Tribuna

El último acuerdo entre Grecia y la UE

En las escuelas de negocios se tiende a enseñar que la idea de “ganar-ganar” en cualquier negociación consiste en que al final todos obtengan beneficios, aunque raramente los dos bandos salgan equiparados en dichos beneficios. En este sentido, hace solo unos días, hemos asistido a la extensión del acuerdo a Grecia por parte de la Unión Europea, en la que se han logrado varios objetivos: el primero, evitar una crisis política dentro de la Unión; el segundo evitar inestabilidad dentro de los mercados financieros, que además podría afectar a la incipiente recuperación de Europa y, por último, un balón de oxígeno para los griegos, sin ceder en la mayoría de los acuerdos del primer rescate.

Si profundizamos, entre las medidas exigidas por la Unión que fueron presentadas por el partido del gobierno griego están la lucha contra la evasión y el fraude, la mejora de la eficiencia en la administración, limitar el gasto público, así como elevar la recaudación fiscal. Todo ello difiere mucho de las ideas originales de Siryza de subir salarios, aumentar el gasto público vía contrataciones por parte del Estado o frenar el proceso de privatizaciones. Así que, si analizamos estrictamente los términos del acuerdo, el país heleno está en una situación muy similar a la de hace unos meses. Pero entre medias han tenido que pasar por unas negociaciones internas fallidas, que abocaron al país a unas elecciones generales que cambiaron el panorama político y a unas negociaciones al límite con la Unión, que claramente han sido un fracaso político para el partido en el poder.

Por todo ello, la situación de los griegos como pueblo no ha cambiado sensiblemente. Para poner las cosas en perspectiva, la economía griega creció en el año 2014 cerca del 3%, la tasa más alta desde 2008. Esto indica que las medidas que se tuvieron que tomar en el país, forzados por la Unión Europea en 2011, a pesar de su exigencia para el pueblo griego, habían empezado a surtir efecto y que muy probablemente los ganadores en el medio plazo sean los griegos, ya que estos datos macroeconómicos acabarán por traducirse en beneficios para empresas y particulares. Por otro lado, uno de los ganadores de la negociación ha sido claramente la Unión Europea, que por primera vez ha actuado de forma coordinada, enviando un mensaje único desde todos países de la Unión.

Las políticas fiscales van relajándose en todos los países miembros, pero hay que tener en cuenta que 75% de la deuda pública griega está en manos de entidades públicas de la zona euro en condiciones muy ventajosas, con plazos de vencimiento muy largos y cupones muy reducidos. Grecia, a pesar del acuerdo con la Eurozona para ampliar su rescate cuatro meses, se está quedando sin opciones. Su gobierno intenta asegurar a sus acreedores que puede cubrir sus necesidades de financiación este mes, incluyendo 1.500 millones de euros al Fondo Monetario Internacional. Mientras la transferencia de 1.900 millones de euros de beneficios del BCE en compra de bonos griegos no se transferirá hasta que haya completado las reformas. Además los prestamistas de la Unión Europea y del FMI han establecido un tope de 15.000 millones de euros en emisión de letras del tesoro adicionales, que ya ha sido alcanzado.

De hecho, es debatible si la mejor solución, desde el punto de vista económico a largo plazo, es la permanencia de Grecia dentro del euro. Una encuesta reciente en Alemania muestra que tan solo 25% de sus habitantes eran partidarios de continuar con las ayudas a Grecia. Desde mi punto de vista, una salida de Grecia del euro hubiese creado una gran inestabilidad en los mercados. No tenemos precedente de una situación similar con un país soberano, pero sí puede haber un claro paralelismo con la quiebra de Lehman Brothers en el sector financiero. Habría los mismos efectos negativos por un incremento del riesgo sistémico, por miedo a un efecto contagio o vuelta a la recesión económica, que obligaría a más medidas extraordinarias y que al final tuviésemos que readmitir a Grecia o sostenerla dentro del euro.

Si tenemos en cuenta lo mencionado, los ganadores, a pesar del coste financiero, son la UE, Grecia y, en el largo plazo, los griegos. Pero esto nos debe llevar a un debate más profundo sobre qué países deben entrar en la zona euro, qué pasa si no cumplen con los compromisos y articular un mecanismo ordenado para una salida en caso de que sea estrictamente necesario.

 

Luis Sánchez de Lamadrid es director general de Pictet WM

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