Rodríguez de Vera, bodegas boutique con alma viticultora

El grupo, que abarca las DO Almansa, Jumilla, Méntrida, Utiel-Requena y Alicante, prepara una línea de vinos 100% natural

Bodega Rodríguez de Vera

Una pequeña bodega con viñedos singulares en parajes especiales. Que respeta la tipicidad de cada zona, lo que marca la personalidad de sus vinos: fuertes, frescos, elegantes, complejos y equilibrados, con mucho cuerpo, verticalidad y longitud...

Una bodega que cuida con mimo y esmero el terruño, el cultivo de la vid, la tradición familiar por excelencia desde hace siete generaciones, garantía de su calidad. Amante de las viñas centenarias repletas de variedades autóctonas, otro de sus rasgos distintivos.

La firma trabaja con la Universidad de Valencia en la recuperación de uvas autóctonas en su viña del Pinaret

Dedicados por completo al campo, no fue hasta 2007 cuando Pepe Rodríguez de Vera, propietario y enólogo, se planteó: “¿Por qué no vamos a hacer nuestro vino si las mejores bodegas buscan nuestra uva?”. Entonces comenzó el gran salto hacia la elaboración, de manera experimental, en la DO Almansa, en Chinchilla de Montearagón (Albacete).

“Empezamos en el garaje de casa sin tener ni idea. El primer año hicimos un vino desastroso que terminamos tirando porque no teníamos práctica ni experiencia”, confiesa. Así, aprendiendo de los errores, rectificando y con formación –primero, trabajando durante un año con un enólogo de la zona y, después, tras cursar un máster en enología en Madrid– pudo lanzar oficialmente el proyecto en 2010.

La finca Casalta, en el municipio albaceteño de Chinchilla de Montearagón.
La finca Casalta, en el municipio albaceteño de Chinchilla de Montearagón.

A partir de entonces, Bodegas Rodríguez de Vera ha crecido en producción, 150.000 botellas en total, y ha ampliado su negocio con la adquisición de tierras en otras denominaciones de origen. En conjunto poseen 44,5 hectáreas repartidas entre la DO Almansa, con 22; la DO Jumilla (Murcia), con 7; la DO Méntrida (Toledo, Castilla-La Mancha), con 5; la de Utiel-Requena (Valencia), con 4,5, y la de Alicante, recién comprada, con 6.

“Cada zona la bautizamos con un nombre diferente. El proyecto de Almansa se llama Rodríguez de Vera, la madre de todo, y del que nace el nombre del grupo que es el paraguas de las diferentes bodegas boutique que lo conforman”, explica.

Imagen de la viña del Pinaret, en Alicante.
Imagen de la viña del Pinaret, en Alicante.

En el paraje albaceteño, a 1.000 metros de altitud, se producen los vinos Rodríguez de Vera tinto (60% merlot, 15% cabernet sauvignon, 15% syrah y 10% garnacha tintorera) y blanco (chardonnay); Jumenta (60% merlot, 40% syrah y 40% garnacha tintorera), Jumenta Rosé (pinot noir) y Sorrasca (petit verdot).

Sobre este último (18,95 euros), Pepe Rodríguez de Vera comenta: “Es uno de los que les tenemos más cariño; empezamos con él y es el que más éxito nos ha traído [10 premios]. Sale de una parcela única de una hectárea de tierra caliza, a 1.000 metros de altitud”.

Dos botellas de edición limitada de la DO Almasa.
Dos botellas de edición limitada de la DO Almasa.

El proyecto de Jumilla se denomina Pituco Viticultor, de donde emana el Pituco Paraje las Zorreras (monastrell) y el Pituco MST (50% garnacha tintorera, 25% monastrell, 25% syrah). El de Méntrida, Atalaque, con caldos de nombre homónimo tintos (garnacha tinta) y blancos (moscatel). Pero el de Utiel-Requena, que se conoce como Bobalicius, y el de Alicante, El Pinaret, están en marcha, con lanzamiento de producto previsto para mediados de 2020.

Si hay un vino sublime es el Matacán, “el más especial pero también el más caro [180 euros]. Es la excelencia de lo que hacemos”, dice orgulloso. Se trata de la selección de la mejor barrica, que sale cada cinco o seis años de cualquiera de sus DO: puede ser de Almansa, de Jumilla..., e incluso blanco, precisa.

