¿Hay algo que pueda frustar la recuperación?

El proteccionismo, el endeudamiento de las empresas y el alza salarial son riesgos clave

Donald Trump y Melania en una cena con el presidente chino, Xi Jinping, en 2017.
Donald Trump y Melania en una cena con el presidente chino, Xi Jinping, en 2017.

Por primera vez desde el inicio de la gran recesión hace una década se está produciendo un crecimiento tanto de las economías desarrolladas como de las emergentes y en vías de desarrollo. En su informe de enero, el FMI revisó al alza para 2018 el crecimiento de la economía internacional (3,9%), de los países emergentes y en vías de desarrollo (4,9%) y de los países desarrollados (2,3%). La Comisión Europea asimismo ha elevado su pronóstico de expansión del PIB para España al 2,6%. La crisis de la deuda soberana de la eurozona es ya un lejano recuerdo. España está pagando sólo 1,25% para colocar su bono a 10 años, y su prima de riesgo es de sólo 73 puntos. Portugal (1,70%) e incluso Grecia en parte (4,34%) se financian normalmente en los mercados privados.

También el PIB de EEUU crece a un ritmo de 2,7%, y la pujanza de la mayoría de economías desarrolladas incrementa la demanda de exportaciones de países emergentes y en vías de desarrollo, cuyo mayor empuje también es debido a la recuperación de los precios de los hidrocarburos y materias primas. ¿Qué circunstancias entonces podrían alterar este panorama tan halagüeño? El proteccionismo de Donald Trump en 2018 ha provocado desplomes de las bolsas. Los aranceles anunciados por Washington sobre el acero (25%) y aluminio (10%) afectan a 3.500 millones de dólares de importaciones, y las represalias previstas por la UE impactarían a las exportaciones de EEUU por valor de 4.800 millones. Incluso los aranceles proyectados por Trump contra China por valor de 15.000 millones de dólares por su supuesta apropiación de tecnología y propiedad intelectual occidentales son pequeños teniendo en cuenta que en 2016 el comercio bilateral entre EEUU y China fue de 648.000 millones.

China es el mayor socio comercial de EEUU y el tercer destino que más importaciones estadounidenses absorbe. Casi un millón de empleos en EEUU dependen de las exportaciones a ese país. Las medidas decididas por Washington han sido solo anunciadas, y en el caso de China se abre un plazo de dos meses de consultas para que se pueda abogar por su recorte o anulación. Ya se otorgaron exenciones a Canadá, México y otros aliados en el caso del acero y el aluminio. Trump a menudo anuncia medidas radicales como baza negociadora, y después mantiene una ambigüedad calculada sobre su entrada en vigor. China debe prometer represalias de cara a su opinión pública, pero no tiene ningún interés en una verdadera guerra comercial. La incertidumbre sobre el futuro de NAFTA y la posible espiral de medidas proteccionistas entre EEUU y otras potencias crean incertidumbre en los mercados. Pero parece irracional que Trump prosiga con una escalada después de las fuertes correcciones en los índices bursátiles cuando EEUU goza de pleno empleo.

El segundo factor que puede perjudicar a la economía internacional y que ha contribuido a los descensos de la bolsa es la subida de la inflación y salarios en las economías desarrolladas y el consiguiente ascenso de los tipos de interés. La Reserva Federal ha indicado que habrá tres subidas de tipos en 2018 y 2019. Otros bancos centrales de países desarrollados también están abandonando su política monetaria acomodaticia. Jerome Powell hará bien en recordar que en 2015 se produjo por primera vez desde 1988 una salida neta de capitales de los países emergentes por valor de 480.000 millones de dólares. Países con niveles de deuda elevados y déficits por cuenta corriente que pierdan la confianza de los mercados podrían sufrir pérdidas de capitales que buscarían el mayor rendimiento ofrecido en los países desarrollados.

Además de la incertidumbre que genera el presidente Trump y la pérdida de ministros y asesores que ejercían una influencia moderadora, otra vulnerabilidad de EEUU es el alto endeudamiento de sus empresas. El año pasado la deuda de las empresas de EEUU alcanzó un 73% del PIB. Los tipos más altos dificultarán el servicio de la deuda tanto de compañías cómo de familias en EEUU que se acostumbraron al dinero fácil. Sectores como el energético, las eléctricas y los minoristas padecen ratios de deuda sobre beneficio elevados. Las acciones de las empresas tecnológicas ya presentaban ratios de precio beneficio demasiado altos antes de la corrección de febrero. Muchas de ellas se enfrentan además al escrutinio de los gobiernos y reguladores por su permisividad ante acciones emprendidas por Rusia y por prácticas de restricción a la competencia. A ocho meses de las decisivas elecciones legislativas en EEUU y con la posibilidad de que otros demagogos accedan al poder en Italia, Colombia y México, tendremos que acostumbrarnos a las turbulencias en los mercados.

 Alexandre Muns es Profesor en OBS Business School

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