Lo que viene tras el mercado único digital

La regulación de fenómenos como el blockchain y la e-alfabetización son nuevos retos

Lo que viene tras el mercado único digital
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La legislatura europea está en sus últimos meses. Durante los últimos cinco años, el desarrollo de la sociedad y la economía digital ha figurado entre las diez prioridades políticas de la Unión. Con el objetivo de completar la construcción del Mercado Único Digital, el Parlamento y Consejo de la Unión han adoptado más de treinta propuestas legislativas de la Comisión Europea en los ámbitos, entre otros, del comercio electrónico, contenidos digitales, telecomunicaciones, audiovisual, ciberseguridad y plataformas digitales. Se espera que con ello mejore el libre acceso a los productos y servicios digitales a lo largo de Europa para consumidores y empresas.

En el periodo que resta hasta mayo, las instituciones europeas tendrán aún que concluir las negociaciones de algunos expedientes legislativos de relevancia para la creación de un espacio digital común. Una de ellas es la adaptación de la normativa europea sobre derechos de autor a la era digital, que está siendo especialmente compleja. También está pendiente completar el nuevo marco de protección de datos personales con la revisión del marco de privacidad en las comunicaciones electrónicas. Igualmente, continúa el debate encaminado a crear un marco justo y transparente en las relaciones entre plataformas digitales y sus empresas usuarias. Son flecos importantes para alcanzar el Mercado Único Digital.

Aún finalizando las tareas pendientes, la consolidación del Mercado Único Digital necesitará de nuevos esfuerzos. Si la unicidad de mercado en la dimensión no digital lleva siendo una prioridad comunitaria desde el año 1992, la digitalización de la sociedad y la economía europea habrá de ser también una labor con dedicación preferente durante décadas. De un lado, el dinamismo de la innovación digital asegura una fuente inagotable de retos regulatorios de naturaleza global, y que sólo pueden ser abordados de modo efectivo desde el ámbito de la Unión. De otro, las instituciones comunitarias han de asentar las bases para una igualdad de acceso a las oportunidades y beneficios de la digitalización entre ciudadanos, empresas y territorios europeos a fin de evitar la creación de nuevas brechas económicas y sociales.

La próxima Comisión Europea habrá de hacer frente de modo perentorio al impacto regulatorio de las disrupciones tecnológicas que ya son una realidad: 5G, blockchain y la inteligencia artificial. En el ámbito de las redes y servicios de telecomunicaciones, obtener el mayor partido de las capacidades de 5G requerirá una revisión de los requisitos administrativos de despliegue así como un análisis de su compatibilidad con el principio de neutralidad de red. La aplicación multisectorial de blockchain dependerá de su adecuación al Reglamento General de Protección de Datos, de aparente contradicción conceptual. El despliegue generalizado de una inteligencia artificial centrada en las personas exigirá desarrollos regulatorios consistentes con los principios y valores de la Unión Europea.

Existen indicios preocupantes del aumento de la desigualdad en la Unión Europea en los últimos años, que ha coincidido con una fuerte crisis económica, pero también con el inicio del proceso de digitalización económico y social. Se extienden los miedos a la tecnología, que sólo pueden ser atajados con medidas que garanticen a todas las europeas y europeos la igualdad de oportunidades en el acceso a los insumos críticos de la revolución tecnológica: datos, capacitación y financiación.

La legislatura europea que se abre en mayo ha de profundizar en el desarrollo de un espacio europeo de datos. Establecidas las reglas de una libre circulación de datos personales y no personales en la Unión, la Comisión Europea habrá de actuar también para incentivar la creación de un mercado justo de los mismos. Del mismo modo, respetando las competencias de los Estados miembros, son necesarias acciones más decididas que las adoptadas hasta ahora para disminuir el 43% de europeos sin capacitación digital básica. Finalmente, los recursos económicos han de dejar de ser una barrera para el emprendimiento digital, explorando el uso de las herramientas del Marco Financiero Plurianual 2021-27 para facilitar la creación y escalado de start-ups impidiendo la pérdida en el vacío de la innovación.

En 2014, la Comisión Europea evaluó en 415.000 millones anuales la aportación de un Mercado Único Digital a la economía europea. Se han eliminado muchas de las barreras que entonces existían para hacer realidad esos beneficios, pero el próximo Ejecutivo comunitario habrá de vigilar y actuar temprano para que las nuevas disrupciones digitales no introduzcan nuevas diferencias regulatorias en la Unión. Sin embargo, difícilmente serán recogidos por Europa los frutos del Mercado Único Digital careciendo de las empresas y ciudadanía que aprovechen el nuevo escenario. Debe ser una prioridad reforzar el ecosistema digital europeo sobre las bases de un terreno de juego equilibrado en el acceso a los instrumentos de la digitalización.

Emilio García García es Ex presidente de ASTIC

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