Tribuna

Reserva Federal: cuenta atrás

El comité ejecutivo de la Reserva Federal se reúne este miércoles y se espera que en esta ocasión ofrezca más información sobre el llamado programa de salida. La entidad monetaria estadounidense conserva desde finales de 2008 los tipos en niveles cero y ha multiplicado por cuatro su balance, pero en el último año el contexto económico y financiero se ha tornado mucho más positivo, por lo que se muestra primordial cambiar el discurso.

El primer paso de la estrategia de salida es conocido por todos, reducir el programa de compra de deuda pública y titulizaciones hipotecarias en 10.000 millones de dólares por reunión, hasta su finalización en octubre, pero a partir de esta fecha la incertidumbre es elevada.

La economía estadounidense se recupera de forma acelerada y en el segundo semestre se espera un crecimiento superior y cercano al 3%, la tasa de paro ha disminuido cinco décimas en lo que llevamos de año, hasta un 6,1%, y los precios deberían subir consecuencia del dinamismo de la demanda interna y el estrechamiento del mercado laboral. No obstante, los defensores de la prolongación de los tipos cero dentro de la Fed, los doves (palomas), defienden que la inflación aún se sitúa por debajo del objetivo establecido del 2% y el empleo está lejos de su potencial. El indicador utilizado por la Fed para evaluar los riesgos de inflación, el PCE central (deflactor del gasto personal excluyendo partidas volátiles), se mantiene sin cambios en el 1,5% y la tasa de desempleo encubierta (parados desmotivados y personas que trabajan a tiempo parcial pero que desean un puesto de trabajo a jornada completa) asciende al 12%, cuatro puntos por encima de la existente al inicio de la crisis.

Aunque solo un porcentaje reducido de los funcionarios de la Fed son partidarios de elevar los tipos oficiales de forma anticipada (hawks o halcones), existe un consenso creciente entre ellos sobre la necesidad de alertar al mercado sobre la cercanía de este evento. En mayo del pasado año, cuando se anunció el inicio de la reducción del programa de compras (tapering), las Bolsas mundiales acusaron una fuerte volatilidad y la economía mundial, y sobre todo emergente, padeció sus efectos. En esta ocasión, la Fed intentará no cometer los mismos errores e introducirá cambios importantes pero limitados en su comunicado, muy posiblemente modificando el párrafo sobre la continuidad de los tipos actuales durante un “considerable periodo de tiempo”. El veterano gobernador de la Fed de Filadelfia, C. Plosser, en la última reunión votaba en contra de la mayoría precisamente por esta razón y desde entonces varios miembros del consejo habrían defendido su postura.

La nueva directriz y las nuevas previsiones económicas actuarán de guía, pero el verdadero interés de la reunión se centrará en conocer cuándo se producirá la primera subida de tipos. El consenso de analistas establece el primer aumento de las tasas para el tercer trimestre de 2015, acabando el año en el 1%, estimación que se presentaría en línea a la realizada en junio por los propios miembros de la Fed (1% para el último trimestre de 2015, del 2,5% en 2016 y el 3,5% de largo plazo). No obstante, como se encargaban de estimar recientemente dos prestigiosos economistas de la Fed de San Francisco, las expectativas que descuentan los mercados actualmente están muy por debajo de este escenario de expertos, siendo esta complacencia y no la inflación, la verdadera amenaza de la política monetaria llevada a cabo por la entidad.

El último punto a tratar es qué hacer con los 4.200 millones de dólares de deuda en balance. La intención de la entidad es prolongar la política de reinversión de la deuda que vaya venciendo por lo menos hasta la primera subida y no deshacerse de ningún activo. El elevado importe de los títulos acumulados durante la crisis le imposibilita su venta sin hundir el precio, pero incrementar las tasas oficiales en un mercado financiero inundado de dólares resta efectividad a la política monetaria. De esta forma, la Fed no tendrá más remedio que implementar pronto otras políticas complementarias para drenar liquidez: la facilidad de depósito, ya en funcionamiento, o el programa de repo inverso.

La Fed afronta este miércoles posiblemente la reunión más importante del año, las discrepancias entre palomas y halcones nunca habían sido tan visibles, pero, pese a estas diferencias, todos comparten una idea común, el fin del dinero barato está próximo y así lo deben entender los inversores.

Diego Triviño es jefe del departamento de análisis de Intermoney.