Editorial

Invertir cuando el plan Draghi es la única certeza

Los mercados financieros reaccionaron el jueves con su tradicional euforia cuando conocieron la profundidad de las nuevas medidas de estímulo del Banco Central Europeo, y la permutaron después por un súbito pesimismo ante las explicaciones que Mario Draghi ofreció para justificarlas, y que básicamente suponía volver al punto que hace dos años desató las medidas expansivas de la liquidez. Cuando el mercado se había apuntado a las tesis de que Europa se recuperaba, aunque fuere lentamente, el banquero con más información del continente dejó claras dos cosas: que Europa crece con mucha dificultad y con una actividad que se desacelera, y que el avance interanual de los precios puede cerrar este año en el 0%, con la amenaza de la deflación otra vez a las puertas de la zona euro. Tan delicada aprecia la situación, que aseguró disponer de medidas adicionales si fueran necesarias, y aventuró una muy larga temporada de tipos de interés en el 0%, alimentando el paradigma ilusorio de una liquidez permanente que mantiene a los mercados anestesiados y precios irreales en los activos de riesgo, pero no logra consolidar la recuperación de la economía. 

El presidente del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi.
El presidente del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi. EFE

Invertir en un escenario así en Europa es una apuesta arriesgada, pese a saber que tras un programa de estímulo descomunal, vendrá otro más intenso, aunque con decreciente poder de movilización sobre la actividad. La visibilidad económica mundial no ayuda. Todo el mundo sabe que la onda expansiva de lo que ocurre en China es muy poderosa y condiciona al ritmo del globo; pero nadie sabe con certeza lo que ocurre en China. No hay ningún analista occidental, ni siquiera los que más contacto tiene con Shanghai o Pekín, que no dude de los indicadores de la economía china: ni de los de crecimiento ni de los deflactores. Y así, dado que se trata de la segunda economía manufacturera del mundo, es muy difícil construir un escenario para la inversión empresarial, y más todavía para diseñar una estrategia de inversión para los particulares.

La evolución del uso de materias primas y de sus precios, incluido el petróleo, dan pistas sobre lo que ocurre, como las proporciona también la decisión del gobierno chino de acometer una ajuste de nada menos de 1,4 millones de empleos en la minería y la industria del acero. Pero tratándose de una economía con alto grado de planificación pese a desenvolverse en los parámetros del capitalismo de mercado, nada es del todo lo que parece. Lo cierto es que la capacidad importadora de China se ha ralentizado, que los precios de la energía se han hundido, y que seguramente la válvula de escape del gigante asiático volverá a ser una vuelta de tuerca adicional a los precios de producción con la incorporación de nuevas cohortes de población rural a las manufacturas e inundar el mundo de dumping y de deflación. Amén de cuantas esfuerzos haga para depreciar su moneda, el remimbi, frente al dólar, el euro y el yen en busca de una ventaja competitiva adicional, que obligará a un reajuste incómodo para todas las divisas mientras los bancos centrales, sus gestores, se vigilan constantemente para mantener su capacidad de venta.

Invertir en un escenario así en Europa es una apuesta arriesgada, pese a saber que tras un programa de estímulo descomunal, vendrá otro más intenso

Así las cosas, Europa, que ha empezado demasiado tarde a aplicar la expansión cuantitativa por la oposición germánica ante el sacrosanto temor a la inflación, ha perdido uno de los anclajes que hasta ahora había sostenido las expectativas de crecimiento. Los sucesivos llamamientos de Mario Draghi para que los países con superávit por cuenta corriente y fiscal hagan un esfuerzo adicional por movilizar la inversión y el consumo, han sido desoídos; y el inaplazable debate para reforzar el estado de bienestar ante el imparable envejecimiento demográfico continental fía para largo la movilización de la inversión y el consumo duradero.
Y recuperar un crecimiento sólido precisa tanto de la estabilización financiera que proporciona Draghi, como del activismo gubernamental y la recuperación del optimismo por parte de la demanda interna. Sin las tres cosas, la actividad no superará la anemia vigente, y sin crecimiento, la inversión es un acto de fe. Solo sectores muy consolidados, con pocos actores y barreras de entrada, con balances saneados (sin deuda), que operen en mercados seguros de divisas poderosas y que tengan dividendos contrastados por el tiempo, tienen el aval de los expertos.