, con el objeto de gestionar libremente la sanidad, la educación, la vivienda, las infraestructuras, el bienestar y la fiscalidad.

Ello es una ironía, ya que todos estos capítulos siempre han estado bajo el control de su agenda. Ha sido su propia ineficacia la que no ha permitido una gestión más eficaz y no de la UE. El referéndum de 2016 fue planteado por los conservadores británicos con el objeto de quitar protagonismo al populismo de extrema derecha representado por Nigel Farage (líder del Partido del Brexit), que pretende una salida sin acuerdo de la UE. Incluso ha solicitado la retirada del acuerdo aprobado recientemente con la UE con una amenaza dirigida al Primer Ministro: o existe una “alianza para salir de la UE” que destierre el acuerdo alcanzado de salida con la UE por considerar que “elimina cualquier posibilidad de independencia genuina” ya que es “prácticamente peor que estar en la UE, no es el Brexit que se necesita” o, en su caso, peleará con uñas y dientes por cada escaño en las próximas elecciones de diciembre.En idénticos términos se ha expresado Donald Trump durante una reciente entrevista radiofónica (LBC News), en el programa que dirige el mismo Farage, para prestarle su apoyo, afirmando que no ve con buenos ojos una salida negociada, e insiste en la unión de ambos partidos (conservador y partido del Brexit) para lograr un Brexit duro. Promete una serie de acuerdos comerciales prioritarios con el Reino Unido cuando se produzca el divorcio con la UE. Un mercado que el año pasado exportó bienes y servicios por valor de 694.000 millones de euros e importó otros 728.000 millones desde el resto del mundo. La intervención de Donald Trump ya ha dado sus frutos. Farage ha anunciado que renuncia a presentarse en los escaños donde pueden ganar los conservadores.

En este sentido, Boris Johson ha afirmado que el Brexit será con acuerdo. Esto último, como diría un inglés, hay que tomarlo con “a pinch of salt”, es decir, con sumo cuidado, pues se ha contradicho tantas veces, que no me extrañaría que se volviera a contradecir. Conviene recordar que estamos ante un personaje populista en el que dos y dos no tienen por qué ser cuatro y no es necesario que la última afirmación concuerde con la que ha dicho unos segundos antes. Por todo ello, el líder de los laboristas Jeremy Corbyn ha manifestado: “lo que quiere Boris Johnson es un Brexit duro para contentar a la Casa Blanca. Y alerta de que el Servicio Nacional de Salud corre el peligro de ser privatizado por empresas de EEUU”. Mientras todo esto sucede la sociedad británica está profundamente dividida –política, social, geográfica y generacionalmente– y le resulta bastante complejo reaccionar adecuadamente. Así, el gran drama en el Reino Unido es que los jóvenes quieren quedarse en la UE y es muy complicado gestionar un país en contra de los intereses de los jóvenes.

Vicente Castelló es Profesor de laUniversidad Jaume I y miembro del Instituto Interuniversitario de Desarrollo Local