Comparación de los efectos de las crisis en el mercado laboral

Empleo: una sima de 15 años

Cola en el exterior de la oficina del INEM en la calle Evaristo San Miguel, en Madrid. EFEArchivo
Cola en el exterior de la oficina del INEM en la calle Evaristo San Miguel, en Madrid. EFE/Archivo EFE

Una comparación de las crisis económicas que han azotado a España desde que abandonó la autarquía refleja que esta de ahora es la más dura en términos de pérdida de PIB y de empleo, pero el comportamiento cualitativo es bien diferente, lo que puede condicionar los ritmos de salida del averno laboral. Haciendo abstracción de la crisis de 1991-1994, que fue relativamente limitada y que se resolvió en un último ejercicio de política económica castiza con cuatro devaluaciones encadenadas, por su profundidad y longitud son más comparables la primera gran crisis industrial, de 1974-1985, y la del exceso inmobiliario, de 2007 hasta 2013.

En esta crisis, que puede darse por terminada si la economía crece ya bastante por encima del 2% y por segundo año consecutivo (pese a que la economía está muy lejos de recuperar los niveles de 2007), la pérdida de producción es del 7,2% (más que en la Guerra Civil, según los cálculos de los expertos, cuando cayó un 6,9%) y la pérdida de ocupación de cerca del 18% (17,62%).

Durante el ajuste industrial de los setenta y ochenta, el PIB cayó mucho menos que ahora, con solo dos años de estancamiento o descenso (0,0% en 1979 y -0,1% en 1981), pero su avance real fue tan anémico que la crisis de empleo se prolongó 11 años, con pérdida de ocupados desde 1975 a 1985, ambos inclusive. Nada menos que 44 trimestres de destrucción ininterrumpida de empleo, un 14,5% de los 13 millones de ocupados existentes (1,88 millones).

Ahora, la ocupación ha descendido durante seis años consecutivos (24 trimestres) antes de comenzar a crecer. El punto de inflexión se ha alcanzado antes en este ciclo contractivo, seguramente porque también la pérdida ha sido más vertical y por cambios regulatorios que han podido ser determinantes y que se han acometido antes.

Si la inflexión se ha producido ahora a los 24 trimestres y en los ochenta a los 44 trimestres, en ambas situaciones estuvo en parte instigada por un cambio normativo que abarató el coste del empleo: en 1985 se aprobó la contratación temporal no causal (contrato de fomento del empleo), que eliminaba el coste del despido para un creciente colectivo de asalariados, y en 2012 y 2013 se han aprobado nuevos recortes en el despido y se han facilitado legalmente las bajadas del coste salarial para las empresas que no pudiesen soportar el que tenían.

El resto de los cambios en la política económica para estimular el empleo y revertir la situación crítica son ligeramente diferentes por las circunstancias que impone actualmente la integración en la zona euro: ahora la devaluación se ha construido con reducciones del coste laboral para recuperar competitividad, mientras que entonces se hizo con una devaluación nominal de la peseta y cierta liberalización económica, además del ingreso en la Unión Europea, que dinamizó el comercio exterior.

La hecatombe del empleo de la década de los setenta y ochenta tuvo una recomposición muy lenta y el nivel previo a la crisis no se recuperó hasta pasados 61 trimestres, algo más de 15 años; es decir, tardó en volver al punto de partida, al nivel de ocupación de 1974, otros 17 trimestres adicionales desde que cambió la tendencia, con una fuerte transformación del empleo que supuso la explosión del trabajo en el sector de servicios y la incorporación masiva de la mujer al mercado.

 

Del ajuste industrial al ajuste inmobiliario

La destrucción de empleo en 1974-85 fue de casi dos millones de personas (1,88 millones, un 14,5%) y se concentró en la industria, que había tenido el desarrollo propio de un país emergente desde el plan de estabilización de 1959 y la apertura a la inversión extranjera. La industria pesada tenía nuevos competidores más baratos en el mundo y tuvo que hacer un ajuste severo. Ahora, por contra, la gran víctima del ajuste es el inmobiliario y la construcción. De los 3,62 millones de empleos perdidos de 2008 a 2013, la construcción ha sufrido 1,7 millones, un 64%. Si en 2007 la construcción aportaba el 14% de la ocupación total, ahora solo llega al 6%. La industria ha perdido un millón de empleos, el 30%, y medio millón los servicios. El empleo industrial, víctima de la primera gran crisis, a duras penas logró recuperar el nivel de 1974 ya este siglo.

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