Los pastelitos de la EGB: Bollycao, Phoskitos y Pantera Rosa

Se han convertido en parte indispensable de la merienda de miles de niños y niñas españoles

Su fama y sus ventas despegaron en los ochentas con la publicidad en la televisión

Imagen antigua de los pastelitos Bony, Bucaneros, Tigretón y Pantera Rosa.
Imagen antigua de los pastelitos Bony, Bucaneros, Tigretón y Pantera Rosa.

Qué niño o niña español, nacido a partir de los sesenta, no ha disfrutado a la hora del recreo o de la merienda de una Pantera Rosa, un Tigretón, un Phoskitos o un Bollycao. Si las generaciones anteriores eran de pan con chocolate o de bocata de mortadela, los retoños de la transición y la democracia -los de la EGB- cayeron rendidos a los bollos industriales. Incluso aquellos cuyos progenitores preferían alimentos más sanos, como la fruta o los bocadillos caseros, suspiraban y pataleaban por uno de estos dulces.

Cronología

Bollycao con leche en tres envases diferentes.
Bollycao con leche en tres envases diferentes.

1945. Unos empresarios mexicanos de ascendencia catalana fundan Bimbo en Ciudad de México.

1962. Andrés Costafreda crea Donut Corporation para la producción y comercialización de Donuts en España. Ese mismo año, junto con la familia Rivera, crea Panrico para la fabricación de Grisines.

1964. La compañía mexicana decide constituir la misma empresa en España con idénticos nombres y filosofía. Abren su primera fábrica en Granollers (Barcelona).

1965. Se pone a la venta el primer pan Bimbo fabricado en la planta de la localidad barcelonesa.

1966. Bimbo España lanza sus primeros pasteles: Bony, Tigretón y Bucanero. Ese mismo año también pone a la venta la Pantera Rosa.

1975. Sale al mercado Bollycao, de Panrico.

1996. A la venta una nueva variedad de Bollycao, el Mix, con crema blanca y cacao.

2000-2007. Panrico introduce nuevas variantes de Bollycao: Mini, Crunchy, Mañanitos, Balance, Dokyo, etc.

2012. Los Pantera Rosa se renuevan y se comercializan como Buenitos Pantera Rosa, con forma de rosquilla.

A pesar de haber aparecido en el mercado español a mediados de los sesenta, su despegue y conquista de los patios escolares se iniciaría a finales de los setenta y principios de los ochenta. Los anuncios de la televisión y los cromos, pegatinas y calcomanías, incluidos dentro de sus envoltorios, serían sus armas de seducción masiva. Los primeros pastelitos en ver la luz fueron los de Bimbo en 1966: Tigretón, Bony, Bucanero y Pantera Rosa, bautizado así en honor a la famosa película del mismo nombre de Blake Edwards, estrenada dos años antes. Así que los setenta fueron suyos.

El bizcocho recubierto con un baño de chocolate color rosa aparece en las primeras posiciones de muchas de las clasificaciones nostálgicas que pueblan internet con los mejores dulces de nuestra infancia. Ahí, tal vez, se halle la explicación al porqué la mayoría de sus actuales consumidores tiene entre 30 y 55 años. Un rosa bocado les remueve las añoranzas infantiles.

En los listados también aparecen otros clásicos de Bimbo. Por ejemplo, Tigretón, el hermano, también felino, de la Pantera Rosa. El bollo compuesto de nata y chocolate, ingredientes que se pueden encontrar en otros muchos dulces, ha sido el único que protagoniza un chiste:

-Tu padre es un proscrito.

- Y el tuyo, un Tigretón.

En esta chanza, ingenua, un poco ridícula y algo anticuada, se jugaba con el nombre de otro de los pastelitos que aparecieron por aquellos años, los Phoskitos, “el amigo enrollado que está siempre a tu lado”, como pregonaba la canción de sus anuncios. Y es que este esponjoso y cremoso bizcocho tiene forma de espiral de chocolate y leche, cubierta de una capa de cacao con leche.

Su reputación no se debe en exclusiva a sus cualidades gastronómicas. Han contribuido, en gran medida, las estampas, pegatinas, llaveros y figuritas de los que se han acompañado y acompañan. Así su lema siempre ha sido regalos y pastelitos. Y algunos de ellos como los bambers, unas pegatinas luminosas que se pegaban en el talón de las zapatillas deportivas, venían directamente de Estados Unidos, decían en su publicidad de 1995.

Hubo otros pastelitos, otras marcas, que tienen también su lugar en las clasificaciones del recuerdo, pero que ya han desaparecido como los Bucaneros, los Kontis, los Tunos o los Dingos.

Quien haría temblar el liderazgo de Bimbo sería otro bollo industrial, nacido del ingenio de Panrico, la competencia, en 1975, los Bollycao. Arrasaron. De un tamaño algo mayor que sus predecesores, convencerían a muchos padres y madres de sus bondades a la hora de alimentar a su prole. Tanto éxito tuvieron entre pequeños y mayores que su nombre paso a convertirse en un genérico y en un sinónimo para alguien atractivo. ¡Menudo bollycao!

Este panecillo tierno con crema de chocolate en su interior se presentó como la versión moderna del tradicional bollo de pan con unas onzas de chocolate. “La merienda de una pieza”, rezaba la publicidad de su lanzamiento. La que permitía seguir jugando al balón o la comba mientras se comía con una sola mano.

Saborear este dulce va unido a un pequeño ritual, decidir por qué lado se abrirá el envoltorio, adivinar o recordar por cuál de las dos puntas asomaría el chocolate. Y es que en el Bollycao, a diferencia de en otros productos similares, la crema de cacao se inyecta al pan de forma longitudinal y no transversal.

A lo largo de los años, Panrico fue añadiendo más variantes al bollo original y hasta se atrevió a cambiarle el sabor. Fue así como aparecieron el bombón, el leche, los minis e incluso el tipo japonés, el Dokyo, un pastelito con doble relleno de leche y cacao, inspirado en productos de bollería nipona. Se trata de la versión española del Dorayakis que aparecía en la serie infantil de televisión Doraemon. Y aunque a ninguna de estas variantes les ha faltado consumidores, la compañía nunca ha dejado de producir el Bollycao clásico. Y es que con los sabores de la infancia no se juega.

 

La fiebre ochentera por los cromos del ‘toi’

Reedición de las pegatinas ochenteras de los 'Toi', de Bollycao.
Reedición de las pegatinas ochenteras de los 'Toi', de Bollycao.

Fueron muchos los regalos que han ofrecido las distintas compañías fabricantes de pastelitos desde que lanzaron sus productos al mercado. Ahora bien, si hay uno que causó furor en los ochenta, esa fue la colección de los Toi de Bollycao, una serie de pegatinas y cromos protagonizados por un simpático personajillo de color verde bajo el cual aparecía un cartel con frases como Toi cachas, Toi reunido, Toi agotao, Toi chungo o No toi, entre muchas otras.

Decoraron la carpetas, libretas y los forros de los libros escolares de casi toda la chavalería de los colegios e institutos. Algunos incluso los pegaban en los pupitres y las mesas. Su éxito hizo que Panrico sacará varias reediciones con nuevos diseños y eslóganes. En Facebook se puede encontrar una página que recopila algunasde las imágenes ochenteras de los Toi.

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