La rebelión de los ‘panteras grises’ con las pensiones

Hay que acabar con el sistema actual de reparto e ir a uno con ‘mochila austriaca’

Unos pensionistas se manifiestan en Bilbao el pasado 26 de febrero.
Unos pensionistas se manifiestan en Bilbao el pasado 26 de febrero. EFE

Cualquier rebelión tiene su fundamento, desde los esclavos de Espartaco hasta los estudiantes de mayo del 68. En la actualidad, un segmento tradicionalmente conservador y dócil ha salido a la calle y, por una vez y sin que sirva de precedente, ha conseguido que Mariano Rajoy salga varias veces en los medios para explicar su posición ante un tema candente, como es qué va a pasar con las pensiones públicas, no sólo para los actuales pensionistas, sino para los que lo serán en un futuro.

La verdad es que uno ya está harto de soflamas y de intoxicación en los medios. Los políticos solo hablan del Pacto de Toledo, de la dignidad de los jubilados, de que hay que pagarles porque han trabajado mucho en el pasado y se lo merecen, etc. Vamos, que buscan los votos de este colectivo y de sus allegados. Pero ninguno se atreve a decirles la verdad: simplemente, que con el modelo actual no se pueden pagar, y cada año que pase la situación empeorará. Veamos porqué.

Entre 1985 y 1995, una vez que se derogó la denominada “dote franquista” –que pagaban las empresas a las mujeres para que dejaran de trabajar y se convirtieran en esposas y madres–, las mujeres se lanzaron al mundo laboral y pasaron en esos 10 años de 3,2 millones de trabajadoras, a 8,2 millones. Es decir, cinco millones de mujeres se incorporaron de golpe al mercado, y lógicamente se jubilarán de golpe entre 2025 y 2035. No sé si alguno de nuestros ilustres políticos se habrá preguntado por qué hay solo seis millones de jubilados en nuestro país, sobre un total de 46 millones de personas, es decir, un 13% de la población, a pesar del notable envejecimiento de la misma. Sencillamente, porque los que están ahora jubilados provienen de una época, la franquista, en la que trabajaban básicamente los hombres. Pero eso va a cambiar notablemente dentro de 10 años.

Aun así, el señor Rajoy se ha comido los 65.000 millones de euros del Fondo de Reserva de la Seguridad Social que heredó cuando se hizo cargo del Gobierno en el 2011, amén de pedir otros 25.000 millones de préstamo para cubrir el agujero actual de la Seguridad Social, que en el último año fue de 18.000 millones de euros. Los números son tozudos y, con seis millones de jubilados, tiene 18.000 millones de déficit. En torno al 2030, tendrá 12 millones de jubilados (los seis actuales, más uno de crecimiento vegetativo, más cinco de mujeres que se jubilarán de golpe), con unos ingresos semejantes en términos reales. Por tanto, si se duplica el número de perceptores, el agujero puede ser, como mínimo, de 60.000 millones de euros, lo que equivaldría a tener que poner el IVA al 40% o el IRPF al 80% para poder pagar las jubilaciones.

El problema no es si les subimos el IPC a los pensionistas o no, el problema es que el sistema actual de reparto es absolutamente insostenible, lo diga quien lo diga. La economía española, aunque tenga 20 millones de trabajadores, como dice nuestro presidente, nunca será capaz de generar los recursos necesarios para pagarles la pensión a 12 millones de pensionistas que, entonces, supondrán el 26% de la población española, cifra más acorde con la pirámide población de nuestro país. Durante todos estos años, hemos tenido un 13% de jubilados simplemente porque las mujeres no trabajaban durante la época de Franco. ¡Se acabó el chollo! Y lo que vemos ahora no es más que la punta del iceberg de lo que se nos viene encima.

¿Qué hacemos con los “panteras grises”? Está claro que se les ha estafado, al igual que se ha estafado a los jóvenes universitarios cuando se les dijo que hicieran una carrera porque así después tendrían un buen puesto de trabajo. El problema no es de subir o no el IPC, el problema es de modelo de sociedad, y mientras nuestros políticos no aprendan aritmética y comprendan que nuestra sociedad tiene que alimentar a 12 millones de jubilados y no a seis, y que las cifras no cuadran, será imposible que resolvamos los problemas que tenemos.

Lo primero que hay que hacer para resolver un problema es darnos cuenta de que lo tenemos, cosa que no parece que hayan hecho nuestros insignes políticos. Después, hay que buscar soluciones. Una economía como la española no puede seguir con el sistema de reparto. Tiene que ir a un sistema mixto con una pensión de subsistencia única para todos los cotizantes, que seguiría con el modelo de reparto, y un fondo de capitalización que seguiría el modelo de la “mochila austriaca”. Ello obligaría a que todos los trabajadores destinen una pequeña parte de sus ingresos a dotar un fondo de pensiones durante toda su vida, y que se llevarían de empresa a empresa según fueran cambiando de trabajo. Y para los más afortunados, fondos de pensiones privados, que deberían dotar voluntariamente en función de sus ingresos a lo largo de su vida laboral.

El problema es el período transitorio, que duraría unos 35 años, y durante el cual habría que pagar las pensiones a los “panteras grises”, sin tener los ingresos necesarios para ello. Dado que es un problema intergeneracional, habría que preguntar a los cotizantes actuales si están dispuestos a incrementar la deuda pública española en el importe necesario para cubrir las pensiones actuales durante dicho período transitorio. Eso supondrá probablemente unos 300.000 millones de euros adicionales. Conociendo a la población española, la respuesta probablemente será positiva, a pesar del esfuerzo. Pero eso sí, es necesario cambiar previamente el modelo actual al modelo mixto de reparto-capitalización para garantizar la sostenibilidad del sistema a partir del 2050.

No necesariamente es entendible ni para los que se dedicaron a hacer una oposición a registrador de la propiedad, ni para los que se dedicaron a estar debajo de una tienda de campaña en la Puerta del Sol. A lo mejor, tenían que dar una oportunidad a los técnicos para que diseñaran ese modelo, y luego simplemente votar que sí en el Parlamento. Es algo que se merecen nuestros “panteras grises”.

Miguel Córdoba Bueno es profesor de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad CEU San Pablo.

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