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Transeúntes pasan delante de una sucursal del Santader y otra del Banco Popular

En qué afecta a la competencia el nuevo mapa bancario

El análisis de la concentración a nivel nacional debería completarse con otro de ámbito regional

Sería conveniente que hubiera más fusiones transfronterizas en el contexto de la unión bancaria europea

El sector bancario español destaca en el contexto europeo por la intensidad de la consolidación que ha experimentado desde el inicio de la crisis, tanto en términos de la reducción del número de competidores, como del aumento de la concentración del mercado. En este contexto, un elemento de preocupación es si ha afectado al nivel de competencia.

En concreto, desde que estalló la crisis en 2008, el número de entidades de crédito ha caído un 43% (de 362 a 207), siendo la reducción superior a la que ha tenido lugar en la eurozona (un 25%). En paralelo, ha aumentado casi 20 puntos porcentuales la cuota de mercado de las cinco mayores entidades, lo que supone un crecimiento del 19%, casi el doble que el de la eurozona.

Y el llamado índice de Herfindalh (un indicador más riguroso de concentración que se utiliza en otros países como guía para autorizar los procesos de fusión) ha aumentado un 89%, lo que contrasta con el aumento del 5,1% en la eurozona. Con este último indicador, a finales de 2016 la concentración del mercado bancario español era un 28% superior al de la eurozona, si bien se corresponde con un mercado moderadamente concentrado según el BCE.

Los datos de concentración comentados son los últimos que publica el BCE referidos a la situación existente a finales de 2016. Pero en 2017 se han producido dos movimientos corporativos en España, uno de ellos de gran importancia por sus implicaciones sobre la concentración: la absorción del Popular por el Santander. El otro, la absorción de BMN por Bankia apenas afecta a la concentración del mercado. Si simulamos el efecto de las dos absorciones, la concentración (medida por el índice de Herfindahl) aumenta un 27% (hasta un valor de 1.338 puntos), aunque sigue sin superar el nivel a partir del cual el mercado se considera altamente concentrado (1.800 puntos).

El indicador de concentración a nivel nacional enmascara importantes diferencias entre provincias. Así, utilizando información de la distribución provincial de las red de oficinas de las entidades de depósito (bancos, cajas de ahorros y cooperativas de crédito), la imagen más reciente tras los dos movimientos corporativos de 2017 muestra que en más de la mitad de las provincias españolas (en concreto en 30), el mercado está altamente concentrado al superar el índice el valor de 1.800 puntos.

Es más, en cuatro provincias (Huesca, Ourense, Teruel y Zamora) se supera el valor de 2.500 puntos, e incluso 3.000 puntos en el caso de Teruel, que es la provincia con el mercado bancario más concentrado. Los menos concentrados son Badajoz, Guipúzcoa, Madrid y Castellón, con valores por debajo de 1.400 puntos.

Donde más ha crecido la concentración a raíz de la absorción del hasta hace poco quinto banco (Popular) por el primero (Santander) del país, ha sido en Galicia, con aumento de 415 puntos en A Coruña, 352 en Pontevedra, 346 en Ourense y 302 en Lugo.

Que el sector se siga consolidando en el futuro no es en principio preocupante teniendo en cuenta que el nivel actual de concentración del mercado es moderado. Además, el sector bancario español sigue teniendo en mi opinión un exceso de capacidad instalada (con muchas oficinas y de tamaño muy reducido en comparación con otros países), exceso que podría corregirse a través de más fusiones que contribuirían a recuperar la baja rentabilidad del sector.

No obstante, sería conveniente que hubiera más fusiones transfronterizas en el contexto de la unión bancaria europea, ya que como reclama el BCE, no suponen un aumento de la concentración de los mercados nacionales (a diferencia de las fusiones domésticas) y por tanto no tendrían efectos negativos sobre la competencia.

Es un hecho reconocido que en ocasiones hay un trade off entre estabilidad financiera (que exige recuperar la rentabilidad de los bancos) y competencia, y que en aras a la primera puede resentirse la segunda. Pero aun así, conviene completar los análisis que se hacen a nivel nacional con otros a nivel regional para asegurar en todos los mercados un mínimo nivel de competencia.

Por tanto, de producirse más fusiones domésticas en los próximos años, el análisis de la concentración bancaria a nivel nacional debería ser completado con otro a nivel regional, ya que en esa dimensión geográfica (donde compiten muchos bancos), en algunos casos los niveles de concentración actuales ya son elevados. Para eso están precisamente las autoridades que deben velar por la competencia.

Cada vez es menos importante la red de oficinas como canal de competencia, dado que las TIC (tecnologías de la información y las comunicaciones) permiten acceder a distancia a los servicios y productos financieros. A ello se unen las fintech (la tecnología aplicada a las finanzas) y los competidores englobados en las siglas GAFA (Google, Amazon, Facebook y Apple), que insuflan competencia en los mercados bancarios. No obstante, dada la predominancia al menos hasta el momento de los bancos sobre estos nuevos competidores a la hora de dar financiación, sigue siendo importante vigilar la evolución de la concentración en los mercados bancarios.

Joaquín Maudos es catedrático de la Universidad de Valencia,  director adjunto del Ivie y colaborador del CUNEF

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