Tribuna

Eurozona: pies de barro

El dato preliminar del PIB del tercer trimestre en la eurozona registraba una ligera sorpresa positiva al crecer un 0,2% trimestral, aunque ello no evitaba que el escenario continúe caracterizándose por el bajo crecimiento en el área. La realidad es que una décima o dos de desviación no marcan la diferencia y el avance de la actividad seguirá siendo pobre en los próximos años.

La economía de la zona euro crece por debajo de su potencial y, según las previsiones de la propia Comisión Europea, lo continuará haciendo en 2015, cuando la brecha respecto a dicho crecimiento potencial será del 2,3%; circunstancia que frenará los avances de la inflación. Una situación que debe preocupar, aunque en menor medida que los problemas ligados al superávit por cuenta corriente de la eurozona, que alcanza el 2,5% y se espera que continúe en dichos niveles a medio plazo, gracias especialmente al 7% cosechado en Alemania.

En países como España o Portugal era necesario corregir los abultados e insostenibles déficits por cuenta corriente, que eran una importante fuente de desequilibrios. Sin embargo, el ejercicio de ajuste realizado en países como los citados no se ha visto correspondido por la reducción de los elevados superávits por cuenta corriente en otros socios del euro, los cuales también representan una fuente de desequilibrios con nombres propios, como Alemania u Holanda, donde se aproxima al 8%.

Los elevados superávits por cuenta corriente se corresponden con un déficit de consumo e inversión que no debe ser menospreciado y tiene efectos adversos sobre la actividad en la zona euro. De hecho, la última encuesta sobre condiciones de crédito del BCE revela que el retroceso de la inversión juega en contra de la demanda de préstamos empresariales, frente al empuje que recibe de los procesos de refinanciación. La inversión es clave en lo concerniente a la productividad que es incorporada a nuestro entorno mediante nuevas máquinas que permiten hacer más con menos.

En otras palabras, menos inversión implicaría menos productividad en un futuro y menos crecimiento potencial, lo cual reforzaría las dificultades en la eurozona y, desgraciadamente, esta no es una posibilidad descabellada en línea con los primeros datos que hemos conocido de los PIB del último trimestre.

En Alemania, la inversión en maquinaria y equipo descendía “considerablemente” y daba continuidad a los retrocesos del segundo trimestre, lo cual hace que sus niveles se sitúen por debajo de los registrados a principios de 2012.

Las debilidades en la inversión son una realidad con los consiguientes efectos negativos a largo plazo, aunque también a corto. Dicha inversión la podemos considerar un indicador adelantado dentro del propio PIB y esta nos dice que las perspectivas no son positivas, pues de lo contrario las empresas invertirían.

En la anterior línea incidía la inversión en Francia al descender un -0,6% trimestral, el pasado trimestre, y acumular un año en negativo. En un aspecto clave, los datos son preocupantes y se suman a la prudencia provocada por la lectura detallada del PIB francés.

Este sorprendía positivamente en el último trimestre pero lo hacía después de ser revisadas a la baja las cifras del periodo anterior, manteniendo un modesto avance interanual del 0,4% que se veía acompañado de un crecimiento también modesto del consumo y de unas exportaciones que aumentaban pero no acababan de despuntar, como demostraba su incapacidad para evitar que la demanda externa restase a la actividad gala en el tercer trimestre. Los puntos débiles se acumulaban en el PIB de Francia, aunque eran ocultados por el sólido avance del gasto público y el aporte de los inventarios, sin el cual la economía francesa hubiera permanecido estancada. De forma que el crecimiento galo se sustentaba en el gasto público, cuya evolución no es sostenible, y en un aspecto puntual como era el destacado repunte de los inventarios.

El aumento del PIB de la eurozona en el tercer trimestre no cambia el escenario de fondo; el crecimiento en el área es endeble y sus dos mayores economías dan motivos de preocupación que se ven reforzados por el nuevo retroceso del PIB de Italia, el cual no registra un trimestre positivo desde la primera mitad de 2011.

Las bajas tasas de crecimiento serán una constante a medio plazo en un escenario donde el mayor riesgo es el deterioro del crecimiento potencial y la dilación de las reformas estructurales, pues las autoridades políticas reaccionan solo ante escenarios recesivos y obvian que ritmos de avance bajos de la actividad son también preocupantes, sobre todo si tenemos en cuenta el actual punto de partida.

Francisco Vidal es jefe del Departamento de Análisis de Intermoney.