Feo final para el banquero que presumía de ético

Varias fuentes mantienen que González presentará su dimisión como presidente de honor de BBVA

Francisco González, expresidente de BBVA
Francisco González, expresidente de BBVA Getty Images

El caso de las escuchas telefónicas del comisario José Manuel Villarejo por encargo de BBVA en 2005 a altos cargos, banqueros, periodistas y un sinfín de profesionales y personalidades tiene revuelto al mundo económico y político. Parece que el escándalo que ya ha levantado este caso, publicado por Moncloas.com y El Confidencial, no ha hecho más que empezar. Según vayan avanzando los días el suflé irá hinchándose hasta tamaños desproporcionados. Eso es lo que aseguran varias fuentes que, de alguna forma, conocen gran parte del contenido de las conversaciones grabadas por Villarejo.

Es curioso que BBVA iniciase una investigación sobre este caso en junio, unas semanas después de que aparecieran las primeras informaciones sobre el caso. Y también es curioso que ya desde julio del pasado año en el banco se especulase con la salida de Francisco González tras 22 años como presidente, primero de Argentaria (fue designado por José María Aznar para presidir ese banco público) y luego en BBVA.

González anunció que dejaría la presidencia de BBVA el 27 de septiembre, pero no fue hasta el 21 de diciembre cuando Carlos Torres Vila, junto a Onur Genç asumieron oficialmente los cargos de presidente ejecutivo y consejero delegado, respectivamente tras la comunicación del BCE de las autorizaciones correspondientes para asumir esos cargos.

El ya expresidente de BBVA abandonó su cargo un año antes de lo previsto. Podría haber continuado, según los estatutos de BBVA, hasta marzo de 2020, fecha en la que se celebraría la junta de accionistas para aprobar los resultados de 2019 en la que se podría haber despedido tras haber cumplido los 75 años en octubre del ejercicio anterior.

Pero para sorpresa del mercado, González adelantó su salida. Ahora puede conocerse la razón. El exbanquero, que se ha distinguido por su falta de empatía con sus homólogos, sin embargo, fue nombrado presidente de honor de la entidad, cargo que le permite disponer del avión privado del banco, de despacho, guardaespaldas y de chófer, además de otros privilegios. Pero ahora deberá dimitir de su puesto honorífico, lo que parece que hará esta semana (González consideraba que un consejero o directivo imputado o sobre el que recallera alguna sospecha debía abandonar el banco, aunque pudiese demostrar más tarde su inocencia), según coinciden varias fuentes.

Pese a que en algunos entornos, pocos es cierto, mantienen que lo que hizo González fue evitar que BBVA cayera en manos de Sacyr, una constructora que poco o nada sabía de banca, en una operación orquestada con políticos y empresarios. Esta puede ser la defensa de BBVA.

Triste despedida para el segundo banquero de este país. González siempre presumía de que tanto él como BBVA solo harían aquello que pudiera ser publicado. Presumía de ortodoxia, de ética y honorabilidad. Era muy normal que aprovechase las ruedas de prensa para lanzar mensajes destinados a sus rivales, sobre todo al Santander encabezado por Emilio Botín.

“Ahora, el presidente que siempre nos daba lecciones de ética es el que más tiene que callar. El que más tenía que esconder”, coincidían varios exdirectivos la semana pasada tras conocer los contenidos de las escuchas telefónicas.

El caso de las escuchas ha llegado hasta el Banco Central Europeo (BCE), y más en concreto hasta el Mecanismo Único de Supervisión (MUS), que no sale de su asombro, aunque se desconoce si analizará las consecuencias de este escándalo. “Sin comentarios”, contestó el viernes un portavoz del supervisor europeo. Varias fuentes financieras recuerdan los desprecios de González al BCE, institución al que nunca quiso asistir. La Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) sí ha decidido tomar cartas en el asunto ante las consecuencias para la entidad del caso.

Además, se esperan cientos de denuncias, algunas de ellas colectivas, provenientes de altos funcionarios o directivos a los que Villarejo espió sus conversaciones telefónicas. Incluso el propio banco podría querellarse contra González, como comunicó el jueves pasado, aunque desde que inició su investigación en junio no ha encontrado ningún indicio delictivo, apuntan fuentes del banco. El Gobierno también analiza el asunto, y en breve espera tener una respuesta al caso.

González siempre presumía también de no doblegarse a ningún gobierno. De hecho, no participó en la colocación de acciones de Bankia en su privatización, ni tampoco entró en el capital de Sareb (fue el único banquero que se negó). Ahora su discurso de principios parece que se ha vuelto contra él.

Fue el primer banquero que decidió encargar dos grandes retratos suyos estando en activo. Entonces su consejero delegado era José Ignacio Goirigolzarri. Un retrato lo colgó en la entrada del salón donde se celebraban los consejos de administración. El destino del segundo fue su casa.

Ahora, el banco deberá enfrentarse a una avalancha de querellas, con el consiguiente desgaste reputacional. De hecho, varios directivos de otras entidades financieras mantenían el viernes que el caso de las escuchas de BBVA suma una nueva y profunda puntilla para la ya maltrecha imagen de la banca, que encima coincide con el juicio por la salida a Bolsa de Bankia. “Estamos acostumbrados a ser los malos de la película. Hemos cometido muchos errores en el pasado y hemos comercializado productos que no debían haber sido vendidos, o por lo menos de la forma que lo hemos hecho. Pero hasta ahora el sector no se había enfrentado a un caso como este”, señala un directivo.

AEB junto a CECA han comenzado a buscar una agencia de comunicación para que les lleve la imagen, esa que ha perdido el sector. Al concurso abierto ahora se han presentado nueve agencias. Una de ellas será la elegida para intentar devolver la reputación a la banca. 

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