La competencia entre marcas y medicamentos genéricos, buena para el sistema sanitario y los pacientes

El mercado de precios de referencia supone el 81% de las despensaciones reembolsables en farmacias

Las marcas también aportan a la reducción de costes, ya que, caducada la patente, se venden al mismo precio que las copias

Medicamentos

El Gobierno acaba de actualizar el sistema de precios de referencia de los medicamentos -que iguala el coste de originales (marcas) y genéricos una vez expirada la patente de los fármacos innovadores- en el Sistema Nacional de Salud correspondiente a 2018.

La orden del Ministerio de Sanidad, publicada el martes pasado en el BOE, afecta a 15.741 presentaciones de medicamentos que contienen el mismo principio activo, de los que 12.825 se dispensan en farmacia y 2.916 en hospitales. Con la nueva disposición, en vigor desde el 28 de noviembre, se espera un ahorro de 248,25 millones de euros.

Gracias a esta norma, los enfermos se beneficien de fármacos más baratos, con las máximas garantías

“La libre competencia entre marca y genérico es clave para garantizar la sostenibilidad del sistema sanitario, al generar una notable reducción de los precios reembolsables a través del denominado sistema de precios de referencia y de agrupaciones homogéneas, donde ambos están obligados a alinear su precio al más barato”, valoran desde la patronal Farmaindustria.

Pero también beneficia al paciente, ya que les permite acceder a medicamentos más baratos para el tratamiento de sus dolencias, con las máximas garantías, indican.

En el sistema de precios de referencia, marcas y genéricos están obligados a alinear su precio al más barato

Este mercado representa ya el 81% de las dispensaciones reembolsables en farmacias, según los últimos datos del IMS, lo que refleja la madurez del mismo, transcurridos 20 años desde la llegada de los primeros genéricos en España.

No obstante, de ese porcentaje, el 10% corresponde a ventas de presentaciones de fármacos originales que no tienen copia, como jarabes, sobres o formatos de baja dosis. Los genéricos no entran en este segmento por su escasa rentabilidad, apuntan. Aun así, su cuota es del 59%.

El ahorro también viene de la marca

El ahorro, sin embargo, no viene solo de los genéricos. Esto se debe a que hay originales y copias que compiten al mismo valor, tal y como estable el sistema de precios de referencia.

Fuera de este mercado quedan, por un lado, los medicamentos innovadores, que todavía están bajo patente, y por el otro, los originales que, pese a haber caducado los derechos exclusivos de comercialización, no tienen competencia dentro del mismo principio activo, debido, entre otras razones, a la baja rentabilidad que supone para las compañías de genéricos. Este segmento representa en total el 19%.

Los medicamentos con patentes vencidas y sin competencia genérica se venden al sistema sanitario  con una deducción del 15% 

Pero, en el segundo caso, en concreto, tanto el sistema sanitario como los enfermos se benefician de un precio más bajo, ya que están sujetos al pago de una deducción del 15% de las ventas que realizan a Sanidad, puntualizan en Farmaindustria.

Prescripción: lo que debe saber

La competencia entre marcas y medicamentos genéricos, buena para el sistema sanitario y los pacientes

Cuando se prescribe un fármaco, por marca o principio activo, los médicos toman en cuenta, por lo general, el beneficio para los pacientes y la sostenibilidad del sistema sanitario.

El ahorro está garantizado en ambos casos, porque las marcas y genéricos en España tienen el mismo precio”, aseguran desde la patronal Farmaindustria.

Esto sucede porque, cuando conviven original y genérico, las marcan deben bajar su precio al del genérico más barato para poder ser reembolsadas por el Sistema Nacional de Salud, explican. Es decir, para ser incluidas en la prestación pública. Si el coste de la marca fuera superior, el farmacéutico puede sustituirlo por el fármaco de precio más bajo de su agrupación homogénea.

No hay limitaciones para recetar una marca, aunque la ley establece, “como esquema general”, la elección del principio activo en casos agudos y en la instauración de nuevos tratamientos. De todas formas, la última palabra la tiene el clínico, siempre que se ajuste al principio de sostenibilidad.

El original prevalecerá, en cambio, en los llamados medicamentos no sustituibles. Es el caso de los biológicos, inhaladores o los de rango terapéutico estrecho (moléculas que, producto de pequeñas variaciones de los niveles plasmáticos, pueden provocar fallas terapéuticas). También si el doctor lo ha prescrito, a menos que haya desabastecimiento o urgente necesidad.

En caso contrario, si se prescribe por principio activo, el farmacéutico puede dispensar una marca, según el cambio normativo de 2016. Pero aquí el paciente tiene poder de veto y puede pedir su medicación habitual, sea marca o genérico.

“La continuidad del tratamiento es especialmente importante en determinados pacientes, puesto que favorece su adherencia y reduce el riesgo de confusión entre medicamentos de diferentes formas, tamaños y colores, pese a contener el mismo principio activo”, opinan fuentes de Farmaindustria.

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