No se conocían. Ahora viajan juntos por todo el mundo

Una cerveza los unió en un negocio de 22 millones

Se complementan bien. Uno es más pasional, otro analiza todo en profundidad

Acaban de entrar en Estados Unidos, el reto más complicado hasta el momento

Alfonso Morodo (izquierda) y Antonio Pardo.
Alfonso Morodo (izquierda) y Antonio Pardo.

De bebidas va el asunto. Fue en parte gracias a la cerveza Coronita por lo que nació Global Premium Brands, una compañía española de licores premium. “Mi tío trabajaba en Coronita”, explica Alfonso Morodo, madrileño de 42 años. “Y era mi jefe cuando yo estaba en la compañía cervecera”, continua Antonio Pardo, valenciano, de 43 años. Fue él quien les unió. Pardo era director comercial de la firma cervecera, y Morodo tenía una empresa de importación de productos. No se conocían entre ellos hasta el año 2006, cuando coincidieron en el Hotel Villa Magna de Madrid. El tío de uno, que era el jefe del otro, les juntó y allí, tomando unas cañas, se contaron cuáles eran sus sueños.

Ambos querían dedicarse al mundo de las bebidas premium. “Teníamos claro que era necesario generar conceptos y marcas propias. Nos entendimos desde el primer día y en seis meses teníamos elaborado el plan del negocio”, explica Pardo. Fueron necesarios aproximadamente 300.000 euros de inversión inicial. Y para poder abrirse hueco en un mercado tan competitivo, como el de las marcas de lujo, hicieron falta también muchas ideas. “Como somos distintos, cada uno aporta una forma diferente de ver el negocio. Antonio conoce muy bien el mundo de las distribuidoras y su experiencia ayuda mucho a la compañía. Además, tiene una mayor capacidad de trabajo que yo”, afirma Morodo. “Quizá yo soy más pasional, y me viene muy bien tener cerca a alguien que baja todo a la realidad y lo analiza en profundidad antes de ponerlo en práctica”, explica Pardo.

Equipo

A diferencia de la mayoría de empresarios, el mayor reto para Pardo y Morodo ha sido el de rechazar dinero. “Nos han ofrecido la oportunidad de importar ciertas marcas que habrían supuesto un beneficio económico enorme, sobre todo en los primeros años, cuando el dinero era más necesario”, afirma Pardo. Esos negocios fueron rechazados, en parte gracias al resto del equipo, que presionó a sus dos jefes para que no los aceptaran porque esas marcas no representaban la filosofía de GPB. “Cuando tus compañeros te dicen que no aceptes el dinero fácil, a pesar de lo bien que venía en ese momento, es que has sabido transmitir la esencia de la marca”.

A veces tienen puntos de vista opuestos, “pero siempre hay un respeto y ánimo de escuchar. Por eso las discusiones enriquecen”, comenta Morodo. En lo que coincidieron de forma unánime fue en no fijarse en la competencia a la hora de poner en marcha el negocio, “ya que te distraes y terminas asemejándote a aquello de lo que te quieres diferenciar”, explica Pardo. Esta idea la plasmaron en su primera marca propia, la ginebra Gin Mare. “Queríamos algo diferente y decidimos introducir la esencia de la zona mediterránea en esta bebida. No había ninguna ginebra así”, afirma Morodo. Algo similar idearon los dos socios para su tónica, la 1724, bautizada así porque su principal componente se planta exactamente a esos metros de altitud. “La quinina es una planta propia de América Latina. Nosotros la cultivamos en Chile, en el Camino del Inca. Es la tónica que habría creado el señor Schweppes si hubiese viajado a Chile en vez de a la India”, comenta Pardo. “Y el gintonic que resulta de ambas bebidas gusta mucho, por ejemplo, en Reino Unido”. Pero no solo en Inglaterra. En estos años de andadura, la marca está presente en 45 países, en los que comercializan, entre otros, su Ron Diplomático, la cachaça brasileña Capucana, el tequila Excellia o la cerveza Isleña. Además, en España y Portugal, la empresa se dedica también a importar otras marcas que comparten su filosofía. “Esas que hacen las cosas como nadie antes las había hecho y que no se dejan influenciar por las tendencias del mercado”, afirma Pardo.

La compañía pretende seguir creciendo. “Ahora estamos empezando en Estados Unidos. Es un gran reto porque es uno de los lugares en los que todas las marcas quieren estar”, explica Morodo. En un futuro les gustaría poder entrar en China y Rusia, aunque son conscientes de la dificultad. “La cultura y el consumo son muy diferentes, y antes hay que analizarlos”, comenta Morodo.

Es por eso por lo que en Global Premium Brands trabajan cerca de 40 personas deslocalizadas que se encargan de estudiar los diferentes mercados. “Por eso es necesaria la horizontalidad y la confianza, ya que cada miembro tiene la responsabilidad de analizar su zona correspondiente. No creemos en las jerarquías”, afirma Morodo. “Eso sí, cada vez que entramos en un país tenemos que verlo, vivirlo, ver cómo es y cómo hay que trabajar allí. Por eso viajamos más que el turrón en Navidad, hemos estado en medio mundo”, afirma Pardo. En ese sentido, es un trabajo muy sacrificado, ya que gran parte del tiempo lo invierten en ver cómo se desarrolla cada mercado en su hora punta. “Como somos una marca de alcohol nos movemos mucho en el mundo de la noche, en restaurantes y discotecas. Por eso, el poco tiempo libre que tenemos lo pasamos con nuestras familias”, explican. “Lo bueno es que, por lo general, nos ponemos de acuerdo en la mayoría de las cosas, así que no tardamos más tiempo del necesario en analizar cada lugar”, afirma Morodo.

Precisamente, es esa complementariedad lo que les ha llevado donde están ahora. Aunque aspiran a mucho más. “Nos gustaría ser una de las empresas premium líderes del mundo, conocida por marcar la diferencia con la innovación”, afirma Pardo. El año pasado facturaron cerca de 22 millones de euros, y para 2016 esperan llegar a los 25 millones.

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