Hacia las cinco dimensiones del nuevo contrato social

Reducir la desigualdades de renta y sexo, elevar las oportunidades en la economía digital, el cambio climático y el envejecimiento son temas claves

Hacia las cinco dimensiones del nuevo contrato social

Quizás no es el mejor momento para hablar con las luces largas. Se entiende generalmente la época electoral como un periodo de promesas de patas cortas, para cumplirlas a la vuelta de la esquina. Pienso sin embargo que no está mal que entre los reclamos de corto recorrido se filtren miradas más hacia el horizonte, quizás para poder contrastar cuáles son las ofertas electorales que se inscriben en un marco a largo plazo con algo de sentido.

Estamos asistiendo al comienzo de un cambio de paradigma, en el que los postulados tradicionales de las políticas económicas, comienzan a ser rebasados por una realidad insoslayable: el contrato social está dejando de funcionar. Pero lo del contrato social, de tan traído y llevado, tiene el peligro de haber sido vaciado y banalizado en su contenido. Por eso me apresuro con una definición: el contrato social es el acuerdo, implícito e histórico, entre todos los ciudadanos con el que se cimenta una sociedad justa y que la hace progresar de un modo integrado. Ese contrato social comienza a no cumplirse para una mayoría de ciudadanos.

Si sus grietas se ensanchan y profundizan veremos en el futuro crecientes estallidos sociales, de seguimiento masivo pero con reivindicaciones difusas (recordemos Chile, París, Bagdad, Hong Kong). Esta amenaza acecha a todos los países, tanto los desarrollados como los emergentes y en vías de desarrollo. En los países desarrollados los beneficios del crecimiento no alcanzan a todos, se ha roto la igualdad entre crecimiento económico y progreso del bienestar para la mayoría. La renta de las clases medias se ha estancado durante los últimos 20 años. De resultas de esto, el ascensor social no funciona y nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos no podrán tener el nivel de vida que hemos tenido nosotros.

¿Cuáles deberían ser la líneas maestras para renovar el contrato social en los países desarrollados o edificarlo en los países emergentes? Creo que son irrenunciables cinco dimensiones, todas ellas transversales, todas ellas interrelacionadas. Son las siguientes:

-Resolver las desigualdades crecientes respecto a la renta y la riqueza. Una sociedad en la que el 1% acumula tanta riqueza como el 50% de la población y donde un 10% de los trabajadores y las clases medias progresan pero el otro 90% está estancado no es una sociedad viable a largo plazo, no es una sociedad que pueda avanzar integrada. La situación actual nos aboca a largo plazo a un crecimiento económico débil, de entre un 4% y un 2% a escala mundial.

-Construir las oportunidades para todos en la sociedad digital. Lo importante respecto a los procesos de digitalización no son los aspectos técnicos, sino los aspectos relacionados con las oportunidades para todos. Digitalización de la sociedad y desigualdades crecientes pueden avanzar de la mano y hemos de evitarlo. Hemos de decidir cómo se aseguran los derechos individuales de los trabajadores en la era digital. Hemos de decidir si los datos como nuevo input de la producción va a ser compatible con la libre competencia. Hemos de preguntarnos si España y Europa van a poder competir con modelos de comunicación digital más centrados en los derechos de las personas, o si vamos a permitir la gigantesca apropiación de datos que se está dando por parte de los gigantes tecnológicos de los EEUU o de China. Y hemos de decidir, de una vez, el esquema de inversión en la formación de los trabajadores y profesionales de hoy y de un mañana inmediato para que puedan trabajar al lado de robots y dirigiendo la inteligencia artificial.

-Resolver las desigualdades de sexo. Desde las denuncias sobre agresión sexual, a la lucha contra la violencia a las mujeres, la conciencia creciente respecto a la necesidad de una educación en STEM que prepare a niños y niñas para el futuro, hasta la cuestión urgente de la conciliación familiar, o la más importante, la brecha salarial y de oportunidades, todo lleva a pensar que este tema pasará a ser otro de los cinco elementos con los que construir el nuevo contrato social.

-Detener y revertir el cambio climático. Ante la evidencia de la realidad respecto a la subida en 1,5 grados de la temperatura, ante la evidencia de que el cambio climático ha comenzado, ante la evidencia de los fenómenos meteorológicos extremos, los desastres naturales y el hecho de que afectan y van a afectar más a los más débiles en el planeta solamente cabe la acción. Pero la acción no es la palabra, la acción son las políticas: las nuevas políticas de transición energética, haciendo posible un ritmo acorde con las necesidades para contener y revertir el cambio, las políticas de transición ecológicas en términos de movilidad tanto urbana como de transportes, en términos de los gigantescos procesos de urbanización que están ocurriendo y en términos de una nueva fiscalidad verde, son las políticas que hay que poner en pie ante uno de los retos más formidables para la humanidad hoy.

-Y finalmente, adaptarse al envejecimiento. No es difícil imaginar un futuro en el que un 30 o un 40% de la población tenga más de 65 años, y donde el 50% de los niños nacidos ahora alcancen los cien años de vida. De aquí se derivan importantes restricciones respecto a los presupuestos en el futuro.

Quizás el único mérito de esta humilde reflexión no sea otro que llamar la atención sobre que para reconstruir el contrato social se ha de tener en cuenta estos cinco aspectos ineludibles. Por lo demás, lo que aquí se dice no es sino un reflejo de lo que ya hoy las grandes instituciones económicas internacionales, como el FMI o la OCDE, comienzan a explorar, iniciando así el cambio de paradigma en el que se está embarcando ya nuestro sistema económico. Profundizar en estas cinco dimensiones es la gran tarea de largo plazo que tiene en nuestros días la política.

Manuel Escudero es Secretario de Política Económica y Empleo del PSOE y Embajador de España ante la OCDE