Editorial

Un cambio de ciclo que hay que alimentar

Los datos de la Encuesta de Población Activa (EPA) del cuarto trimestre del año han enfriado en buena parte las expectativas suscitadas en el empleo por las recientes cifras de paro registrado y afiliación a la Seguridad Social. Los datos de la EPA no son malos, pero sí menos positivos de lo que se esperaba. De octubre a diciembre del año pasado se destruyeron 65.000 empleos, una cifra considerablemente inferior a la registrada durante el mismo periodo de 2012. Pero también disminuyó la población que busca empleo, lo que explica que el ejercicio se haya cerrado en su conjunto con 69.000 desempleados menos. Ello sitúa 2013 como el primer año natural en el que baja el paro en España desde 2007.

La radiografía que dibuja la encuesta se corresponde con un país que se halla al borde de un cambio de ciclo económico, pero que todavía arrastra los daños –tanto directos como colaterales– de una larga y destructiva crisis económica. Ello se traduce en un panorama en el que coexisten luces y sombras; unas luces que son todavía escasas y, sobre todo, incipientes. Así, los datos apuntan a que la vorágine de destrucción de empleo en los distintos sectores de actividad se acerca a su fin en el sector privado, pero continúa –y aun se intensifica– en un sector público que en dos años ha eliminado más de 400.000 puestos. Esa cifra constituye una de las facturas de la crisis, pero es también una muestra indiscutible de alguna de las patologías que contribuyeron a ella; en este caso, la de la hipertrofia que ha aquejado al sector público en los últimos años. Sin duda, hay que lamentar que por primera vez el sector industrial haya destruido más empleo que la construcción, pero también destacar que un tercio de las ramas de actividad que analiza la EPA –es el caso de la hostelería, el transporte, la alimentación, la química y el motor– genera ya empleo neto.

Entre los retos que arroja el balance del año destaca, como una estridente alerta roja, el aumento del porcentaje de desempleados jóvenes, una lacra aún más grave que el propio paro. Otro tanto ocurre con el aumento de los desempleados de larga duración. Igualmente, crece la destrucción de contratación fija y aumenta el empleo a tiempo parcial. Sin embargo, no se pueden analizar estos datos sin ponerlos en relación con la evolución de la actividad en 2013. El Banco de España ha cifrado la caída del PIB en el 1,2%, una décima menos que la previsión oficial del Gobierno.

Todo el balance refleja una economía que está al borde de un cambio de ciclo y en la que una recuperación lenta –no solo en cantidad, sino también en calidad del empleo– no debería resultar sorprendente. La precariedad de esta coyuntura hace obligado continuar echando combustible a un motor que apenas ha arrancado. Porque todavía hay grandes barreras al crecimiento –como la sequía del crédito y la atonía de la demanda interna– que es necesario derribar.

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