El aislamiento de Qatar muestra la poca influencia de su gran patrimonio

Ha comprado edificios en Occidente y participaciones en Barclays o Rosneft

Hasta ahora, su generosidad parece haber producido pocos socios dispuestos a ayudarle

Sucursal del Banco Nacional Catarí –propiedad en un 50% del fondo soberano– en El Cairo (Egipto).
Sucursal del Banco Nacional Catarí –propiedad en un 50% del fondo soberano– en El Cairo (Egipto).

La cartera global de inversiones de Qatar carece de lo que los árabes llaman wasta, o influencia diplomática. El fondo soberano de 270.000 millones de euros del emirato ha cazado edificios emblemáticos de Occidente y participaciones en compañías como Barclays y Rosneft, para obtener retornos así como aliados políticos a los que recurrir en caso de problemas. Hasta ahora, su generosidad parece haber producido pocos socios dispuestos a ayudarle contra vecinos más poderosos.

La crisis a la que se enfrenta se está profundizando. El lunes, Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos y otros tres países de la zona aislaron en la práctica al pequeño país rico en gas cerrando las fronteras terrestres y rompiendo lazos diplomáticos. Qatar ha sido acusado de apoyar a los islamistas y de alentar a Irán. Se han restringido los envíos de alimentos y se han parado los vuelos. El Qatar Exchange General Index ha caído casi un 9%.

Kuwait y Turquía han intentado mediar, pero están en minoría, para decepción de los Al Thani, la familia gobernante de Qatar, que ha supervisado la inversión del país en Reino Unido y resto de Europa. El fondo Qatar Investment Authority y sus filiales han acumulado una cartera que según el Gobierno británico alcanza los 40.000 millones de euros, incluido el rascacielos londinense The Shard y participaciones en Royal Dutch Shell y los supermercados Sainsbury’s. El país también provee el 90% de las importaciones británicas de gas natural licuado. Pero hasta el momento los dirigentes de Unido –es cierto que preocupados por las elecciones y el terrorismo– han permanecido en silencio. Compañías como Deutsche Bank, BHP Billiton y Volkswagen, que se han beneficiado de inyecciones de capital de Qatar durante períodos difíciles, también están calladas.

Por supuesto, los adversarios de Qatar no andan cortos de músculo financiero. Arabia Saudí afirma que está creando un fondo de 1.800 millones de euros, quizás el mayor del mundo. El de Abu Dabi ya está considerado el más grande de Oriente Próximo. Pocos Gobiernos occidentales –o ejecutivos de empresas– están dispuestos a elegir bando públicamente. Qatar no tiene tanto wasta como riqueza.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de Cinco Días.

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