Teresa Sapey, arquitecta

“El arquitecto no es un artista: debe resolver una función”

Su oficina se sitúa sobre el que fue uno de los tablaos históricos de Madrid, Zambra. Afirma que durante el boom inmobiliario "se hicieron muchas cosas, con mucha prisa y sin ningún valor".

Teresa Sapey, en su estudio de arquitectura
Teresa Sapey, en su estudio de arquitectura

La estrella de Hollywood Ava Gardner era una enamorada de Madrid. Durante mucho años se empapó de la gente, la cultura y la noche de la ciudad, pese a que en la década de los cincuenta la mayor parte de su población vivía entre la pobreza y la represión. Uno de sus sitios favoritos era Zambra, el principal tablao flamenco de la capital, situado junto al Museo del Prado y el Hotel Ritz. Y, dicen, también fue uno de los lugares en que ella y el torero Luis Miguel Dominguín dieron rienda suelta a su historia de pasión.

Allí, varias décadas después, se sitúa el estudio de arquitectura Teresa Sapey, italiana que, como Gardner, un día se enamoró de Madrid y ya lleva 25 años instalada en la ciudad. “Este estudio antes era un sitio de pecado, donde la gente se emborrachaba y bailaba. Ahora creamos, y la creación al final es emborrachar la cabeza”, afirma Sapey (Turín, Italia, 1963), licenciada en Arquitectura en la Universidad Politécnica de Turín y en Bellas Artes por la a Parson School of Design de París. Un carácter nómada, explica, horas antes de coger un vuelo hacia Miami para reunirse con unos clientes. “Me he acostumbrado a viajar, porque quiero más a mi profesión que a quedarme en un sitio. Si me llaman para ir a Tombuctú, yo voy. Lo que quiero es trabajar, y estoy en un momento fantástico de mi profesión. Estoy en el momento maduro de mi trayectoria, ya tengo el expediente y ahora estoy en plena creatividad”.

“El arquitecto no es un artista: debe resolver una función”

Su estudio, “una isla feliz”, como lo define, tiene un espíritu de taller artesanal, con todos los espacios abiertos, sin despachos. Sapey tiene su mesa de trabajo junto a los demás empleados, entre 10 y 20, según la carga de trabajo, de diferentes nacionalidades y disciplinas profesionales:“Hay gente que nos mira por la ventana, que entra y dice, ¿a qué os dedicáis? Creo que en la oficina tiene que haber un aire diferente, para animar a trabajar”.

Y el aire que desprende su oficina es el de la actividad a pleno rendimiento, además del aroma del café italiano que preparan. Sapey reconoce que hay más movimiento y optimismo, y un perfil de cliente más internacional, “muchos extranjeros que están llegando a España, y a Madrid, en particular”. Los trabajos se centran, sobre todo, en la restauración, faceta en la que Teresa Sapey es especialista. Lejos quedan los grandes proyectos arquitectónicos y los barrios con miles de pisos que surgieron con el boom inmobiliario, y que dominaron el trabajo de los arquitectos durante años: “Estamos dando valor a nuestro pasado. Se hicieron muchas cosas, con mucha prisa y sin ningún valor, y ahora estamos maquillando todos los horrores y los errores que se cometieron”.

Cree en una arquitectura de alta calidad, respetuosa con el entorno y el contexto, que aporte valor y cuente una historia, porque “la gente ya no quiere cualquier cosa. Pide productos de altísima calidad, que no siempre es sinónimo de dinero. No solo se pide un piso bueno, sino también un edificio bueno”. Afirma que, quienes durante los años del boom se dedicaban a la reforma, eran vistos como arquitectos de segunda, “porque si no construías un monumento de 40 metros, tres aeropuertos y seis auditorios, eras pequeño, cogías lo que los demás no querían. Yahora, somos los que tenemos más trabajo”.

Dice sentirse una artista frustrada, porque no concibe la arquitectura como arte, ni cree en los arquitectos que anteponen lo estético a lo funcional. “El arquitecto no es artista, tiene que resolver una función, no hacer un monumento. La diferencia entre el arquitecto y el ingeniero es que el primero puede permitirse resolver una función con una creatividad. Pero sin pasarse”. En ese equilibrio continuará Teresa Sapey.

La inspiración de los cuentos de la infancia

El libro de cuentos que inspira a Teresa Sapey
El libro de cuentos que inspira a Teresa Sapey

Teresa Sapey reconoce tener un lado “muy infantil”, que todavía no ha madurado. Pero no lo ve como algo negativo, sino todo lo contrario:“Es mi salvación. Dicen que la creatividad pura es la infantil. El hecho de que no haya madurado me hace mantener una creatividad pura. Si fuera más inteligente y más rica no sería tan creativa”. Una faceta que cultiva con un libro de cuentos de la infancia en italiano, que siempre le ha acompañado en sus mesas de trabajo. “Era de mi madre, y me ha inspirado como no lo ha hecho nada ni nadie. Desde que soy pequeña lo tengo encima de mi escritorio, es muy especial, cojo muchísimas ideas desde siempre”.

Algunas de ellas le hicieron saltar a la primera línea mediática, como los aparcamientos de la plaza Pedro Zerolo (antes Vázquez de Mella) y del Hotel Puerta de América, que aúnan funcionalidad y creatividad en espacios no demasiado estéticos. Suya también es la iluminación navideña de la calle Velázquez:“si pones una luz cálida, la gente está a gusto. Se crea una positividad, y el ciudadano tendrá más ánimo de entrar en la tienda”.

Si pudiera cambiar lo que quisiera de Madrid, empezaría por peatonalizar más barrios, aunque hay dos puntos en los que insiste más:“quitaría todos los aparatos de aire acondicionado de las fachadas. Me parecen una falta de respeto. Y que la carpintería de las ventanas de un edificio sean del mismo color”. Y continúa: “La Puerta del Sol, no la tocaría, es parte de su encanto que sea tan fea. Pero el Reina Sofía es un gran error, y el nudo de Atocha es un caos”.

Normas