Alejandro Arranz, director del Parque Científico de Madrid

“Las pymes científicas están dejadas de la mano de Dios”

Alejandro Arranz, director del Parque Científico de Madrid
Alejandro Arranz, director del Parque Científico de Madrid

Dirige el Parque Científico de Madrid (PCM) desde hace seis meses. Alejandro Arranz, nacido en 1965 en Logroño, pero criado en Burgos, es economista y durante una década fue director general de innovación en el Ayuntamiento de Madrid. El PCM aloja 194 empresas (un 73% de ocupación) muy vinculadas a proyectos científicos surgidos de la universidad. El 12% de las firmas mueren en el parque antes de llegar al mercado y de allí ya han salido 139 compañías exitosas.

Pregunta. ¿En qué situación está el Parque Científico de Madrid?
Respuesta. En empresas y actividad está muy bien, aunque en autosostenibilidad es muy difícil, por no decir imposible. Todos los parques de España están en un situación muy complicada por la falta de ayudas. En nuestro caso necesitamos una pequeña parte, porque el 85% de los ingresos son de mercado, bien de las empresas alojadas o de los servicios que prestamos. Hay un pequeño apoyo que viene de los patronos, muchos públicos, que han tenido que reducir su aportación por la penuria presupuestaria y eso se nota en nuestras cuentas. Hay otra situación que tienen que resolver los parques, que es la financiación de sus infraestructuras.

P. ¿Cuánto han caído sus ingresos?
R. No demasiado. Alrededor de seis millones de euros fue nuestro negocio máximo en 2010. Ahora es de 5,4.

No hay vinculación con centros de investigación ni conexión con el mercado. Hacen falta décadas para que terminen de cuajar”


P. ¿Y qué medidas han tomado?
R. Ajustar, recortar plantilla en una decena de personas y reducir servicios. Ha habido que asumir el golpe de disminuir en 800.000 euros.

P. ¿Cuáles son sus planes para esta institución?
R. Estabilizarla en sus equilibrios financieros y establecer un plan calmado y sostenible de funcionamiento. A largo plazo, esto debería funcionar como un centro de excelencia, con las mejores empresas de las ciencias de la vida, que fueran becadas por un pool de universidades y empresas, que les dieran un empujón de asesoramiento y capital. Hoy en día eso no funciona, porque no hay mercado ni ayudas. A corto plazo, también tenemos que montar el nuevo edificio como incubadora para empresas de nanotecnología.

P. ¿Qué servicios ofrece?
R. La cercanía con las universidades y con los centros de investigación. Este parque tiene una especialización muy fuerte en biomedicina, en biotecnología y en todo lo que son ciencias de la vida. Las empresas ya se benefician de la aglomeración y del contacto entre ellas. Además, se ofrecen un conjunto de servicios empresariales y de asesoramiento, gestión de patentes y jurídico.

P. ¿Por qué estar aquí cuando las pymes pueden estar en otros sitios?
R. Hay dos motivos. Reducir su situación de soledad y porque el parque ofrece más contactos, más prestigio, más clientes y más enlace con la sociedad y las Administraciones. Todavía siguen estando vigentes ayudas para equipamientos, pero esas ventajas van reduciéndose y cada vez más importante es que facilitamos la vida.

P. ¿Cómo ha afectado la crisis a las empresas alojadas?
R. Les ha afectado sensiblemente. Gran parte de ellas tienen un origen investigador y son dependientes de las ayudas, que se han recortado drásticamente en los últimos años, por lo que están haciendo equilibrios. Y sus clientes, como hospitales o la industria farmacéutica, también están afectados.

P. ¿Cómo afecta a las empresas el recorte en subvenciones?
R. Los dos últimos años han sido prácticamente de sequía. Han ido viviendo de remanentes de proyectos anteriores.

P. ¿Qué barreras encuentran?
R. Tienen fantásticos proyectos. El problema es que España no tiene masa crítica para las primeras etapas de vida de empresas tan sofisticadas, que les permita progresar. En otros países, el tamaño de mercado o las compras públicas son muy fuertes y estas pymes se benefician del tirón, pero en España están dejadas de la mano de Dios. No hay un arrastre tampoco de las grandes empresas nacionales, que no investigan, e internacionalizarse es muy difícil en estas etapas. Por eso hay tan buenas ideas en España que se pudren antes de triunfar.

P. ¿Tiene sentido un número de 50 parques científicos y tecnológicos?
R. No. Rotundamente no. Realmente debe haber activos unos 40. De esos, parques señeros en un entorno de prestigio, con especialización y marca internacional, como mucho hay una decena. Tradicionalmente los parques científicos forman parte de la literatura de desarrollo más clásico y suenan como una buena idea en época de abundancia. En lugar de concentrar los recursos y haber elegido una veintena, se han creado en todos los puntos. Algo muy típico de España. Seguramente en unos años se reducirá el número significativamente. Muchos se reconvertirán en parques empresariales.

P. ¿Cómo se pueden reconvertir?
R. Son demasiados parques como este. No hay vinculación con centros de investigación ni investigadores con ideas ni conexión con el mercado. Difícilmente se puede uno creer que haya tanta capacidad en España para ese número de infraestructuras. Hace falta proximidad territorial. Para que terminen de cuajar, además, requieren décadas. Es una labor de cocina lenta con apoyos estables, más que grandes inversiones y después recortes.

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