Europa debe evitar otra guerra comercial que no beneficia a nadie

Este nuevo conflicto no es una agresión unilateral de EE UU, sino la consecuencia de una condena de la OMC contra Europa

La guerra de aranceles en que está inmersa la economía mundial ha dejado de ser un riesgo externo para España para convertirse en una amenaza real e inmediata. La decisión de Donald Trump de imponer a Europa aranceles del 10% sobre los aviones Airbus y del 25% sobre varios productos agroalimentarios golpeará directamente a la economía española con una factura de más de mil millones de euros anuales. Además de la industria aeronáutica, las exportaciones de aceite de oliva, vino, aceitunas y queso serán las partidas más afectadas por la decisión de EE UU, que entrará en vigor a partir del 18 de octubre y cuyo grueso en España recaerá sobre Andalucía. Para poder hacerse una idea del roto que esta nueva tanda de aranceles hará a los productores españoles basta recordar que España exportó a EE UU en 2018 mercancías por valor de 12.791 millones, de los cuales cerca de 2.000 correspondieron a productos agroalimentarios.

Los agricultores se quejaban ayer con indignación de tener que pagar una vez más la cuenta de “una guerra comercial de la UE que no tiene nada que ver con el campo español”, y no les falta razón. Este nuevo episodio de batalla arancelaria no constituye una agresión comercial unilateral por parte de EE UU, sino que se ampara jurídicamente en una condena de la OMC contra Europa por haber suministrado durante años ayudas públicas ilegales a Airbus. La decisión del organismo, hecha pública ayer, autoriza a Washington a imponer a la UE sanciones por valor de 7.000 millones de dólares anuales en compensación por estos subsidios. El peso de la respuesta de EE UU recaerá además de sobre España, sobre Francia, Alemania y Reino Unido.

La UE respondió ayer al anuncio de los aranceles de EE UU lamentando la decisión y señalando a los consumidores como los grandes perjudicados. Sin duda Bruselas tiene razón al denunciar que serán los ciudadanos y las empresas los que más perderán en este nuevo conflicto, pero no hubiese estado de más que también realizase un ejercicio de autocrítica respecto a una situación sobre la que tiene responsabilidad directa. La UE ha incumplido dolosamente y durante años las normas de comercio de la OMC al suministrar unas ayudas al sector aeronáutico que rompen las reglas de juego que los países deben respetar, y tendrá que compensar a EE UU por ello. Pero esa compensación debería canalizarse a través de una negociación serena entre ambas partes en lugar de adoptar la forma de un nuevo episodio de guerra de aranceles que no beneficiará a nadie y en la que todos tenemos mucho que perder.