Tribuna

Nuevos tiempos, nuevas formas de trabajar

Dentro de tan solo dos años Telefónica comenzará a retirar definitivamente las cabinas telefónicas de nuestras calles. En diciembre de 2016 finaliza el requerimiento del Estado que obliga a la compañía de telecomunicaciones a mantener este servicio público, que arroja grandes pérdidas. Este elemento tan común de nuestro paisaje urbano, o al menos así lo era hasta hace unos años, uno de los últimos vestigios anteriores a la revolución tecnológica, ¿recuerda cuándo fue la última vez que usó una de ellas? Es más, dudo que nuestros hijos sepan cómo funcionan. La llegada del teléfono móvil y su universalización ha convertido las cabinas en reliquias obsoletas.

Este es tan solo un ejemplo del lógico desarrollo de nuestra sociedad. Sin embargo, esta lógica no se aplica por igual en todos los ambientes, y el más obvio es nuestro lugar de trabajo. Sí, es cierto que los sistemas de videoconferencia han reducido notablemente los desplazamientos, impulsado sobre todo por el ahorro de costes que supone para una empresa. Pero aún conservamos costumbres de hace 40 años, perpetuando un sistema de trabajo pernicioso tanto para empresas como trabajadores: el presencialismo.

Me atrevo a aventurar que el 100% de las personas que lean este artículo disponen de internet en casa, un ordenador portátil y un teléfono móvil, y de ellos, muchos no necesitan más para desempeñar gran parte de su trabajo. Entonces, ¿por qué esa obligación de pasar al menos ocho horas en la oficina?

En algunos sectores, especialmente aquellas empresas dedicadas a la consultoría y los servicios profesionales, muchos empleados pasan la mayor parte del tiempo con clientes o en reuniones, lo que hace que los sitios fijos dejen de tener sentido.

Se impone la necesidad, tanto por parte de la empresa como del empleado, de desarrollar new ways of working o nuevas formas de trabajo a través de espacios flexibles que permitan a la vez tanto una mayor eficiencia como un entorno laboral más favorable.

Algunas compañías ya se han sumado a este modelo: han eliminado puestos de trabajo fijos y despachos asignados, fomentando la colaboración y productividad entre departamentos gracias a una estructura más horizontal. Además, en algunos casos ha permitido incrementar la plantilla un 10% sin tener que alquilar más metros cuadrados.

Por otro lado, a través de una cultura basada en los objetivos y gracias a la tecnología, se favorecen entornos de trabajo más flexibles que permiten conciliar vida personal y profesional de una manera mucho más efectiva. De hecho, este es precisamente uno de los aspectos más valorados por los profesionales –actuales y, sobre todo, potenciales– a la hora de elegir en qué empresa trabajar.

Las grandes corporaciones se están dando cuenta de esto y ya no prima el ahorro de costes a la hora de establecer sus oficinas sino elementos centrados en el capital humano, como la ubicación, la conciliación, un entorno saludable (luz natural, climatización), así como la disponibilidad de beneficios y compensaciones, como pueden ser servicio de guardería, servicios de ocio, etc.

Si tenemos en cuenta que la falta de talento es una preocupación para el 31% de las grandes empresas, las new ways of working se convierten en un elemento de atracción y fidelización indispensable, que permite incrementar la productividad así como el bienestar del empleado.

En definitiva, se trata de adaptarse y avanzar: los tiempos han cambiado y nuestras formas de trabajar también deben hacerlo.

Alfonso Galobart  es Vicepresidente de CBRE España.

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