“Si fracasa el ideal europeo sería un pésimo ejemplo democrático”

El exministro del PP publica el libro ‘El mundo que nos viene’

Desea profundizar en el proyecto de la UE ante el avance chino

El exministro Josep Piqué.
El exministro Josep Piqué.

Dejó la política hace poco más de una década, pero su pasión por la geopolítica sigue intacta. Josep Piqué (Barcelona, 1955), ocupó durante los gobiernos de Aznar varias carteras, antes de presidir el PP catalán hasta 2007, tras lo que dio el salto a la empresa privada. Hoy es consejero de empresas como Seat o Abengoa, y dirige la aeronáutica ITP Aereo. Presenta su último libro El mundo que nos viene (Deusto), un recorrido a través de la geopolítica mundial donde analiza los grandes retos y desafíos de este siglo, y el despliegue de China, frente al retroceso de Occidente en un mundo incierto e impredecible.

En su libro plasma un orden mundial en pleno proceso de reconfiguración donde China será la gran potencia mundial, pero donde persistirán los valores occidentales. ¿No es demasiado optimista?

Dicho así probablemente lo sea. Lo que digo es que no comparto los pronósticos que dicen que ante el empuje asiático, Occidente va a ir perdiendo poder estratégico y va a volverse prácticamente irrelevante. Creo que los valores que ha defendido, como la democracia representativa, la economía de mercado o las sociedades abiertas, van a seguir jugando un papel muy importante, y que se va a producir una síntesis entre la pujanza de esas nuevas potencias y la fortaleza ideológica de los valores históricamente asociados a Occidente.

Históricamente sí, pero aquí también están siendo puestos en entredicho con el resurgir de los nacionalismos o del proteccionismo.

Así es. En Europa, la demoledora crisis financiera y económica ha roto el vínculo afectivo entre los ciudadanos y sus instituciones, lo que explica la aparición de los populismos. Por eso es más importante que nunca que el ideal europeo, visto como una construcción política, no fracase. Porque sería un pésimo ejemplo para la supervivencia de la propia democracia, tal y como la hemos entendido siempre.

Pero, usted describe una UE en plena crisis de identidad y de legitimidad de sus instituciones. ¿Qué hace falta para relanzar el proyecto europeo?

Lo primero es que Europa como proyecto político no subsistirá si no consolidamos definitivamente el euro y, por tanto, la unión económica y monetaria con todo lo que eso comporta. Otra pieza clave es que, si queremos ser percibidos desde el exterior como un sujeto político como tal, no tenemos más remedio que profundizar en política exterior, defensa, seguridad y espacio judicial. Pero ahora mismo estamos en una encrucijada. Primero porque eso solo será posible si hay una conjunción de voluntades entre Francia y Alemania, algo que no es fácil. Segundo, porque los llamados países de Visegrado (Polonia, Hungría, República Checa y Eslovaquia) están claramente cuestionando las esencias del proyecto europeo. Y tercero, porque otro grupo de países, encabezado por Holanda, antes muy europeísta, están siendo muy refractarios a profundizar en estas medidas.

¿Qué papel puede jugar España en este complicado tablero?

El papel de España puede ser fundamental. Porque entre los grandes países, si Italia, tal y como parece, se desmarca definitivamente del esfuerzo y se convierte en un factor de inestabilidad, el rol de España cobra todo el sentido. Pero para eso necesitamos salir de nuestro propio ensimismamiento en el que hemos estado instalados, en parte por la crisis económica, y en parte por los serios problemas de cohesión interna, desde el punto de vista territorial y nacional.

¿Cree que ha faltado explicar mejor a muchos catalanes las ventajas de permanecer en España?

Es imprescindible que una gran mayoría de ciudadanos de Cataluña, como así ha sido hasta el pasado reciente, vea en España un proyecto atractivo de convivencia en común y con capacidad de proyección hacia el exterior. Eso nos ha fallado en los últimos años debido a la crisis económica, pero no solo ha sido esto. Creo que a estas alturas queda muy claro que ha habido un cierto déficit de proyecto político de España en Cataluña. Y eso lo tenemos que recuperar.

¿Con la elección de Quim Torra se sigue en un callejón sin salida?

Sí, en el mismo en el que se han metido ellos, pero lo hacen adrede. No tienen ninguna intención de recuperar el autogobierno. Lo que quieren es incrementar la tensión para intentar que España desista, por eso es muy importante que se exprese que eso jamás se va a producir.

Antes hablaba de profundizar el espacio judicial de la UE, ¿hay que reformar el sistema de las euroórdenes?

No, bastaría con que se cumpliera. Porque la interpretación que algunos tribunales hacen, pienso en el de Schleswig Holstein en Alemania, pone en cuestión el principio de confianza mutua que asume que el país miembro tiene un sistema judicial independiente y garantista, algo que conozco bien porque el sistema se puso en marcha cuando yo estaba al frente de Exteriores. No se trata de hacer de tribunal de tercera instancia.

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