Pequeños gigantes

Vinos albariño con mucho recorrido

La trayectoria de Lagar de Pintos, bodega familiar de Ribadumia, en las Rías Baixas, se inserta en la historia del mundo rural gallego del último siglo.

Lagar de Pintos
La casa de los Pintos es paradigma del respeto de esta familia de viticultores por la tradición, la arquitectura, el paisaje y, por encima de todo, las viñas, la uva y el vino.

En la casa que la familia Pintos posee desde 1887 en Ribadumia (Pontevedra), en pleno corazón del valle del Salnés, se ubica la bodega Lagar de Pintos. Una casa que para esta familia sigue siendo paradigma de su respeto por la tradición, la arquitectura, el paisaje y, por encima de todo, las viñas, la uva y el vino.

Después de todo, si algo caracteriza a este valle situado al lado de uno de los tres grandes ríos del albariño, el Umia, son sus tierras verdes pobladas de viñedos y arquitectura popular.

Nada más adentrarse en la propiedad se percibe la perfecta armonía de sus construcciones, de la piedra, sobre la que se ha ido marcando el paso de los tiempos, y el paisaje que la envuelve.

Barricas
Barricas en la bodega de Lagar de Pintos.

Y es que la trayectoria de esta bodega, amparada por la Denominación de Origen Rías Baixas, en el extremo occidental europeo de uno de los teóricos círculos mágicos que rodean la Tierra, el paralelo 42 norte, es la historia del mundo rural gallego del último siglo, de unos tiempos en los que imperaban las economías de subsistencia y la vid era tan solo un cultivo más.

“En los años cuarenta y cincuenta del siglo pasado, mi abuelo comenzó a centrarse en la elaboración de vino. Reconvirtió las fincas en plantaciones de vid, empezó a embotellar y a vender vino. Más tarde, ya en los años ochenta, mi padre, producto de su tiempo, asumió e incorporó la transformación tecnológica que entonces empezaba a experimentar el mundo del vino y le dio a la bodega la imagen que hoy tiene”, afirma Marta Castro-Pintos, enóloga.

En la actualidad, ella está al frente de la bodega junto a su hermana Carmen, encargada de las finanzas. Pepe Castro Pintos, el padre, ha dejado en manos de sus dos hijas la dirección de la empresa, aunque sigue activo ejerciendo de gerente. A él le consultan las decisiones más relevantes. “Mi padre sigue activo, pero más relajado. Nos deja tomar decisiones a mi hermana y a mí de manera muy autónoma”, asegura.

En toda Galicia, y sobre todo en la zona de las Rías Baixas, la mujer tiene una participación muy importante en la actividad agrícola. Sin embargo, “al frente de una bodega, como cabeza visible de la misma, no hay muchas. Lo que no es nada extraño es encontrarse con mujeres trabajando en los procesos de elaboración del vino. Hay bastantes”, afirma Marta Castro-Pintos. Y resalta: “Mi hermana y yo no nos hemos encontrado con obstáculos por el hecho de ser mujeres”.

Blancos, un tinto joven y licores

Albariño
Lagar de Pintos produce básicamente vinos de la variedad albariño.

Lagar de Pintos comercializa tres marcas de la variedad albariño: Lagar de Pintos, Castiñeira y Vizconde de Barrantes, y un tinto joven, Bancales dos Mosteiros, 100% mencía, criado en la DO Ribeira Sacra.

Además, elabora aguardientes y licores bajo la DO Aguardientes de Galicia. El grado alcohólico de los blancos oscila entre los 11 y los 11,3.

En el caso de Lagar de Pintos, son ya varias las generaciones que han participado de una misma filosofía a la hora de entender la bodega y el trabajo en las viñas.

La empresa sigue siendo un negocio familiar enfocado en los vinos de calidad.

“Tenemos viñedo propio, una historia que nos avala, sabemos cómo elaborar vino, lo sentimos, lo llevamos dentro... Yo digo siempre que esto es un negocio, pero que por encima de todo es un estilo de vida: naces aquí, creces aquí, pero estamos de paso en la tierra. Podemos ser dueños de la bodega, de sus instalaciones, pero no somos dueños de la tierra, y si mis abuelos la dejaron así, nuestra misión y responsabilidad es cuidarla para que esto continúe y pase a la siguiente generación”, resalta Castro-Pintos.

