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Las brújulas inconstantes

Los políticos deben confiar en los datos, pero las lecturas económicas pueden ser dudosas, incompletas o difíciles de interpretar. Con tanta incertidumbre acerca de lo que está sucediendo realmente, es un poco sorprendente que consigan acertar.

Las primeras estimaciones de las cuentas nacionales se basan en muestras pequeñas y fragmentadas de información. Hace falta un tiempo para construir una imagen menos incompleta. Reino Unido sufrió una recaída en la recesión a principios de 2012, según los datos dados a conocer en el momento. Un año y medio después, la Oficina de Estadísticas Nacionales lo transformó en un mero estancamiento.

Luego está el “cambiar las reglas, cambiar los números”. En septiembre, la Unión Europea actualizará su contabilidad general. Los cambios son bastante técnicos, pero cuando Estados Unidos los hizo el año pasado, el PIB subió instantáneamente un 3%. La oficina de estadísticas de la UE prevé un aumento del 2,4% –un margen útil para los gobiernos que se esfuerzan por cumplir con los objetivos fiscales de la zona euro, que se miden en relación al PIB–.

En el mes de septiembre, la UE actualizará la contabilidad general, con lo que espera un aumento del 2,4% en el PIB

Las cifras del mercado de trabajo también plantean interrogantes. En Reino Unido, la tasa de desempleo ha caído más rápidamente de lo que el crecimiento parece justificar. Esto plantea un dilema para el Banco de Inglaterra, que el año pasado ligó la política –aunque vagamente– al mercado de trabajo. No es de extrañar que su Comité de Política Monetaria se haya quejado de la falta de datos adecuados. Y menos aún sorprende que esté aflojando todavía más esos lazos.

A nadie le gusta conducir con niebla, pero los políticos, los banqueros centrales y los inversores deben sentirse de esta forma. Un buen principio de partida es evitar basar las decisiones en solo uno o dos indicadores necesariamente imperfectos.

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