La apuesta puede forzar elecciones anticipadas en Grecia

La presidencia griega de la UE amenaza a una debilitada troika

El primer ministro griego, Antonis Samaras, junto al presidente de la CE, Jose Manuel Durao Barroso.
El primer ministro griego, Antonis Samaras, junto al presidente de la CE, Jose Manuel Durao Barroso.

Grecia recogió ayer de Lituania el testigo de la presidencia semestral de la Unión Europea. Atenas no oculta su intención de aprovechar la oportunidad para desafiar a la troika e intentar que la zona euro apoye políticas de crecimiento que compensen las de austeridad iniciadas desde la caída de Lehman Brothers.

Es la quinta vez que Grecia toma las riendas de la UE desde que ingresó en el club en 1981. Pero nunca lo había hecho en una situación política y económica tan desesperada. Y aunque la agenda oficial del semestre gira en torno a los puntos previsibles (empleo, integración de la zona euro, emigración...), el Gobierno de Antonis Samaras (una coalición de conservadores y socialistas) intentará aprovechar la presidencia para lanzar un órdago a sus socios europeos y forzarles a suavizar las condiciones del rescate del país y a establecer políticas europeas de inversión y fomento del crecimiento.

La apuesta podría costarle a Samaras la caída del gobierno y elecciones anticipadas. Pero ese escenario parece asustar más en Bruselas o en Berlín que en Atenas. Y con unas elecciones europeas a la vista (mayo de 2014), Samaras ya no tiene mucho más que perder aparte del poder. O planta cara, o la formación de izquierdas Syriza, liderada por Alexis Tzipras, podría barrer a dos partidos (Nueva Democracia y PASOK) que tras 30 años alternándose en el poder se han visto obligados a aliarse para poder gobernar.

El desafío comenzó en otoño, con una bronca entre Atenas y la troika (CE, BCE y FMI) en torno a la tercera revisión del programa de ajustes. El vicepresidente del Gobierno griego, el socialista Evangelos Venizelos, llegó a acusar a los organismos internacionales de estar asustando a los inversores internacionales con sus exigencias y poniendo en peligro la recuperación del país, según informó el diario Kathimerini.

Al final, casi a regañadientes, la troika liberó a finales de diciembre 1.000 millones de euros pendientes desde octubre, lo que eleva ya la factura acumulada de los dos rescates de Grecia por encima de los 280.000 millones de euros. Esa deuda supone más del 170% del PIB en un país que termina en recesión en 2013 por sexto año consecutivo y con una tasa de paro del 26%. Los números apuntan desde hace tiempo hacia una hecatombe social y en numerosos índices internacionales el país ya no figura como desarrollado, sino como emergente.

Más reformas

Bruselas, sin embargo, defiende la sostenibilidad de ese nivel de deuda porque los principales acreedores han pasado a ser el resto de Estados de la zona euro y pueden prolongar siempre que quieran los plazos de reembolso, sin provocar la quiebra de Atenas. Y la Unión considera imprescindible que Grecia aproveche el cordón umbilical europeo para llevar a cabo reformas como la supresión de 150.000 empleos públicos en una administración hipertrofiada o la racionalización de un sistema de pensiones en el que dos de cada tres pensionistas cobra varias prestaciones, según los informes de la troika.

Esa teoría, sin embargo, condena a Grecia a una dependencia permanente y su clase política no parece estar dispuesta a seguir a los dictados del resto de capitales europeas de manera indefinida. El programa oficial de la presidencia griega señala como objetivo esencial "el reequilibrio del calendario de la consolidación presupuestaria con la aplicación de un plan de crecimiento y empleo substancialmente reforzado y realista". Atenas aspira incluso a diseñar un nuevo programa de inversión, que siga el modelo de las políticas de cohesión aprobadas en los años 80 y 90 para facilitar la convergencia en el seno del mercado único. Un sueño difícil de realizar en solo seis meses y cuando el país terminará el semestre negociando un tercer rescate con sus acreedores.

Presidencia de bajo coste

La debacle económica de Grecia es de tal calibre que algunos políticos en Alemania llegaron a sugerir hace unos meses que el país renunciase a su turno de presidencia en la UE, para que se ahorrase el coste de una factura que no podría pagar. Nadie secundó esa propuesta o pseudoprovocación y Atenas presidirá la UE durante seis meses. Pero lo hará, según ha prometido el Gobierno de Antonis Samaras, reduciendo al máximo los estipendios. "Trataremos de que la presidencia no sea cara, pero sí efectiva", señaló el viceministro de Exteriores, Dimitris Kourkolas, durante la presentación del programa en Bruselas el pasado 18 de diciembre. El presupuesto inicial asciende a 50 millones de euros, informa la agencia EFE de Bruselas, frente a los 62 millones de euros de la presidencia lituana concluida el 31 de diciembre. Atenas asegura que incluso intentará que el ahorro sea mayor. Un objetivo que, dado su historial, habrá que verificar al término del mandato el próximo 30 de junio.