El sector presenta a Linde la reclasificación de sus créditos
Fachada del Banco de España
Fachada del Banco de España

La presencia de la troika endurece el balance final de las refinanciaciones

Linde profundiza la limpieza de balance de cara a los test de estrés del próximo año

El sector financiero español cerró ayer otro capítulo en el ya largo proceso de reconocimiento del deterioro de su cartera de crédito. Justo el día en que se conoció la valoración que hace la troika del estado de salud de la banca española, a la que ya ve en una situación estable aunque no exenta de riesgos, finalizó el plazo para que las entidades expliquen al Banco de España cuál será el impacto de cumplir con las nuevas exigencias marcadas por el regulador en materia de créditos refinanciados.

El Banco de España anunció el pasado 30 de abril un cambio en la normativa de provisiones que tiene el objetivo de aflorar la morosidad aún oculta en los créditos refinanciados, un problema latente al que había aludido la troika en anteriores ocasiones. Así, el sector ha tenido que revisar los préstamos computados como subestándar, aquellos al corriente de pago pero con riesgo de dejar de estarlo, y ha endurecido los requisitos para que un crédito sea completamente sano.

El sector conoce estos requerimientos desde hace meses pero ha sido en la recta final de este nuevo ejercicio de transparencia cuando se ha dado una ligera vuelta de tuerca al filtro por el que el Banco de España da su visto bueno a la reclasificación de créditos presentada por cada entidad. Así, fuentes financieras reconocen que en las dos últimas semanas se ha endurecido la posición del Banco de España, coincidiendo con la visita de seguimiento de la troika –Comisión Europea, BCE y FMI–, que ha puesto el foco precisamente en el control de los créditos refinanciados, además de en la escasez de crédito que persiste en el sistema. Esta posición del regulador estaría además en línea con el objetivo de Linde de abordar una limpieza de balance de la banca española lo más profunda posible de cara a los test de estrés a los que deberá someterse el sector en 2014 por parte del BCE y de la Asociación Bancaria Europea, dentro del proyecto de unión bancaria europea.

De acuerdo con lo establecido por el Banco de España, cada entidad debe presentar la reclasificación que hace de sus créditos hasta ahora refinanciados. Es decir, cuáles deben considerarse no como normales, sino al menos como subestándar, lo que requiere una provisión del 15%. Y el Banco de España ha de estar de acuerdo con esa reclasificación. “Existe una elevada dispersión de entidades, tanto en el peso de las refinanciaciones y reestructuraciones sobre el conjunto de la cartera crediticia como en la distribución de dichas operaciones por su calidad”, reconocía el Banco de España en el informe de estabilidad financiera publicado en mayo.

Dada esta dispersión, en un primer momento se estimó un impacto en provisiones con una horquilla muy amplia, de entre 5.000 y 10.000 millones de euros, si bien fuentes financieras apuntan a que la cifra podría quedar en un nivel intermedio de la banda. Un esfuerzo adicional de provisiones, en un momento de fuerte debilidad del negocio bancario, puede acarrear nuevos apuros de capital, si bien no está previsto un impacto significativo.

A cierre de 2012, los créditos refinanciados eran 208.206 millones de euros, el 13,6% del crédito al sector privado residente. De esa cuantía, el 42,2% estaba clasificado como normal por las entidades; otro 20,6%, como subestándar, y un 37%, como dudoso. Y la cobertura media de las refinanciaciones subestándar era del 18,4% y del 40,6% en la parte de dudosos.

Otro esfuerzo en provisiones en mal momento

El sector ha ido anticipando, en la medida de sus posibilidades, el golpe que supondrán las provisiones necesarias para sanear sus créditos refinanciados. Y si bien el impacto podría oscilar entre los 5.000 y los 7.000 millones de euros, según estimaciones de mercado, el sector ya se ha puesto manos a la obra para que las nuevas provisiones no se lleven por delante la cuenta de resultados.
Las entidades aún no conocían al cierre del primer semestre cuál sería la factura definitiva por sus créditos refinanciados, pero hicieron sus cálculos a partir de la información que iban a remitir al Banco de España, y que debía contar con su correspondiente visto bueno.
Dentro de este proceso, Santander reclasificó a junio como dudosos 2.000 millones de euros que estaban en subestándar, y por tanto al corriente de pago. El banco anunció entonces que esta reclasificación no requerirá provisiones adicionales en el ejercicio. CaixaBank por su parte ha reclasificado como dudosos en el primer semestre 3.287 millones de euros, que han requerido un aumento de provisiones de 540 millones de euros. Banco Sabadell también dedicó en el primer semestre las plusvalías de la venta de cartera de deuda a un esfuerzo adicional de provisiones, a la vista de que la reclasificación de las refinanciaciones le supondrá un impacto estimado de 320 millones de euros.
Bankia también realizó a junio una provisión extraordinaria por 280 millones de euros, con la que prevé cubrir el impacto de las refinanciaciones y sin descuidar el objetivo de alcanzar este año un beneficio de 800 millones. Fuentes del sector reconocen que el mayor impacto derivará del paso de créditos hasta ahora normales a subestándar, en especial créditos a grandes empresas.

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