Tribuna

La reforma laboral incide en los salarios

Aunque las cifras del desempleo correspondientes al mes de noviembre hayan mejorado, continúa deteriorándose el mercado de trabajo con relación a las condiciones laborales de las personas ocupadas. La causa del cambio se encuentra en la reforma laboral de 2012 que permitió una devaluación en las remuneraciones de las personas asalariadas y desempleadas.

En este contexto, la reforma laboral ha perjudicado, sobre todo, a los nuevos ocupados, con un descenso de los salarios que perciben. Esta caída, sin embargo, no se reparte ni mucho menos por igual entre todos. Se trata de la nueva generación salarial que ha dejado atrás al mileurismo de antes de la crisis. Si no hace mucho tiempo se criticaban los salarios mileuristas de los jóvenes, hoy muchos de ellos se conformarían en percibir dichos salarios. Los datos más recientes del Instituto Nacional de Estadística (INE) hablan por sí solos. En 2013, el 30% de los jóvenes recibió un salario bruto mensual de 638 euros y el 22% de los jóvenes, un salario mensual mileurista. En promedio los jóvenes ganaron 1.032 euros mensuales (55% del salario medio del conjunto de las personas asalariadas).

Para el resto de los trabajadores españoles, el salario medio fue de 1.869 euros. Pero no han sido los jóvenes los únicos perjudicados ya que más de cuatro millones de asalariados (30%) ganaron menos de 1.217 euros, que, traducido a términos netos, equivale a salarios de mileuristas.

El menor nivel salarial entre los más jóvenes se explica por el mayor peso de los contratos temporales, el trabajo a tiempo parcial y la menor antigüedad. Así, en 2013, entre los jóvenes se destruye empleo pero se ha creado en los empleos temporales y se destruye en las ocupaciones con carácter indefinido. Todo ello, sin embargo, no quiere decir que los mayores de 25 años se libren de la devaluación salarial sino más bien todo lo contrario. También, entre este colectivo, se ha producido pérdida de peso del empleo fijo a favor de los temporales.

Según el INE, los trabajadores con empleos temporales tienen un salario menor que los indefinidos. Así, en las ocupaciones temporales el salario (1.282 euros) es un 37% inferior al de los indefinidos. Además, la mayoría de contratos temporales se realizan en ramas de actividad con características estacionales y salarios muy inferiores a la media (1.869 euros). En concreto, las ramas de hostelería (1.180 euros), comercio (1.497 euros), agricultura (1.175 euros) y actividades de los hogares (709 euros). El conjunto de dichas actividades representa más del 35% del total de personas ocupadas.

Según un informe de la Comisión Europea, el proceso de ajuste salarial ha sido “lento e ineficaz” y ha golpeado a los trabajadores temporales “de forma desproporcionadamente dura”. Dicho ajuste ha sido “tres veces más grande para los trabajadores temporales que para los fijos”. Además, cree que los empleados eventuales “han sido penalizados dos veces”, al quedar expuestos “a un mayor riesgo de despido y sujetos a un ajuste salarial más fuerte”. Por otra parte, en la determinación del salario, el tiempo de trabajo es el factor más importante. Trabajar menos de la jornada habitual implica, normalmente, situarse en niveles salariales inferiores. En este caso, los ocupados a tiempo parcial representan el 15,8% de la población ocupada (un 60% de forma involuntaria, el mayor porcentaje de la UE) y trabajaron en promedio menos de 19 horas semanales, frente a más de 40 para los de jornada completa. El salario de la jornada parcial (697 euros) es el equivalente al 33% de los asalariados con jornada completa.

Hoy, salarios y empleo ponen todo el sacrificio para salir de la crisis, lo que compromete la cohesión social. Por ello, no se puede pretender aumentar la competitividad con empleo barato ya que nos puede conducir a un empobrecimiento colectivo. Ello puede ser útil para el corto plazo, pero al medio y largo plazo tiene efectos negativos para la economía en su conjunto. Y, sobre todo, para el mantenimiento de las pensiones. Es un hecho constatado que han bajado los salarios y por lo tanto implica un descenso en la recaudación de cuotas de la Seguridad Social y del IRPF la mayor fuente de ingresos fiscales, lo que puede repercutir en un descenso de los niveles de bienestar. La recuperación económica no será una realidad mientras no contribuya a construir una sociedad más justa y más humana con quienes sufren los efectos de la crisis del empleo.

Vicente Castelló es profesor de la Universidad Jaume I.