Exploramos territorios en busca de viñedos viejos singulares, respetando la tipicidad de cada uno

Pepe Rodríguez de Vera, propietario y enólogo

O el Garnacha Tintorera de Baja Extracción y Alta Extracción, dos vinos experimentales de edición limitada (35 y 31,42 euros) elaborados de forma distinta, pese a que vienen del mismo viñedo (una parcela de 60 años de la DO Almansa) y de la misma variedad de uva. “El primero es muy elegante, muy borgoñón; y el segundo, muy robusto, con mucho cuerpo y concentración”, describe.

La bodega, con seis empleados y una facturación en torno a 700.000 euros, está inmersa en otra iniciativa. En El Pinaret, la parcela recién adquirida, colabora con la Universidad de Valencia para rescatar variedades de uvas autóctonas perdidas, como la esclafagerre, forcallat blanco, valencí negre, arco o gustico de Elche, en viñedos antiguos –de más de cien años– del Parque Natural de la Mata-Torrevieja. La intención es crear su primera rama de vinos tintos y blancos 100% naturales (sin aditivos químicos), así como en el interior de Villena (Valencia).

En boca y nariz

Pepe Rodríguez de Vera, propietario y enólogo.
Pepe Rodríguez de Vera, propietario y enólogo.

Descripción. “Tratamos de transmitir a la botella, de la forma más honesta posible, lo que encontramos en el viñedo, manifiesta Pepe Rodríguez de Vera, preguntado por las características organolépticas de sus vinos. Y pese al nexo que mantiene entre las DO, defiende al máximo la tipicidad del viñedo.

Personalidad. “Unas zonas tienen más fruta [recuerda a la roja o la negra], otras menos; unas son más ligeras, otras más fuertes; unas tienen más acidez, otras son más alcohólicas... Generalizarlo es complicado”, admite. “Tanto en Almansa como en Jumilla predomina la frescura por la altitud (1.000 metros)... Son vinos preparados para envejecer en botella durante mucho tiempo, manteniendo su viveza y longitud”, concede.

“Exploramos territorios en busca de viñedos viejos singulares para vinificarlos por separado y hacer una nueva línea siempre con la tipicidad de cada zona. El viñedo es lo más importante porque el 90% de la calidad de nuestra elaboración depende de la viticultura, que la llevamos nosotros. A partir de ahí, empezamos la vinificación en la bodega de un amigo o en un espacio alquilado cercano a la viña. Y cuando el proyecto comienza a rodar, construimos al cabo de unos años una bodega pequeñita”, relata el enólogo, como parte de su filosofía.

Esta pasión vitivinícola, que brota de una larga tradición familiar de viticultores, no termina en estas lindes. Rodríguez de Vera estudia en un futuro su desembarco en puerto atlántico, en Gran Canaria.

Tienda con club privado de degustación, el escaparate en Madrid

Su vino más premiado, Sorrasca, en The one wine. rn
Su vino más premiado, Sorrasca, en The one wine.

Una cosa es la producción y otra, la comercialización. Para los amantes de un buen tinto, blanco o rosado, Rodríguez de Vera cuenta con una tienda en Madrid, The One Wine (calle de Manuel Cortina, 1), un rincón único, cálido, afable y familiar donde degustar sus vinos, pero también las cosechas de otros productores pequeños y artesanales –casi desconocidos– como ellos.

“Es la embajada de la bodega en Madrid. Tenemos un club privado de degustación donde hacemos presentaciones propias y de otros productores, saliéndonos de las grandes marcas, de los grandes volúmenes. Y un espacio de tienda con vinos de todo el mundo que se pueden comprar o probar allí al mismo precio sin cobrar descorche”, expone Pepe Rodríguez de Vera, propietario y enólogo.

Un lugar que es hoy el escaparate madrileño de su marca, pero también el corazón, “la madre”, de su canal de distribución para la restauración y establecimientos especializados (tiendas gourmet o enotecas; no se vende en grandes superficies).

Gracias a sus socios, The One Wine está en Hong Kong y Shenzhen (China), en Londres, Lima y Gran Canaria. La empresa contempla ampliar esta red a Bélgica, Holanda, Luxemburgo y las islas Caimán.

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