Un debate que EE UU no puede aplazar más

Muchos economistas estadounidenses creen que la desigualdad social producirá conflictos

Un debate que EE UU no puede aplazar más
PIXABAY

El 5 de abril de 2006, el joven senador de Illinois Barack Obama fue de Capitol Hill a Brookings Institution, considerado el centro de investigación social más importante del mundo. De mano de Robert Rubin y Peter Orszag (ambos provenientes de Goldman Sachs y miembros del Consejo Económico Nacional creado por Bill Clinton; Orsazg acabó siendo jefe de Presupuesto del presidente Obama y ambos –Rubin y Orszag– acabaron trabajando en Citigroup), Obama dio un discurso esencial: “Los presentes somos favorables a la globalización y al libre comercio. Pero en los años de bonanza ha habido perdedores (losers, palabra fuerte en inglés) consecuencia de ambos fenómenos. Hemos de ayudar a los que se han quedado fuera de los efectos positivos de la globalización, las nuevas tecnologías y el libre comercio: formar a los desempleados; financiar a pymes y autónomos a punto de quebrar; enseñar las nuevas tecnologías a todos…; si invertimos en educación, en sanidad, en TIC, contribuiremos a cerrar la brecha entre afortunados y desafortunados. Recuperaremos el sueño americano. De otra manera, la gente irá hacia el nativismo, la antiinmigración, el populismo, el proteccionismo y en contra de la globalización y el libre comercio”. Subrayo estos puntos porque, enunciados por Obama en 2006, fueron premonitorios de lo que vivimos hoy, en América y en el mundo.

¿Por qué se han cumplido las palabras de Obama? Como explica la obra de Alaz Tooze Crashed: how a decade of financial and economic crisis changed the world, los salarios prácticamente no han aumentado en Occidente desde los años setenta, cuando se produjeron los embargos del petróleo por parte de los países árabes, la superinflación, la explosión de las tecnologías de la información (TIC), etc. En realidad, el fenómeno es más complejo y habría que leerse las 660 páginas y las de los 20 economistas que cito más abajo, para tener una visión completa.

Obama acertó en sus predicciones, cuyos efectos han sido malos para millones de personas. No menos de 50 economistas de prestigio, muchos de ellos premios nobeles de economía (Spence, Krugman, Stiglitz, Shiller), están de acuerdo hoy (12 años después de las premoniciones de Obama) y anticipan las consecuencias negativas que los seis fenómenos antes mencionados que dominan el mundo tendrán para los países del G7, OCDE y emergentes. No pinta bien.
Todos proponen un punto de partida: 2018, tercer aniversario de la publicación del libro de Thomas Piketty Capital in the Twenty-First Century, best seller con 2,2 millones de ejemplares vendidos, fenómeno inédito en el mundo editorial económico. Su tesis principal –sencillamente enunciada– es que las rentas del trabajo han crecido muy poco, tanto en los últimos siglos en que se han producido las cuatro revoluciones industriales, como especialmente en las últimas décadas, en que las rentas del capital han aumentado hasta cientos de veces más que las del trabajo.

El enorme abismo que separa a los más ricos del resto de los mortales le lleva a hablar del famoso fenómeno denominado income ­inequality, que originalmente no es suyo, sino de Stiglitz. La diferencia entre Stiglitz y Piketty está en que el economista francés explica el fenómeno desde un punto de vista histórico, con series estadísticas evolutivas en 20 países. Stiglitz, por su parte, enuncia las nocivas consecuencias de esta gran desigualdad social en su obra The Price of inequality. Quien fuera presidente del consejo económico del presidente Clinton explica que, en EE UU, las consecuencias de que el 1% aglutine el 90% de la riqueza tiene efectos muy fuertes, económicos y sociales. Y además del hecho está el saberlo: ricos, ha habido siempre. Pero ni la clase media ni los pobres realmente sabían el estilo de vida de los más adinerados. La revolución que supuso la invención de la imprenta queda en nada (exagero) comparada con la explosión de internet y redes sociales: a Kim Kardashian le encanta mostrar su estilo de vida, al igual que las mujeres billonarias de Newport Beach y The Hamptons. La mujer trabajadora difícilmente puede identificarse con ellas, aun bajo el supuesto de que deseare llevar una vida parecida. En una ocasión, Arafat (líder de la OLP, ya fallecido) le preguntó a un líder comunista de las Brigadas Rojas: “¿Por qué hacéis lo que hacéis?”.

El comunista le respondió: “Porque queremos hacer una revolución comunista”. Arafat le miró fijamente y le dijo: “Tú, en Occidente, lo tienes todo. Nosotros, los palestinos, no tenemos nada, porque nos lo han arrebatado. Y porque no tenemos nada, tampoco tenemos nada que perder y, por eso, empuñamos un arma. Pero, ¿tú? Tú lo tienes todo. Envidio tu vida en Occidente. Si yo viviera como tú no estaría luchando”. Pocos árabes viven bien: solo aquellos en el poder o los que viven en paraísos petrolíferos, que no quieren saber nada ni de palestinos, sirios, refugiados, etc. Pero el billón de árabes pobres tienen acceso virtual a la vida rica de Occidente, mediante la televisión y, como Arafat, prefieren esa vida –nuestra vida– a la suya.

Stiglitz y Krugman piensan que podría haber revoluciones y no solo en los países pobres, sino en los desarrollados, donde uno de los grandes logros del siglo XX fue la generación de una inmensa mayoría de personas y hogares de clase media. En The Great Convergence, Richard Baldwin dice que TIC y globalización han hecho desaparecer las clases medias. En Occidente, esos expulsados “del sistema” ahora “votan populismo”, como anticipó Obama. Famosos economistas están de acuerdo: Matt Mazewski, Aaron Reeves, Heather Boushey, Brad DeLong, Marshall Steinbaum, Janet Gornick, Melissa Kearney, Miles Corak, Justin Wolfers, Marshall Steinbaum, Edward Hadas, Asad Abbas y los premios nobeles de economía Michael Spence, Robert Shiller, Joseph Stiglitz, Paul Kraugman y otros están de acuerdo. No cito sus obras por falta de espacio.

Y no juzgo si tienen razón o no, simplemente creo que income inequality se ha convertido en un tema que, por su importancia social, económica y política, ha de ser objeto de debate profundo por parte de los dirigentes. Y es un debate que no puede esperar.

Jorge Díaz Cardiel es socio director de Advice Strategic Consultants y autor de ‘Clinton vs. Trump’ y ‘Trump, año uno'

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