El Foco

El fenómeno Trump

Esta semana se ha consumado la sorprendente e inesperada victoria de Donald Trump en las primarias del Partido Republicano de EEUU con la retirada de sus dos últimos adversarios, Cruz y Kasich. No es una exageración describir esta victoria como una de las mayores sorpresas políticas en la historia reciente del EEUU. Algo que empezó como un fenómeno curioso e incluso divertido, se ha transformado en una marejada política imparable que nadie había podido anticipar.

La victoria de Trump es el reflejo del descontento profundo y la desesperanza que existe entre un sector importante de los votantes estadounidenses, un fenómeno bastante generalizado entre los votantes de la mayoría de nuestros países. En EEUU, Trump ha sabido capitalizar el desencanto con las élites, el temor a la globalización, el miedo al futuro, el descontento con los políticos tradicionales, la frustración por las promesas rotas, y la sensación de quedarse atrás y no beneficiarse del reparto del pastel. También se ha beneficiado muchísimo de la visibilidad que le ha dado la prensa, que ha visto aumentada su audiencia, y que no le ha sometido al escrutinio exhaustivo que ha caracterizado campañas electorales anteriores.

Uno de los factores claves para entender su victoria es la situación económica. Pese a que los datos macroeconómicos parecen muy positivos (el paro se mantuvo el mes pasado en el 4,9%, el nivel más bajo en ocho años, la economía está creciendo, y la inflación empieza a despuntar, lo que ha llevado a una subida de intereses por la Fed), la realidad es más compleja y preocupante. Si se tienen en cuenta los seis millones de ocupados a tiempo parcial y los 1,8 millones que no buscan trabajo de forma activa, el subempleo es del 9,9%; la tasa de participación está todavía en el 62.9%, por debajo del 66% de 2006; más de un millón de americanos están sufriendo el desempleo a largo plazo, y el desempleo es de más larga duración; y millones de familias están más empobrecidas y tienen menores ingresos que tenían antes de la crisis: ajustado por inflación los ingresos medios de las familias en el 2014 eran de $53.657, el equivalente de los ingresos medios en 1996.

Además hay una creciente polarización y segmentación en el mercado laboral: el crecimiento de empleo se está concentrando es en los sectores con salarios más bajos como servicios y turismo, mientras que las pérdidas de empleo se concentran en sectores con salarios más altos como el de la energía, manufacturas o transporte. Esto está afectando en particular a un segmento de la población (de varones blancos) en estados tradicionalmente manufactureros.

Donald Trump. ampliar foto
Donald Trump. REUTERS

Las propuestas económicas de Trump para afrontar esta situación son una amalgamada de recetas tradicionalmente republicanas (bajadas de impuestos, desregularización), otras de carácter mucho más populista y nacionalista (la expulsión de inmigrantes ilegales y la construcción de un muro en la frontera con Méjico), y que en algunos casos se alejan de los postulados tradicionales del Partido Republicano (el cuestionamiento de los acuerdos de libre comercio, o las subidas de impuestos a los más ricos). El eje de su campaña es su promesa de hacer al país grande de nuevo y de priorizar a EEUU por encima de cualquier otra consideración económica o geopolítica.

En el ámbito de la política exterior, Trump también está dejando de lado las políticas más tradicionales del Partido Republicano, que ha estado históricamente a favor de políticas que mantuviesen la hegemonía y liderazgo de EEUU tanto en el ámbito económico como en militar, y que en la última década ha sido dominado por los sectores más intervencionistas y neoconservadores.

Su triunfo es el reflejo del descontento profundo y la desesperanza que existe entre muchos votantes

Trump defiende postulados mucho más aislacionistas que minimicen el coste para EEUU, de forma que pueda volcar esos recursos dentro del país. Quiere que otros países asuman un mayor coste en su defensa, y mantiene que será duro en las negociaciones con otros países para asegurar que cualquier acuerdo beneficia a EEUU. Su estrategia se centra en la premisa de que tendrá una mano dura con los adversarios y exigirá más de sus aliados.

Su marca es el éxito personal y su promesa de que lo va a trasladar al país. Este eclecticismo (y oportunismo) que le está dando grandes réditos electorales ha generado una gran controversia entre los líderes y sectores más tradicionales del Partido Republicano que no le consideran un conservador auténtico y a los que les repele su discurso seudorracista y populista.

Muchos de ellos (incluyendo el presidente del Congreso Paul Ryan, y otros candidatos como Bush o Rubio) se han negado por el momento a darle su apoyo, atemorizados de que les arrastre a una derrota en las elecciones legislativas.

En estos momentos las encuestas le dan como seguro perdedor, y por amplio margen, frente a la más que probable candidata demócrata, Hillary Clinton. Durante las primarias ha conseguido alienar a segmentos de la población (particularmente las mujeres, a las que repele con su leguaje misógino y sexista, así como a las minorías asqueadas por su discurso antiinmigración y pseudo-racista) a los que no necesita para ganar unas primarias en el Partido Republicano, pero que son claves en una elección general.

Las matemáticas electorales (necesitaría ganar más del 70% del voto masculino blanco algo que hasta ahora ningún republicano ha conseguido) hacen muy difícil su victoria. Sin embargo Clinton también genera una gran antipatía y las primarias demócratas están mostrando claramente sus debilidades como candidata, y la falta de apoyo que tiene entre sectores claves del partido (los jóvenes y los votantes blancos) que están apoyando a Sanders.

Trump ha sido capaz de sorprender a todos, y ya no se le puede descontar tan fácilmente. En una elección en la que casi todo ha sido una sorpresa, cualquiera que apueste por su derrota lo hace a su propio riesgo.

Sebastián Royo es Catedrático de Ciencias Políticas y vicerrector de la Universidad de Suffolk en Boston (EEUU)