La disputa tecnológica lleva la guerra fría a la economía

La tecnología es hoy la más eficaz herramienta de penetración en los mercados y en la vida de la gente, y precisa de rigurosas reglas de conducta exquisitamente atendidas.

La decisión del presidente norteamericano, Donald Trump, de incluir a la compañía china Huawei en la lista negra de cuantas empresas no pueden comerciar con los Estados Unidos aduciendo supuestas razones de ciberseguridad nacional, puede interpretarse como el pistoletazo de salida de una descomunal guerra tecnológica en la que pierden las empresas, los ciudadanos y los Estados. Pero puede interpretarse también como un eslabón más de la cadena de choques de la guerra comercial que China y Estados Unidos libran desde que Trump aseguró en el discurso nacionalista de su toma de posesión que pondría siempre a América primero.

 Washington tiene en el punto de mira al gigante chino de la tecnología desde el minuto uno, por entender que en ese mercado está en juego quién dominará el futuro con la tecnología 5G, en la que Huawei lleva cierta ventaja. Su argumentario, anclado en supuestas consideraciones de seguridad nacional, tiene acogida por la naturaleza autoritaria del Estado chino, y por las porosas relaciones entre este y las empresas del país; pero aunque parezca un contrasentido por lo que supone de cierre del mercado, no es descartable la presión que las multinacionales tecnológicas americanas, con un uso no menos difuso en materia de seguridad y privacidad de la clientela, hacen ante la Casa Blanca para poner trampas a Huawei.

La reacción inmediata de Google de darle contenido a las decisiones de Trump, cortando toda relación comercial con el gigante chino, supone que los nuevos terminales de Huawei no podrán en lo sucesivo actualizar el sistema operativo Android, con el que trabajan casi en exclusiva, ni podrán descargarse aplicaciones, ni incorporar a los nuevos smartphones las ya existentes de Google Play Store o Gmail. Ello obligará a la empresa asiática a buscar un código operativo alternativo, para el que asegura disponer de plan b. Disponga de él o no, la incomodidad para los usuarios de sus terminales ya es un hecho, que puede agravarse si China y sus empresas replican la medida de Google y se desata entre fabricantes de componentes, sistemas operativos y terminales una guerra creciente de vetos. Los expertos hablan de la creación irresponsable de un telón de acero tecnológico 2.0 si no se frena esta escalada que responde a jugosos intereses económicos, azuzados por ligerezas políticas. A nadie se le escapa que la tecnología es hoy la más eficaz herramienta de penetración en los mercados y en la vida de la gente, y que precisa de rigurosas reglas de conducta exquisitamente atendidas. Si hay buena voluntad política pueden acordarse para ser respetadas, maximizando competencia, comercio abierto y libre elección.

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