Sin precedentes en los últimos sucesos de BBVA y Santander

Botín quiere pasar página y pretende presentar en febrero el plan estratégico.

No se puede pagar más de 52 millones a Orcel y racanear días después en el ERE que afectará a más de 3.000 empleados

La presidenta de Banco Santander, Ana Botín, junto al que iba a ser el nuevo consejero delegado, el italiano Andrea Orcel (i), y José Antonio Álvarez (d), consejero delegado que mantiene su cargo tras no fichar a Orcel
La presidenta de Banco Santander, Ana Botín, junto al que iba a ser el nuevo consejero delegado, el italiano Andrea Orcel (i), y José Antonio Álvarez (d), consejero delegado que mantiene su cargo tras no fichar a Orcel EFE

Lo sucedido en las últimas semanas en BBVA y Banco Santander no tiene precedentes (en el caso de BBVA lo ocurrido puede ser delito, y en el caso de Santander se limita a una negativa y criticable planificación). Círculos financieros, económicos en general o políticos aún no salen de su asombro. ¿Cómo es posible que uno de los bancos más grandes de Europa y casi del mundo, si se excluyen las firmas chinas, no tenía ya atado en septiembre pasado el fichaje del italiano Andrea Orcel, incluido el pago de su bonus, con UBS (donde era uno de los banqueros con mayor trayectoria y prestigio)? Es la pregunta que se hace todo el sector financiero. No es posible que una entidad del prestigio y peso de Santander no tuviera previsto cualquier mínimo detalle del fichaje del que iba a ser su nuevo consejero delegado antes de anunciar el 25 de septiembre a través de un hecho relevante su nombramiento.

Pues parece que sí, que todo es posible, si tenemos en cuenta el comunicado remitido por el banco a la CNMV y acordado por el consejo de administración. “También los grandes se equivocan y eso les hace más humanos”, argumentaba la semana pasada un directivo del sector justificando el gran desliz de Santander.

El problema es que esta falta de previsión ha agudizado aún más la crisis de imagen que azota al sector desde hace casi una década. Además, se produce días después de que se diera a conocer el caso de las escuchas telefónicas del excomisario José Manuel Villarejo por encargo de BBVA en 2004 a altos cargos, banqueros, periodistas y un sinfín de profesionales y personalidades, que tiene revuelto al mundo económico y político, y publicados por Moncloa.com y El Confidencial.

Pese a esta gran metedura de pata, lo cierto es que prácticamente todos los directivos y analistas consultados coinciden en ensalzar al hasta ahora, y parece que en el futuro, consejero delegado de Banco Santander, José Antonio Álvarez. “Me alegro de que continúe como número dos del grupo”, repetían varios ejecutivos del sector la semana pasada. El primero en decirlo públicamente ha sido Beltrán de la Lastra, presidente de Bestinver. “Creemos que Santander está mejor sin Orcel que con Orcel”, afirmó un día después de conocerse que Santander renunciaba a este fichaje al no estar dispuesto a desembolsar los más de 52 millones de euros acumulados en siete años por Orcel en bonus diferidos en UBS, banco que tampoco quiso hacerse cargo de su abono.

Puede que si la imagen del sector en general no estuviese tan deteriorada, o que el banco no tuviese que embarcarse en breve en las negociaciones de un fuerte expediente de regulación de empleo (ERE), el destino del banquero italiano hubiera sido el previsto, ser CEO de Santander.
Lo cierto es que el banco que preside Ana Botín iniciará en marzo las negociaciones para realizar su reestructuración derivada de la fusión de las redes de Santander y Popular, una vez que se haya finalizado la integración informática, y que está sufriendo un cierto retraso, ya que no será hasta marzo cuando finalice la última prueba piloto en Galicia.

Eso sí, no se han producido incidentes a destacar en esta integración. No hay quejas de los clientes.

Estas negociaciones, además, están condicionadas a la finalización de las elecciones sindicales en el sector de banca, que se celebran el próximo 13 de febrero. Sería muy complicado e inaudito anunciar a la plantilla de la entidad, y en general a la sociedad, el despido de más de 3.000 empleados y racanear en las condiciones, cuando se ha fichado a un banquero como si fuera una estrella de fútbol, con una prima de 52 millones de euros sin saber si es apto para el cargo (Orcel es un prestigioso banquero, pero de inversión) y sin haber dado aún ningún beneficio al banco. Esta es una de las argumentaciones que corren por los pasillos de la Ciudad Financiera de Santander.

Bueno, también es cierto que otras fuentes del banco mantienen que Orcel estaba dispuesto a renunciar a la mitad de su bonus. Por cierto, Ana Botín quiere dar al mercado una señal de aquí no pasa nada pese a no haber fichado a Orcel. De esta forma, puede que adelante la presentación del plan estratégico del banco para los primeros días de febrero, tal como estaba previsto antes de todo el lío del fracaso del nombramiento del nuevo CEO. Incluso en algún foro se habla de darlo a conocer casi vinculado a la presentación de resultados correspondientes a 2018 el próximo 30 de enero.

Mientras, hoy lunes está previsto que José Manuel Villarejo declare sobre el caso BBVA ante el juez, según comunicó su abogado, Antonio José García Cabrera, el jueves pasado. La expectación es máxima.

El foco también está puesto esta semana en la posible dimisión de Francisco González como presidente de honor de BBVA tras el mayúsculo escándalo de las escuchas. Las presiones vienen de todos los lados.

El Banco de España, con Pablo Hernández de Cos a la cabeza, lo mismo que la ministra de Economía, Nadia Calviño, han reclamado a las entidades financieras que contribuyan a tener “buena reputación” y a proteger la imagen del sector en su conjunto.

El gobernador, de hecho, pidió mejorar la reputación de la banca introduciendo medidas que mitiguen el riesgo de comisión de conductas inapropiadas. Estas medidas, introducidas en 2013 para cumplir con los criterios de EBA en el caso de la honorabilidad, son: conducta personal, comercial y profesional sin tacha; relación con las autoridades supervisoras; conocimientos y experiencia. Los hechos que podrían hacer a un miembro del consejo no idóneo son: posibles condenas y sanciones (teniendo en cuenta firmeza, gravedad y carácter de los hechos cometidos); investigaciones relevantes y fundadas, o posibles conflictos de interés.

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