Tribuna

Esto es América

Es más fácil que un joven afroamericano termine en la cárcel que trabajando

Otra semana más nos encontramos consternados por la tragedia del racismo y la violencia en EEUU. En los dos últimos días la muerte de dos ciudadanos afroamericanos a manos de la policía en circunstancias que han despertado todo tipo de inquietudes por la forma en las que tuvieron lugar (“¿hubiese pasado si fuesen blancos?” como preguntaba el gobernador de Minnesota), así como el asesinato de cinco policías en Dallas, que se encontraban vigilando manifestaciones en contra de la violencia policial, por al menos un francotirador, nos muestran una realidad de un país todavía fracturado por la tensión racial y la violencia.

Durante las últimas horas escuchando las reacciones de los políticos y observadores no se cansaban de repetir que “esto no es América”. La realidad, sin embargo, demuestra lo contrario. La violencia y el racismo son todavía desgraciadamente problemas sistémicos y estructurales en este país, y ha sido precisamente el error de minimizarlos y de no afrontarlos de forma valiente y decidida lo que no ha llevado a este circulo vicioso del cual es difícil salir.

El problema tiene dimensiones múltiples. Por una lado económicas: la marginación de un gran porcentaje de la minoría afroamericana que se ve condenada a vivir en guetos y barrios deprimidos, con muy limitadas oportunidades económicas, y con acceso a escuelas marcadas por el fracaso escolar y la violencia. Es fácil (e injusto) culparles a ellos, pero no nos puede sorprender que esta situación les lleve a la desesperación, y a veces a la violencia y al crimen.

Por otro lado legales: hay que reconocer que hay un problema estructural de racismo en el sistema judicial del país. Las cifras son escalofriantes. EE UU tiene el nivel de encarcelamiento más alto del mundo: 500 de cada 100.000 residentes están en la cárcel. Pero la tasa entre los afroamericanos es casi seis veces mayor que la media: 3.074 por cada 100.000 residentes. Los varones afroamericanos entre los 20 y 30 años de edad son particularmente vulnerables con una tasa de encarcelamiento cercana al 40%: es más probable que acaben en la cárcel que trabajando. Sólo en este año han muerto 123 afroamericanos a manos de la policía en EEUU. Estas muertes nos muestran una vez más que hacen falta reformas urgentes para hacer a las fuerzas del orden más profesionales y mejor preparadas para proteger a los ciudadanos, con independencia de su color, como es su deber.

Y hay abundantes datos que muestran racismo en el sistema judicial y policial: desde las tasas de detención de latinos y negros que son mucho más altas que la media (en Nueva York son el 80%); las detenciones por drogas (representan un 37% de los arrestados por este motivo pero un 56% de los que acaban en la cárcel por estos crímenes.); la pobre calidad de defensa que tienen en juicios por la falta de medios; la exclusión mucho mayor de juicios por jurado; la excepción de juicios criminales (sólo entre el 3-5% van a juicio); o la duración de las sentencias (un 10% mas largas).

También es un problema la cultura de violencia y el fácil acceso a las armas. Los defensores del acceso a las armas se acogen a una interpretación literal (y cuestionable) de la segunda enmienda de la Constitución. Con un 5% de la población mundial, EEUU es el país en el que los civiles tienen entre el 35-50% de las armas propiedad de civiles (¡tienen 270 millones de armas!). Es el país número uno en armas de fuego per cápita; y no hay prácticamente limitaciones a la posesión de armas semiautomáticas, militares y de asalto. No puede sorprender que también sea el país donde más personas mueran por armas de fuego: entre 2001 y 2013 406.496 personas han muerto por armas de fuego, y el país ha sufrido 51 masacres desde 1997. Si no se controla el acceso a las armas es muy dudoso que esto pueda cambiar.

Por último, es un gravísimo problema de racismo que tiene raíces históricas en el pecado original de la esclavitud que sigue marcando la historia de EEUU. Uno de los libros más influentes que se ha publicado últimamente sobre el problema del racismo ha sido Between the World and Me de Tai-Neishi Coates. Coates escribe el libro como una carta a su hijo en reacción a la muerte de Trayvon Martin. En este libro, de imprescindible lectura para entender el problema del racismo en EEUU, Coates resume la terrible y dolorosa historia de la subyugación de la población afroamericana en EEUU, y presenta la violencia contra el colectivo como el resultado de un modelo sistematizado y organizado para asaltarles y atacarles, una estructura que incluye entre sus pilares la esclavitud, la encarcelación masiva, y la brutalidad policial.

Sin embargo la gran complejidad de estos problemas no es óbice para la urgencia en tratar de resolverlos. Tenemos que dejar de pensar que estos eventos son excepcionales y admitir que tenemos un gravísimo problema en nuestras manos y que hay que resolver cuanto antes. Todas las vidas son igualmente valiosas, con independencia del color de la piel. Nadie merece vivir en el miedo, ni los policías que hacen frecuentemente una labor heroica para protegernos, ni los ciudadanos con independencia de su raza.

Ya no es la hora de los sermones, ni de la indignación pasiva que no resuelve nada. Este es un problema colectivo que nos afecta a todos en EE UU, y todos tenemos una responsabilidad en solucionarlo. Si de verdad queremos que “esto no sea América” tenemos que asumir al responsabilidad decidida de atacar de raíz estos problemas. Sólo así puede ser EE UU la “luz en la colina” que tanto ansiaban los fundadores del país.

Sebastián Royo es vicerrector de la Universidad de Suffolk en Boston (EE UU).

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