Economía española

En la economía española se ha hecho mucho, pero aún hay mucho por hacer

Aunque la economía encadena ya cuatro años de crecimiento, hay riesgos que conviene vigilar

Tras la travesía del desierto que ha supuesto la reciente crisis, todo apunta a que estamos superando el largo período de escasez vivido en estos años (lo que no quiere decir que ahora torne en siete años de abundancia). Los datos macroeconómicos de los que disponemos parecen evidenciar en parte estas dos referencias bíblicas. Después de un período tremebundo (2009-2013), venimos encadenando desde 2014 cuatro años de crecimiento, a los que muy probablemente añadiremos el 2018, con lo que llegaremos a cinco (los mismos que estuvimos inmersos en lo peor de la depresión económica); algo sorprendente y muy por encima de lo que se podía prever a la vista del nefasto punto del que partíamos.

Analizadas en frío, las cifras más recientes están claras: durante este ejercicio estamos creciendo alrededor del 3%, y, para el próximo, existe un consenso entre la mayoría de economistas dedicados a estos menesteres de que el PIB de nuestro país se incrementará en torno al 2,5%. Esto está ocurriendo, además, en un contexto halagüeño con factores positivos que parece que por ahora se mantendrán: crecimiento global, repunte de Europa, mantenimiento de los tipos de interés, incremento sin sustos de los precios de los productos energéticos (sobre todo del petróleo), buen comportamiento de las exportaciones y de los índices de actividad, superávit por cuenta corriente, prima de riesgo amable…; eso sí, con un diferencial de inflación con Europa y un euro más fuerte que no ayudan a insuflar mayor dinamismo a nuestra economía.

Todo lo anterior ha contribuido a que, muy posiblemente, 2017 se haya cerrado a una tasa de desempleo inferior al 16,5%, porcentaje este que llegó a situarse en un escalofriante e inmoral 26,9% en 2013. No cabe duda de que el empleo es el aspecto más importante desde un punto de vista socioeconómico; de ahí que sea importante destacar el hecho de que, en la actualidad, se estén creando cerca de medio millón de puestos de trabajo anuales. Si bien se pueden introducir matices con respecto al tema de las retribuciones, no cabe duda de que esta cifra no es nada desdeñable y que esperamos nos permita alcanzar en el medio plazo las tasas de ocupación pre crisis.

A este elevado crecimiento y creación de empleo evidenciados por los datos, hay que sumarle otros aspectos vinculados al fuerte incremento de la actividad que parecen augurar un horizonte esperanzador; entre ellos, el considerable aumento de la recaudación y el progresivo control del déficit público. Con respecto a este último aspecto, todo parece apuntar a que el cierre de 2017 se salde con un déficit del 3,1% del PIB (recordemos que en 2009 teníamos un mareante 11,1% del PIB).

El retardo innovador de España podría traernos graves consecuencias si no aceleramos ya la inversión en activos intangibles

Ante lo expuesto, podría parecer que ya hemos hecho los deberes y que podemos estar totalmente tranquilos, pero la actual coyuntura de nuestra economía, que nos ha permitido destacar como una de las más dinámicas de la Eurozona, no nos garantiza que podamos mantener esta privilegiada situación a futuro, por lo que no podemos perder de vista los riesgos que nos amenazan y los retos a los que nos enfrentamos.

Si bien en estos momentos estamos liderando la reducción del desempleo en la zona euro en términos interanuales, España sigue siendo el farolillo rojo en cuanto a número de parados en la Unión Europea, por lo que aún nos queda mucho camino por recorrer en esta materia. Además, conviene no olvidar otro tema de capital importancia: que en nuestro país solo hay 2,2 contribuyentes a la Seguridad Social por pensionista. Por otra parte, pese a los muchos avances conseguidos, continuamos estando incluidos en el procedimiento de régimen de déficit excesivo establecido por Bruselas y, aunque es previsible que el año que viene podamos salir del mismo, habrá que hacer un esfuerzo importante para pasar del 3,1%, de 2017, al 2,2% que tenemos pactado para el 2018.

Otro tema especialmente preocupante es que nos encontramos entre los seis países más endeudados de la Unión Europea. Aunque en el tercer trimestre del año que hemos terminado el porcentaje de deuda española cayó 1,1 puntos, hasta el 98,7%, la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF) ha calculado que habrá que esperar hasta el año 2035 para que la deuda pública baje del 60% del PIB, que fue el tope que se fijó en los criterios de Maastricht para crear la moneda única.

A estos tres importantes problemas –desempleo, déficit y deuda pública– habría que sumarles otros cinco riesgos de referencia que podrían tener repercusión en la economía española, que han sido identificados y analizados en un reciente estudio que hemos publicado en el Consejo General de Economistas bajo el título Riesgos e incertidumbres de futuro de la economía española. Tres de ellos son de carácter global, aunque con rasgos especiales para nuestro caso (cuestiones geopolíticas, disrupciones del proyecto europeo y sorpresas en mercados financieros), y dos más específicos de nuestra economía (retardo innovador y tensiones territoriales).

De entre los dos riesgos más específicos de nuestra economía, el retardo innovador de nuestro país podría traernos graves consecuencias si no aceleramos ya la inversión en activos intangibles para acercarnos a los promedios de los países de la eurozona. Por último, no podemos olvidar la especial relevancia que tiene la incertidumbre asociada a las tensiones territoriales, que está generando evidentes pérdidas de oportunidad y que, de continuar, podría tener efectos económicos adversos durante los próximos trimestres. Es por ello que resulta urgente buscar un acomodo inclusivo a esta situación, en el marco de la ley y de la convivencia, que no nos despiste y que nos permita centrarnos en lo importante, dado que, aunque los vientos nos sean ahora favorables, nos queda mucho por hacer para seguir creando riqueza que nos permita ayudar a quienes más lo necesitan.

Valentín Pich es presidente del Consejo General de Economistas de España.

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