Ángel Ubide: “Se está exagerando el miedo al aumento de la deuda pública”

Prefiere hablar de moderación del crecimiento económico a desaceleración

Considera que en la próxima crisis habrá que coordinar más la política monetaria con la fiscal y pone como ejemplo a Japón

Ángel Ubide
Ángel Ubide, director de Estudios Económicos de Citadel.

Hace más de tres años era el asesor económico de Pedro Sánchez. Si el actual presidente del Gobierno hubiera pactado entonces con Unidos Podemos, puede que Ángel Ubide se hubiese convertido en ministro de Economía. A pesar de todo lo que ha llovido desde entonces, el asesor de Estudios Económicos del hedge fund Citadel no considera que Sánchez se haya desviado de su camino.

Con respecto a las polémicas inversiones del fondo para el que trabaja, uno de los principales inversores bajistas de la Bolsa española, prefiere no hablar, su campo es otro, el de la macroeconomía mundial. Y acerca de la situación actual y de las nubes que acechan en el horizonte, que hacen que muchos vean una nueva crisis a la vuelta de la esquina, acaba de publicar La paradoja del riesgo, un libro sobre las medidas que cree que se deberán tomar en la próxima recesión.

El Fondo Monetario Internacional y otras instituciones ya han alertado de una ralentización económica a nivel mundial. ¿Considera que se trata solo de una desaceleración o estamos ante una nueva recesión?

La palabra ralentización, aunque es correcta, no me gusta. Estamos ante una moderación del crecimiento. Los últimos dos años estuvo por encima del crecimiento potencial y lo que estamos viendo ahora es una moderación hacia unas tasas sostenibles.
Es cierto, por supuesto, que estamos creciendo un poco más despacio pero es completamente lógico, sobre todo en el caso de la zona euro, donde hasta 2017 hubo unos vientos de cola bastante importantes: el efecto de la depreciación del euro, de la caída de tipos de interés, del recorte del petróleo y unas políticas fiscales que eran medianamente expansivas en la mayoría de los países.

A pesar de todo, la Reserva Federal de EE UU ha cambiado su hoja de ruta y el Banco Central Europeo podría hacerlo.

Me parece lógico. Si el plan hace un año era “vamos a ver cuánto dura este proceso de crecimiento fuerte”, es lógico que tuvieran una senda de tipos de interés en la cabeza. La Fed ahora ha visto la moderación de crecimiento y se ha adaptado. Al BCE le ha ocurrido lo mismo: adoptó una posición a mitad del año pasado de que los tipos de interés no iban a subir hasta, por lo menos, final de este verano, y va a tener que ver si es adecuado o si hay que retrasar un poco las alzas de tipos. Y no pasa nada. Lo importante es que actúen en consecuencia.

¿Cómo ve la situación de España?

Dentro de la zona euro, la desaceleración ha sido mucho más acuciada en Alemania, Italia o Francia. España está en una posición bastante buena y no veo razones que nos lleven a pensar que esto no va a continuar. Los problemas políticos que tiene Italia no son comparables con los que tenemos aquí. No obstante, la incertidumbre política es algo a lo que nos tenemos que acostumbrar. Estamos viviendo un periodo en el que hemos visto una fragmentación del escenario político en la mayoría de países occidentales. Hay que aprender a convivir con la fragmentación política, que no es incertidumbre, sino una dinámica distinta.

Las empresas y familias españolas han reducido fuertemente su endeudamiento desde los niveles máximos de la crisis, pero el Estado no en la misma medida. ¿Estaría España en condiciones de afrontar una nueva recesión?

Creo que sí. Se está exagerando un poco el miedo al aumento de la deuda pública. Lo que hemos visto es una rotación de quién posee la deuda. Lo lógico es que si el sector privado se desapalanca, tengas una compensación en el sector público. Si se produce un desapalancamiento en el sector privado y el sector público a la vez también se desapalanca, acabas teniendo una situación más frágil. Lo importante es que se compense. Hubo una crisis, el sector privado se asustó, desapalancó y es lógico que el Estado absorbiera.
Ahora bien, este nivel de deuda habrá que gestionarlo en el futuro. En estos momentos los tipos de interés son muy bajos y es muy probable que sigan así durante un periodo de tiempo muy largo. Pero si la economía se acelera, la inflación aumenta y los tipos de interés suben, es cierto que el coste del interés de la deuda pública aumentará, pero también me imagino que será porque habrá habido un aumento del crecimiento y por tanto, se habrán elevado los ingresos y la situación presupuestaria no habrá empeorado. Es una cuestión de usar el juicio y el sentido común.

Su libro parte de la idea de que se deberán tomar decisiones más arriesgadas para afrontar la próxima crisis, ¿en qué sentido?

En el sentido de que pueden ser un poco distintas de lo que estamos acostumbrados. Imaginemos un escenario en el que los tipos de interés están en cero cuando llegue la próxima recesión. Si afrontas una recesión así, hay que plantearse que la política fiscal va a tener que ser uno de los instrumentos fundamentales para gestionarla porque a lo mejor con la política monetaria no va a ser suficiente.
Un ejemplo de ser valiente es decir: tengo la deuda alta, pero a pesar de esto, puedo todavía usar la política fiscal de una manera que estimule la economía, y si eso requiere una cierta coordinación con la política monetaria de tal forma que esta se encargue de que los tipos de interés no suban, pues que sea así. Es lo que ha hecho Japón en los últimos tres años: una coordinación más explícita entre la política monetaria y la fiscal. Hasta el año 2007 se consideraba una herejía, pero a lo mejor en la próxima recesión tenemos que plantearnos esta coordinación como algo necesario esa coordinación. Eso es a lo que me refiero con medidas arriesgadas: salir un poco de la zona de confort y empezar a plantearnos cosas que a lo mejor antes pensábamos que eran una barbaridad. Quién nos hubiera dicho hace 10 años que íbamos a tener compras de bonos que iban a durar años, tipos de interés negativos o la provisión ilimitada de liquidez a la banca desde los bancos centrales.

Fue asesor económico de Pedro Sánchez en 2015, entonces líder de la oposición. ¿Cómo ve las propuestas económicas presentadas en los últimos Presupuestos?

La situación de la economía no es la misma. Creo que los Presupuestos son buenos porque combinan de una manera bastante eficiente el apoyo al crecimiento, la reducción de la desigualdad y la disciplina fiscal, que son los tres pilares fundamentales. Fueron los componentes principales del programa que hicimos en el 2015 y lo siguen siendo ahora.

Los expertos han tildado la previsión de ingresos del Ejecutivo de muy optimista...

Bueno, eso se verá.

¿Considera que Sánchez se está alejando de los planteamientos de entonces para lograr el apoyo de Unidos Podemos?

No. Dentro de estos tres pilares, puedes debatir acerca de detalles sobre lo que quieres hacer pero no en las directrices generales.
Una de las cosas que debatimos bastante entonces y que se está haciendo ahora, aunque se le ha dado poca relevancia, es la auditoría del gasto. Se habla mucho de que estos Presupuestos van a tener más gasto pero se habla poco de que se está haciendo una auditoría del gasto que va a permitir el gastar mejor y poder gastar más.

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