Una joven minoría comienza a abrir negocios diferentes al ‘todo a cien’ de sus padres

La ventaja competitiva de contar con inmigrantes chinos

La segunda generación del colectivo extranjero más emprendedor podría ayudar a España a ganar cuota en Asia.

Weiwei Pan
Weiwei Pan lleva casi diez años viviendo en Madrid y exporta vino español a China.

Una mañana de mediados de abril pasado, Weiwei Pan extendía sobre la mesa de su oficina en Madrid las tarjetas de todos los distribuidores con los que se había reunido durante su estancia en China.

Acababa de regresar de un viaje de casi un mes por el país en el que, además de su natal Wenzhou, había visitado ciudades como Pekín, Shanghái, Hangzhou y Chengdu en busca de clientes para su pequeño negocio de exportación de vinos y aceite de oliva español.

“No es fácil. El vino español en China es superbarato y deja pocos beneficios. Por eso estoy tratando de llevar también aceite de oliva ecológico de Albacete y otros productos gastronómicos”, decía Pan.

La joven, de 32 años, es una de los ocho chinos protagonistas del documental La nueva generación de emprendedores chinos, realizado por la Dirección General de Inmigración de la Comunidad de Madrid.

El documental, lanzado en marzo pasado, muestra el surgimiento de una nueva generación de residentes chinos de entre 30 y 45 años, que han nacido o crecido en España, se han formado en universidades y escuelas de negocio locales, hablan dos o tres idiomas y están diversificando la actividad comercial de sus padres con la apertura de empresas que no tienen nada que ver con el típico todo a cien: agencias de viaje, bufetes de abogados, revistas, pastelerías y hasta cadenas de moda como Mulaya y Modelisa.

De los ocho casos presentados, el de Pan es el más curioso porque es la única que está intentando exportar productos emblemáticos de España al mercado más atractivo de Asia. China es el quinto consumidor mundial de vino y el séptimo importador de aceite de oliva.

La ventaja competitiva de contar con inmigrantes chinos

La joven llegó hace casi 10 años a Madrid con la finalidad de hacer un máster en Comercio Exterior en la Universidad Rey Juan Carlos. Al terminar los estudios consiguió trabajo en una importadora de frutas, cacao de labios y artículos electrónicos de China y Malasia. Pasó por otras empresas hasta que, en 2013, entró a trabajar en una bodega de Castilla-La Mancha, donde se familiarizó con el mercado del vino.

Dos años después resolvió montar su propio negocio de exportación y alquiló una pequeña oficina en Gran Vía, donde expone muestras de los productos que vende, muchos de ellos tintos crianza hechos con uva tempranillo.

“Tengo 10 clientes, pero potenciales hay otros 40 o 50”, aseguraba. “El problema es que España no ha hecho un buen trabajo de marketing en China. Solo se lo conoce como vino barato. Tampoco se sabe cuáles son las mejores bodegas españolas, a diferencia de las francesas, a las que buscamos como locos”, contaba.

Otra dificultad es encontrar proveedores serios. “Como llevo poco tiempo en el sector, algunos intentan engañarme. Me cotizan a precio alto y mis clientes lo rechazan porque saben que el vino que mejor se vende allá es el de menos de 100 yuanes (15 euros). Es un sector muy poco profesional. Las bodegas se equivocan al verme como una intermediaria. En realidad soy su cliente”, afirmaba.

Pese a que hasta ahora la experiencia de Pan no ha sido del todo satisfactoria, su empeño en prosperar a base de exportar productos españoles a su país es un anticipo de lo que dentro de unos años el colectivo de inmigrantes chinos puede llegar a suponer para España en la carrera por conquistar el mercado más deseado de Asia.

Quizá el futuro no esté en ese hombre modesto que vende barras de pan en la esquina del barrio, sino en los niños que corretean en la tienda.

“Efectivamente, hay un grupo de profesionales chinos, y conozco a varios, que están empezando a abrir negocios diferentes a los de sus padres”, corrobora Amadeo Jensana, director del departamento de economía y empresa de Casa Asia. “Pero todavía son poquitos”, matiza. “La razón es que el verdadero boom de la inmigración china en España es un fenómeno reciente –empezó en 2005, hace 10 años–, por lo tanto, los hijos son aún bastante jóvenes”, explica.

Weiwei Pan
Weiwei Pan muestra las tarjetas de todos los distribuidores con los que ha contactado durante su viaje a China.

El investigador precisa que en 1980 la población china en España era de apenas 1.000 personas. En 2000, esa cifra ya era de 100.000, y actualmente se acerca a los 200.000. Así que “será en los próximos 10 o 15 años cuando veremos a una verdadera generación de chinos bien preparados que puede cambiar radicalmente el enfoque de los negocios de sus padres y servir de puente con su país de origen”, mantiene. “Hoy son unos cientos, pero puede que entonces sean varias decenas de miles”, añade.

Sin embargo, Jensana descarta que contar con una población así vaya a suponer una ventaja competitiva sustancial para el comercio exterior español, ya que España no está entre los países de Europa con más inmigrantes.

“En Reino Unido y Francia hay casi el triple de residentes chinos y en Italia, casi el doble. Entonces, va a ser un motor importante, pero no creo que se torne en una ventaja competitiva clara”, mantiene.

En cualquier caso, dependerá mucho de los lazos que el inmigrante conserve con su país de origen. “La clave va a estar también en conocer bien el sistema de distribución”, señala.

Weiwei Pan es consciente de ello. Ahora mismo se encuentra de vuelta en Shanghái en un nuevo viaje de negocios. “Estoy viajando cada dos meses, pero tengo que hacerlo una vez al mes porque los contactos no se hacen por e-mail o teléfono”.

Autónomo y empleador de españoles

El chino es el único colectivo extranjero en España que tiene más autónomos que asalariados en los registros de la Seguridad Social. “Es una de las comunidades más emprendedoras que hay en este momento”, destaca Amadeo Jensana, de Casa Asia.

Algunos, como Chen Shengli, están dando empleo a españoles. El empresario, de 43 años, lleva 25 años en España y tiene un máster en dirección de empresas en IESE. Su firma, Artesolar, fabrica bombillas led en Seseña, Toledo, donde tiene un centenar de trabajadores. “La nacionalidad me da igual. Si trabajan bien, siguen conmigo”, afirma.

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