El dilema de los inversores ante la incertidumbre política y económica

Más cautela de la habitual, con refugio en empresas sin deuda, con beneficio recurrente contrastado y generosidad en el dividendo

Ya hemos advertido aquí de que no hay que dar por bueno el augurio determinista de que en 2020 o en 2021 (o por qué no este mismo año) habrá una crisis económica severa, y que empezará en EE UU. Es cierto que la que todavía es la primera economía del mundo acumula un periodo de longevidad en su actividad desconocido, y que tradicionalmente se quiebra por el encarecimiento de la financiación que las autoridades monetarias activan para secar la inflación que es connatural al crecimiento económico. Puede que haya una crisis en los próximos trimestres, de hecho los propios mercados financieros parecen barruntarla con un trasvase masivo de dinero desde las acciones de las compañías cotizadas a los bonos soberanos y otros valores refugio. Pero si tal cosa ocurre no será esta vez por la inflación, sino por otras circunstancias sobrevenidas y precipitadas por decisiones políticas, como la guerra comercial abierta entre EE UU y China, que ya tienen efectos paralizantes para la economía, y que terminará contaminando a todo el planeta. A fin de cuentas, es un detonante de la crisis como otro cualquiera.

Lo que si parece cierto es que las medidas preventivas de los bancos centrales son más intensas y más generalizadas que en otros episodios críticos; parece que este vez nadie les cogerá por sorpresa, y ya han puesto la maquinaria expansiva en funcionamiento. Bajadas de tipos de interés para activar el crédito y rebajar las facturas financieras de las empresas no financieras; disponibilidad absoluta de liquidez para que la banca no frene la circulación del dinero como en la crisis de 2008; compra de deuda a mansalva para limpiar balances bancarios y forzar reducciones adicionales de tipos; compra de acciones si es menester; etc.

Si estas medidas funcionan, y tal parece desde que únicamente se han anunciado en el caso de Europa, bien podría ocurrir que hubiese un alto en el ciclo alcista de la actividad para retomar la fortaleza después. Pero bien es cierto que puede depender todo de la intensidad que el presidente Trump quiera imprimir a la guerra comercial, con el riesgo de derivar en una peligrosa guerra de divisas, o de la fórmula que los británicos quieran aplicar para independizarse de la Unión Europea, o de la voluntad de los italianos de enredarse en los populismos. Todo el mundo está avisado. Y no puede descartarse ningún escenario, aunque aquí apostamos por que la sangre no llegará al río. En todo caso, para invertir, más cautela de la habitual, con refugio en empresas sin deuda, con beneficio recurrente contrastado, generosidad con los accionistas en el dividendo, y con barreras de entrada en su mercado. Y esperar. Y ver.

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