Escapadas

De Ayamonte a Isla Canela, el Algarve español

En la desembocadura del Guadiana se esconde este municipio fronterizo.

Vistas de la iglesia de El Salvador y la ciudad de Ayamonte desde el mirador.
Vistas de la iglesia de El Salvador y la ciudad de Ayamonte desde el mirador.

Se la conoce como la ciudad del Guadiana, la ciudad fronteriza. Al suroeste de la Península, el río dibuja la barrera natural entre España y Portugal y concede a Ayamonte una identidad propia. De tradición pesquera y esplendor comercial, de enclave estratégico y codiciada por fenicios, árabes, lusitanos o españoles.

Desde la colina del Mirador de la Villa, antiguo emplazamiento del castillo de Ayamonte, se puede contemplar todo el territorio. La localidad portuguesa de Castro Marim y su reserva natural se divisan al otro lado del río Guadiana, con el puente que conecta ambos países al norte y el estuario en su desembocadura al sur. La ciudad blanca de Ayamonte domina la parte oriental del río, con el campanario de la iglesia de El Salvador por encima del resto de edificios.

Guía para el viajero

Veleros en el puerto deportivo.
Veleros en el puerto deportivo.

Cómo ir.  Ayamonte está situada en el extremo suroccidental de la provincia de Huelva. Desde la capital onubense se llega a esta ciudad tomando la autopista A-49 durante 50 kilómetros en dirección a Portugal. El aeropuerto de Faro, en el Algarve portugués, es el más cercano, ya que se encuentra a 70 km de distancia.

Dónde dormir. Isla Canela es un rincón salvaje y residencial a la vez. El Hotel Barceló cuenta aquí con un cuatro estrellas perfecto para disfrutar de la zona. Ha sido renovado recientemente, pero siempre fiel a su estilo andaluz, con amplios jardines, piscinas y cómodas habitaciones. Por supuesto, tiene la playa al lado.

Comer y beber. En cualquier restaurante de Ayamonte se pueden degustar exquisitas frituras de pescado, como los chocos, y otras recetas del mar, como la raya al pimentón, el atún salado y mariscos como la gamba blanca, las coquinas o las almejas. De embutidos preside el jamón ibérico y destaca la gran variedad de vinos de la región.

Bajando desde el mirador nos encontramos el barrio de la Villa, el más antiguo de la ciudad. En el siglo XVI se construyeron las pequeñas casas de esta típica barriada, pintadas con cal, de arquitectura andaluza y dispuestas en estrechas y empinadas calles sobre la suave loma.

La iglesia de El Salvador, la de San Francisco y la ermita de San Sebastián son templos que hay que visitar en el recorrido por esta zona. A orillas del Guadiana se localiza el barrio de la Ribera. La iglesia de las Angustias (siglo XVI) alberga aquí la representación de la patrona de la ciudad.

En Ayamonte el sol golpea con fuerza casi todo el año. Por ello, en la ciudad abundan las fuentes y áreas de descanso cubiertas y decoradas con preciosos azulejos de estilo andaluz. La brisa húmeda del Atlántico se suma para hacer aún más agradable el paseo por la villa.

El edificio del ayuntamiento (siglo XVIII) está situado en la plaza de la Laguna, enmarcada por una hilera de palmeras y con una escultura de la Inmaculada de piedra blanca en el centro.

De los bancos ataviados de la plaza se distingue el de la representación del cuadro Ayamonte del pintor Sorolla. Desde este lugar se dispone un entramado de calles peatonales donde no faltan los comercios, bares, terrazas y restaurantes de cocina típica onubense.

El paseo de la Ribera es uno de los lugares más emblemáticos de Ayamonte. Esta plaza peatonal, frente al puerto deportivo, es el sitio perfecto para pasear, tomar un helado y curiosear entre los puestos del mercadillo que se establece en temporada estival.

El puerto deportivo da paso a una gran zona arbórea, al sur del casco histórico, que cuenta con monumentos como el de la Virgen de las Angustias, una majestuosa obra de 12 metros de alto esculpida en mármol de Carrara.

En la desembocadura del Guadiana se forman unas marismas donde se establece otro distrito de gran importancia en Ayamonte: Isla Canela. Es este un barrio residencial, de origen marinero y con siete kilómetros de playa de arena blanca y dunas.

Al nordeste de la isla, las Salinas del Duque son un buen lugar para las observación de aves como la espátula, el flamenco y el cormorán. Se puede recorrer a caballo, en bici o navegando en pequeñas embarcaciones.