Tribuna

A vueltas con la inflación

Los bajos niveles de inflación en la UEM y los temores respecto a que puedan ser inferiores en un futuro, han hecho que un concepto clave en economía vuelva a estar muy presente, el PIB potencial. Esta variable es vital para evaluar el momento del ciclo económico y abordar las políticas macroeconómicas, pudiéndolo definir de forma sencilla como: la cantidad máxima que puede producir una economía con una tasa de inflación estable.

En la anterior definición producir lo debemos entender como ofertar, es decir, cuando hablamos de PIB potencial hablamos de oferta y en su aumento está la clave para explicar el crecimiento a largo plazo, pero ahora nos interesa el corto y el equilibrio entre oferta y demanda con la vista puesta en la inflación. A ninguno se nos escapa que si la demanda crece más rápidamente que la oferta, las presiones sobre los recursos afloran y con ellas las subidas de precios; situación que podemos identificar con un crecimiento del PIB real superior al potencial, que de perdurar en el tiempo, se plasmaría en tensiones al alza sobre la inflación, dándose el escenario contrario si el PIB real se sitúa por debajo.

En los últimos años, en la eurozona lo normal ha sido que el PIB real se situase por debajo del potencial, dando lugar esta diferencia a lo que se conoce como un output gap negativo y que ahora alimenta los bajos niveles de inflación en el área. En 2013, dicho output gap se situaba en el -3% y se espera que disminuya muy progresivamente, a pesar que desde la Comisión Europea se estima que en 2014 el PIB potencial crezca un 0,5% frente al 1,2% del PIB real. Lo cierto es que la grave crisis vivida ha hecho que el uso de muchos recursos sea bajo en la eurozona y ahora existe un gran colchón antes de llegar a niveles de utilización que permitan confiar en una inflación próxima al 2% sin que se den sobre ella riesgos a la baja.

En esta línea incidían las respuestas empresariales de la zona euro de los servicios y la industria dadas en la encuesta PMI de abril, pues por vigesimoquinto mes consecutivo informaban de recortes de los precios cobrados y, además, señalaban el mayor descenso desde agosto. Ello era resultado de las diferencias existentes entre la oferta y la demanda que están lastrando los precios en la Eurozona y suponen actualmente un riesgo a la baja para la inflación.

Otra cuestión es la intensidad del anterior riesgo y para ello, primero, debemos plantearnos si el crecimiento potencial promedio del 0,6% estimado por instituciones como la Comisión Europea para la zona euro en 2014 y 2015 es creíble. Ésta es una pregunta compleja en cuanto el crecimiento potencial no es una variable que podamos observar, hay que estimarla mediante el cálculo de la productividad total de los factores (capital y trabajo) y del nivel potencial del trabajo y del propio capital.

La Comisión estima que el crecimiento promedio de la productividad total de los factores será del 0,86% hasta 2015, cifra que no es descabellada después de su retroceso medio del -0,2% entre 2007 y 2013, pero que podría ser mayor ya que durante la recuperación tomarán fuerza los resultados de los ajustes realizados en el ámbito laboral y la productividad del capital debería reponerse de forma apreciable.

Asimismo, el envejecimiento de la población y la emigración en algunos países del euro han hecho que la Comisión sea prudente al estimar el empleo potencial aunque reconozca un aumento de la tasa de actividad, minusvalorando el efecto de la mejora de las perspectivas y la confianza en la eurozona para retener y atraer efectivos laborales.

Luego, sin entrar en más cuestiones, desde la perspectiva del empleo potencial y de la productividad total de los factores hay motivos para esperar que el crecimiento potencial de la UEM se sitúe algo por encima del 0,6% estimado por la Comisión. Un hecho que se traducirá en más capacidad ociosa y en un mayor output gap negativo respecto a lo previsto, plasmándose en presiones a la baja sobre los precios más acusadas y prolongadas. Sirva como ejemplo que ahora se estima un output gap medio del -1,8% hasta 2015 y una inflación del 1,2%.

En suma, los fundamentales apoyan un horizonte prolongado de inflación baja en la eurozona, no exento de riesgos. Una situación que hará más duros y complicados los ajustes en algunos países del euro.

Francisco Vidal es economista de Intermoney.