Un año turbulento para la economía global

De seguir así, estaremos allanando el terreno para una recesión

Theresa May y Donald Trump, en junio en Aylesbury (Reino Unido).
Theresa May y Donald Trump, en junio en Aylesbury (Reino Unido).

La incertidumbre se apodera de la economía global. Las continuas tensiones y los intereses sensacionalistas acechan una economía cada vez más ralentizada. De seguir así, estaremos allanando el terreno para una recesión, nada necesaria.

El crecimiento económico en el mundo sigue en aumento, a la vez que los niveles de deuda. La deuda global ya alcanza máximos históricos, llegando a superar el 300% del PIB mundial. Una deuda que no solo acecha al sector público, pues los excesivos niveles en el sector privado también amenazan y generan problemas.

En los últimos meses, hemos podido ver cómo Bruselas, así como otros organismos de envergadura, como el FMI, advertían sobre los problemas en los que se traduce este exceso de endeudamiento, tanto público como privado. Un volumen de deuda que amenaza un crecimiento económico que, a priori, se pronosticaba a buen ritmo.

En el caso del sector público, estamos viendo como el problema de deuda y déficit sigue generando problemas en muchos aspectos. Por ejemplo, el cumplimiento de unos presupuestos en los que se incluya un reajuste de estos excesivos niveles parece una tarea imposible. Es el caso de Italia, que atraviesa una difícil situación tras la negativa de Bruselas a aprobar sus presupuestos anuales.

Para la UE, España y sobre todo Italia plantean unos niveles de déficit inconcebibles para el organismo. Pese a esto, tras evaluar las propuestas presupuestarias que lanzaron ambos Gobiernos, Bruselas consideró que, ambas presentaban ciertas desviaciones que no alejaban a ambos países de la estrategia de reajuste pactada.

En el caso de España, Bruselas advirtió de los despropósitos y la falta de realidad y objetividad planteada por el Ejecutivo socialista. Unas conclusiones que sumaron más miedo e incertidumbre a un contexto económico completamente impreciso e incierto.

Además, simultáneamente, Reino Unido, con Theresa May a la cabeza, amenazaba con un Brexit sin acuerdo. Un Brexit sin acuerdo y que ponía en grave peligro a una economía como la británica. Una economía que, desde que se anunciaron los resultados del referéndum, no ha dejado de desacelerarse, llegando a poner en peligro la estabilidad inflacionaria, así como el valor de la libra esterlina.

Otros problemas acechan la economía global. Las dos principales economías del mundo continuan con una guerra comercial que no deja de acechar el buen ritmo de crecimiento que pronosticaba el organismo presidido por Christine Lagarde, el FMI. La confrontación de Donald Trump con los intereses asiáticos de liderar el comercio mundial afeaba una situación bastante tensa.

Gracias a la fuerte apuesta de China por el comercio global, ha conseguido convertirse en el motor de la economía global. En Estados Unidos, esta noticia no ha tenido tan buena acogida.

Más leña a un fuego de incertidumbres que amenazan la economía mundial, y que continúan reajustando –a la baja– las previsiones de crecimiento y que, por ende, anticipan una desaceleración que derivaría en una nueva depresión económica.

Como advirtió el Fondo Monetario Internacional a principio de año, las cosechas que estaban recogiendo las principales economías del mundo en materia de crecimiento ayudarían a reducir su gigante agujero de deuda.

Para colmo, no solo no se han planteado los reajustes, sino que la deuda no ha dejado de incrementarse, a la vez que la economía se desaceleraba por el bloqueo comercial impulsado por Estados Unidos.

En resumen, un conglomerado de incertidumbres que sucumben la economía a nivel global y que amenazan con cerrar el año de la manera más incierta posible. Para los distintos organismos, así como para muchos analistas, como es mi caso, esta incertidumbre artificial que han impulsado las tensiones sensacionalistas y populistas es un completo y grave error.

Como indicaban las previsiones a principio de año, las economías iban a experimentar un impulso generalizado. Ayudando, a su vez, al crecimiento de otras economías menos desarrolladas, como el caso de las emergentes. Un crecimiento que impulsaría las economías y que, además, retrasaría una recesión, para nada deseada en el contexto actual. Sin embargo, los caprichos políticos han derivado en unas tensiones que han roto por completo las buenas previsiones que, a priori, se esperaban. Además, son unas tensiones que atacan directamente a uno de los principales motores de la economía global como es el comercio.

En definitiva, no podemos averiguar el futuro que depara la economía para el nuevo año. Sí se podría hacer si se supiese que estos sensacionalismos fueran a desaparecer. Sin embargo, de seguir en un contexto donde las tensiones y los intereses de un Gobierno primen sobre los intereses y el crecimiento económico global, estaremos preparando el terreno para una nueva recesión que desecharía todo el trabajo realizado desde la anterior, en 2007.

Francisco Coll Morales es CEO adjunto de la HAC L&M School of New York

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