¿Cuándo usar un fármaco para bajar el colesterol?

Las estatinas están indicadas cuando hay un alto nivel de grasa en la sangre

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El grupo de enfermedades del sistema circulatorio (las isquémicas del corazón, como infartos o angina de pecho, y las cerebrovasculares) sigue siendo la primera causa de muerte en España, y va en ascenso. En 2017, los decesos por este motivo se incrementaron un 2,2% respecto al año anterior, según los últimos datos publicados por el INE.

Una dolencia que se asocia a la hipercolesterolemia (elevada cantidad de grasa buena y mala en sangre, mayor a 250 mg/dl), especialmente en los casos de cardiopatía isquémica, cuya prevalencia es del 41% en los españoles de 35 a 74 años, señala el doctor Jordi Vilaseca Canals, especialista en medicina familiar y comunitaria de l’Hospitalet de Llobregat, en un artículo publicado en la revista AMF de la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (Semfyc).

La dieta y el ejercicio es la receta médica más eficaz aun con medicación

Por norma, los cambios de hábito alimentario (dieta mediterránea), la incorporación del ejercicio físico y dejar de fumar (si así fuere) es la recomendación médica que prima frente al uso de fármacos, sobre todo en pacientes con bajas probabilidades y sin antecedentes patológicos previos. Un esfuerzo de seis meses –el plazo que otorga el facultativo– que, en muchas ocasiones, se incumple.

¿Cuándo se justifica entonces la toma de un medicamento? “Depende de la característica de cada individuo. Está indicado si ha sufrido un infarto, independientemente de cómo esté el colesterol. Si tiene diabetes y el malo [LDL] está por encima de 100. Mientras que en pacientes con bajo riesgo, que no tienen enfermedad de ningún tipo, la indicación se justifica si es superior a 100”, explica el doctor Antonio Pérez, coordinador del grupo de trabajo de lípidos y riesgo cardiovascular de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SENN).

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Las estatinas son la familia de medicamentos más prescrita en todo el mundo, la primera elección en diagnósticos de hipercolesterolemia, incluida España, donde también recurren a la simvastatina o atorvastatina. Sin embargo, en general, diversos estudios alertan de sus efectos secundarios, específicamente cuando el tratamiento incluye dosis altas.

Dolores musculares “menores” y, “menos frecuente”, toxicidad hepática, sonrojo, diarrea o cálculos biliares son algunos de los efectos adversos ya conocidos. A esto se suma la reciente posibilidad de sufrir diabetes tipo 2, la más común (el 90% de los enfermos la padece, mayores en general, según Pérez), tras el estudio Jupiter de 2010 que probaba la eficacia de la potente rovastatina.

El riesgo-beneficio de las estatinas está en discusión, ya que se asocia a la aparición de diabetes en los pacientes que toman dosis elevadas

“Intervienen muchos factores. El mecanismo no es bien conocido. Algunos estudios sugieren que aumenta la resistencia del cuerpo a la insulina, es decir, se requiere más de esta hormona para obtener los mismos efectos, o bien que disminuye su producción. Lo que sí está claro es que esto ocurre en personas ya con riesgo de desarrollar diabetes: obesas, con prediabetes o mayores”, aclara.

Actualmente, hay un debate en torno a su riesgo-beneficio por su extendido uso en la población. “Son fármacos que han demostrado en múltiples estudios disminuir la probabilidad de infartos y otras enfermedades vasculares, en especial en pacientes con patología cardiovascular previa o diabéticos con predisposición elevada”, arguye Vicente Arrarte, presidente de la sección de riesgo vascular y rehabilitación cardiaca de la Sociedad Española de Cardiología (SEC).

Pero admite dicha relación. “Es verdad que, en algunos casos, se ha descrito una ligera predisposición a debut diabético en la mayoría de las estatinas, pero bien empleado y prescrito, los riesgos son claramente menores que las ventajas”, sostiene. El doctor Pérez, de la SEEN, también los defiende. “Sigue siendo un fármaco muy seguro y eficaz, sus beneficios superan con mucho los riesgos”, sentencia.

Los médicos apuntan que esta “mala publicidad” ha ocasionado también un efecto nocebo: que los enfermos le atribuyan síntomas adversos al medicamento por las expectativas negativas que ya tienen y abandonen la terapia por ese miedo injustificado.

Panorama

Administración. Como sucede con la aspirina o el omeprazol, no se debe universalizar el uso de las estatinas sin indicación, sugiere Vicente Arrarte, presidente de la sección de riesgo vascular y rehabilitación cardiaca de la Sociedad Española de Cardiología (SEC). “Mal empleado, puede dar más problemas que beneficios. Es un fármaco, no una opción alimentaria”, afirma.

Concienciación. La educación sanitaria es clave. El enfermo ha de concienciarse porque, de hecho, el medicamento no funciona por sí solo. “Cuando se trata de un paciente de estas características, es esencial la dieta y el ejercicio tome o no fármacos. Especialmente si ya sabemos que pueden tener una mayor probabilidad de sufrir diabetes. Es la medida más eficaz de prevención”, asegura Antonio Pérez, coordinador del grupo de trabajo de lípidos y riesgo cardiovascular de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SENN).

Nuevas moléculas. Pérez menciona la pitavastatina, la última incorporada, que “parece que tiene un efecto algo más neutro” respecto a las reacciones secundarias citadas. Pero, dice, falta información y se espera la confirmación de este planteamiento. Los llamados anticuerpos monoclonales, como alirocumab o evolucumab, son otros innovadores ya disponibles que se usan solos o combinados con las estatinas.

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