Y es que en los viñedos se encuentra la esencia de Lagar de Pintos.

“Ellos atesoran nuestras señas de identidad y en ellos se concentra, por tanto, nuestro trabajo. De ellos nace la personalidad de nuestros vinos, a ellos les deben la originalidad de sus matices. Son viñedos tratados con escrupuloso respeto y siempre con el compromiso de no poner en peligro el equilibrio con el entorno”.

La enóloga añade que en Lagar de Pintos trabajan todos los días para resaltar la variedad de las uvas y albariños y las peculiaridades de la zona en la que se cultivan.

“El suelo granítico y el clima marcan la personalidad de nuestros vinos; también el mar, estamos al lado, nuestros vinos son atlánticos. E intentamos por todos los medios trasladar a los consumidores esas sensaciones: la frescura y la fruta de unos vinos que aguantan el tiempo y que tienen unas bocas sutiles y elegantes. Este es, desde luego, nuestro máximo empeño”, concluye Marta Castro-Pintos.

Eliminar trabas y cambiar clichés establecidos

Marta Castro-Pintos
Marta Castro-Pintos, enóloga, y su hermana Carmen, encargada de las finanzas, están al frente de la bodega.

Cuesta admitir que el vino blanco pueda aguantar el paso del tiempo, que las añadas no correspondan al año en curso, se lamenta Marta Castro-Pintos. “Todavía tenemos que luchar contra muchas trabas establecidas que no son ciertas. El buen vino blanco aguanta, puede tener cuerpo y estructura como un tinto, se puede guardar...”, sostiene. Es decir, “tenemos que romper muchos clichés, en particular, el que más me horripila: que el blanco es un vino de mujeres”, añade.

No obstante, asegura que se está en la dirección correcta para modificar estas ideas preestablecidas y muy extendidas. “Hace 15 años era prácticamente imposible elaborar y vender vinos blancos de guarda, pero ya lo vamos consiguiendo. Vemos que los blancos, a los que envejecemos y proyectamos para que aguanten el tiempo, aunque muy lentamente, van abriéndose camino”. Lo interesante, subraya, es que está cambiando la idea predominante de que el vino blanco no tiene recorrido.

Marta Castro-Pintos lamenta que en España, un país netamente vinícola, mucha gente no haya entrado nunca en una bodega. Lagar de Pintos abre sus puertas a quienes quieran visitarla. “Organizamos diferentes tipos de visita: una básica, que da a conocer la bodega pero sin profundizar demasiado, y otra dirigida a quienes quieren empaparse del mundo del vino o pasar un día de vendimia”, precisa.

Datos básicos

Emparrado
El emparrado es habitual en las Rías Baixas, ya que ayuda a evitar los efectos de la humedad en las uvas.

Minifundios
Galicia es tierra de minifundios. También la viticultura se cultiva en parcelas de pequeñas superficies, en las que las plantas se emparran para evitar las enfermedades provocadas por las intensas lluvias que caen a lo largo del año debido al clima atlántico. Otro detalle importante es la cubierta vegetal del terreno, que ayuda a controlar las reservas hídricas.

Facturación
Lagar de pintos factura en torno a un millón de euros al año y embotella un total de 200.000 litros anuales, de los que el volumen más grande corresponde a vino joven. La exportación supone un 8% de esa producción. Su mercado es regional y, sobre todo, nacional. Los precios en tienda oscilan entre los 7 y los 25 euros.

Ruta enoturística
Las bodegas asociadas a la Ruta del Vino Rías Baixas recibieron la visita de 83.287 personas en 2015. El número de visitantes que eligieron este itinerario enoturístico se ha incrementado un 78% en los últimos cinco años. Para conocer Lagar de Pintos hay que reservar a través de la página web de esta ruta (www.rutadelvinoriasbaixas.com), a la que pertenece, o bien directamente en la web de la bodega (www.lagardepintos.com).

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