El 54% de los alumnos universitarios son mujeres
Decididas a romper el techo de cristal

Decididas a romper el techo de cristal

La tasa de éxito es mayor que la de los hombres.

La tendencia es global.El número de mujeres universitarias es superior al de hombres en muchos países. En España suman el 54% frente al 46% masculino y su tasa de éxito es además mayor que la de los varones, ya que acaparan más del 62% del total de titulados, según el informe Comparación internacional del sistema universitario español 2015, de la Conferencia de Rectores de Universidades Españolas (CRUE), que analiza los perfiles de los estudiantes de 12 países de la Unión Europea.

Sin embargo, su presencia se difumina según se asciende en el escalafón.A nivel de profesorado, los datos se invierten: las mujeres pasan al 40%, y los hombres, al 60%; la proporción se desploma en el siguiente nivel, las cátedras, donde hay cuatro hombres por cada mujer. En la dirección, el porcentaje es insignificante, solo dos mujeres rigen los destinos de una de las 50 universidades públicas (Málaga y Granada) y suman ocho si se contabilizan las privadas.

Sí, estas cifras de la universidad española no hacen más que constatar que, a pesar de que las mujeres están cada vez mejor preparadas, su presencia en puestos directivos, tanto en el ámbito docente como en el social y el profesional, es todavía muy escasa.

Pero ¿qué cambios provoca la existencia de una mayoría femenina entre el alumnado universitario? Isabel Fernández, rectora de la Universidad Europea, considera que enriquece mucho las clases. “Ayuda a trabajar los prejuicios. Está claro que somos diferentes; por ejemplo, las mujeres tienen mayor rapidez de pensamiento, mientras que los hombres son más analíticos. Hay que aprovechar la potencia de la singularidad sin tener que dar una charla sobre igualdad, porque la experimentan en el aula”. Y es optimista: “Si analizamos estadísticas que recogen lo que desean las mujeres de la generación millennial [la nacida en las dos últimas décadas del siglo pasado], un porcentaje muy superior al de la generación anterior tiene claro que va a ocupar puestos de responsabilidad. Yo creo que se cumplen las condiciones: igual que antes, tienen la formación adecuada, pero ahora han dado un paso más en su determinación de desempeñar un papel mucho más relevante en los órganos de decisión. Esto es muy importante para llegar adonde quieres”, puntualiza la rectora de la UE.

  • MENOS DISCRIMINACIÓN

Para Concepción Fernández Villanueva, profesora de Psicología Social de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense de Madrid, la presencia de mujeres incide en que la clase sea más igualitaria: “Las chicas no permiten el sexismo ni que se utilicen argumentos de inferioridad intelectual. Esto es importante en todos los niveles educativos, pero en la universidad lo es aún más porque aquí tienen mayor capacidad para defenderse y para establecer otro relato sobre sí mismas”.

Reconoce que no es fácil conseguirlo, aunque existen carreras que son más críticas que otras: “Trabajo en un contexto especialmente crítico en el que la interpretación igualitaria está muy presente. Es donde se revisan las claves del funcionamiento de las sociedades y es más difícil que cuelen argumentos como que las diferencias entre grupos humanos sean debidas a factores hereditarios o inamovibles”.

La profesora de la Complutense hace hincapié en el desequilibrio que existe entre la formación y la participación social de las mujeres. Los indicadores objetivos de su preparación son muy buenos, pero hay discriminación en la selección y en la promoción. La realidad es que, a igual formación, no alcanzan los mismos puestos. Durante 2015, la mayor parte de las trabajadoras (un 48%) había cursado estudios superiores, según un análisis de Randstad. En el caso de los hombres ocupados, los que tenían educación superior eran un 37,3%. En este caso, el grueso tenía formación secundaria.

  • FLEXIBLES Y MULTITAREA

En la misma línea se manifiesta Maria Goretti, responsable de recursos humanos de Udima: “Efectivamente, las chicas son mayoría en el ámbito universitario, pero a la hora de acceder a puestos directivos se encuentran con el llamado techo de cristal”. Goretti resalta que consiguen acabar los estudios antes, son más brillantes en cuanto a resultados, más organizadas y gestionan mejor el tiempo. Y reconoce que, a la hora de emprender, es cierto que los hombres son más lanzados, al menos todavía. El emprendimiento implica asumir riesgos y quizás las mujeres son menos inclinadas a aceptarlos, “pero cuando emprenden pueden tener más éxito porque son exigentes, innovadoras, gestionan muy bien el cambio, son más flexibles, trabajan mejor en equipo y, sobre todo, son multitarea y muy constantes”, enumera la responsable de Udima.

Cristóbal Torres, catedrático y director del Departamento de Sociología de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM), también resalta algunas cualidades de las féminas: “Desde el punto de vista psicológico, las chicas sufren un proceso de maduración mucho más temprano que los chicos. Y eso se nota en clase. Suelen ser más responsables, bastante más aplicadas y atentas, mantienen mejor la concentración… Los chicos son más díscolos, están más perdidos”. Según su experiencia, Torres afirma que “realmente, cuando las mujeres son mayoría en la clase, puedes esperar que el curso funcione mejor, en el sentido de contar con participación comunitaria y con un mayor compromiso con las exigencias docentes”.

La barrera laboral

Cristóbal Torres, catedrático de la UAM, afirma que el problema se plantea cuando las mujeres se incorporan al mundo laboral. “Mientras que los hombres tienen una proyección laboral inmediata y no hay ningún mecanismo de interrupción, en las mujeres la maternidad puede truncar muchas carreras profesionales. Aunque cada vez hay más coparticipación, el propio hecho biológico del embarazo, el parto y la crianza detraen dedicación profesional entre las mujeres”. Habría que buscar fórmulas de conciliación y hacer más extensiva a los hombres la coparticipación en la crianza de la prole”, afirma.

María Luisa de Contes, presidenta de la Asociación de Amistad Hispano-Francesa Mujeres Avenir, es tajante: “Las mujeres españolas harán estallar el techo de cristal y ocuparán cargos de la más alta responsabilidad en las empresas”. No obstante, reconoce que el liderazgo en un mundo de negocios mayoritariamente mascu­lino es complicado. Y cree que “las organizaciones deben entender que, respetando los códigos de igualdad de sexo y defendiendo la presencia de mujeres en los consejos de administración, conseguirán un compromiso real con su responsabilidad social y, en consecuencia, serán más atractivas y rentables”.

La forma femenina de dirigir tiene un estilo participativo, según Marta Díaz Barrera, directora general de Talentoscopio. “Buscamos la interacción, el compromiso y el diálogo. Estas competencias y habilidades se están haciendo mucho más visibles a raíz de la transformación digital de las empresas”. A esto se suma el hecho de que, desde hace unos años, las compañías y los nuevos modelos organizativos han empezado a fijarse en el talento de las mujeres. “Se han dado cuenta de que su manera de pensar y actuar puede aportarles mucho beneficio”, concluye.